25 años de “Bone Machine”, piedra angular de Tom Waits

25 años de “Bone Machine”, piedra angular de Tom Waits

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Tom Waits

Tom Waits

Bone Machine

Island Records. 1992. EE UU

 

Este décimo disco del inimitable cantautor californiano Thomas Alan “Tom” Waits, es probablemente el que lo llevó a otra dimensión. En la ceremonia de 1993 le fue otorgado el premio Grammy como Mejor Álbum de Música Alternativa, compitiendo con nombres mucho más populares dentro de ese ámbito como  The B-52’s (Good Stuff), The Cure (Wish), Morrissey (Your Arsenal) y XTC (Nonsuch). Era la tercera vez que se otorgaba ese premio y a juzgar por los ganadores anteriores (Sinead O´Connor y R.E.M.) y los siguientes (U2, Green Day, Nirvana, Beck, Radiohead…), el triunfo de Waits sigue siendo una rareza.

Llevaba cinco años sin publicar un disco de canciones, aunque si había tenido presencia con el en vivo Big Time (1988), la banda sonora de la película de Jim Jarmush, Night on Earth (1992) y la presencia en el montaje de Robert Wilson, “The Night Rider”, que se transformó en disco en 1993. Su trabajo anterior había sido realmente Frank Wild Years (1987), el cual formó parte de una trilogía de obras (Swordfishtrombones de 1982 y Rain Dogs de 1985) con la que creó el estilo por el cual es principalmente conocido y que consolidó gracias a éste Bone Machine.

Convergen en su obra el vaudeville, el blues retorcido, música de cabaret de los bajos fondos, el estilo honky tonk y ragtime, jazz polvoriento, tex mex, rock desvencijado y en general toda la música fronteriza. En este disco hay varias participaciones que resultaron claves: David Hidalgo de Los Lobos, Les Claypool de Primus, Brain (Bryan Mantia de Praxis, Primus, Godflesh y otros) y Keith Richards de The Rolling Stones. La colaboración con Richards no extraña, ya que probablemente uno de los discos que ha inspirado a Waits es Exile On Main Street (1972) de los Stones, cuya estética se acerca a la desarrollada por él.  Además, resulta muy importante la presencia de Larry Taylor (contrabajo), David Phillips (guitarra steel), Ralph Carney (saxos) y Joe Gore (guitarra), que han sido habituales en las formaciones que lo acompañan.

Waits asume la ejecución de una importante cantidad de instrumentos como el chamberlin, guitarras, contrabajo, piano, batería y percusión, a lo largo de estas 16 canciones repartidas en 53 minutos sin desperdicio.

Desde el arranque con la indómita “Earth Died Screaming” hasta la misteriosa “The Ocean Doesn´t Want Me”, con la voz de Waits “ahogada” sobre un fondo percusivo, todo en este álbum está revestido por una increíble inspiración. El feeling jazzeado de “Dirt in the Ground” con la voz arrastrada en un falsete acompañado por el saxo resulta cautivador. “Such a Scream” es de las más rítmicas y contrasta con “All Stripped Down”, cuya sonoridad es como una especie de ritual conducido por las maracas y en la que la intervención de Gore resulta fantástica.

Jesus Gonna Be Here” e “In the Colosseum” son blues telúricos que recuerdan a la que quizá sea su más obvia influencia: Captain Beefheart. Como también “That Feel”, compuesta y cantada a dueto con Richards que cierra magistralmente el disco como si dos panas de toda la vida se hubieran tomado litros de alcohol durante la sesión de grabación y cantaran abrazados meciéndose sobre delante del micrófono. Grandes. “Goin’ Out West” con su el ritmo machacón de la batería tocada por el propio Waits y de nuevo la guitarra magistral de Gore es quizá la más “rocker”, si cabe el término con él.

Hay temas sumamente emotivos en los que el piano vertical funciona como conductor de la aguardientosa voz de Waits, como “Who Are You”, “Little Rain (for Clyde)” y “Whistle Down the Wind (For Tom Jans)”.

La variedad es amplia. “Murder in the Red Barn” es una especie de folk de aroma bluesero que pareciera haber sido tocado en una de aquellas viejas tabernas de paredes de madera al sur de Estados Unidos. En “Black Wings” vuelve a adoptar su estilo vocal críptico sobre una instrumentación estupenda dominada por las guitarras y la percusión. Sorprendentemente aparece el lado más “melódico” de Waits con “I Don´t Wanna Grow Up”, aunque por supuesto a su manera: con una voz ronca, una guitarra eléctrica distorsionada y una acústica tocada con rudeza. De este tema se realizó un magnífico video en el cual aparece vestido igual que como luce en la foto de portada que fue tomada por Jesse Dylan, hijo de Bob.

En voz de Waits, se explica lo relacionado a las canciones de este soberbio álbum:

Bone Machine, no hay duda alguna, es uno de los mejores discos editados en los años 90 y una de las obras capitales de la larga trayectoria de Tom Waits, el cual, 25 años después, sigue generando una amplia gama de emociones. Varias de sus canciones han aparecido en el cine y series de TV a lo largo de los años, y han sido versionadas por músicos de todo tipo.

No se puede vivir sin este disco.

Juan Carlos Ballesta