25 años de “Modern Life is Rubbish”, el disco con el que...

25 años de “Modern Life is Rubbish”, el disco con el que Blur encontró su sonido

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Blur

Blur

Modern Life Is Rubbish

Food. 1993. Inglaterra

 

A menudo se habla de la responsabilidad de superar las expectativas posteriores a un debut discográfico, especialmente cuando la banda ha logrado una relevancia. El cuarteto londinense Blur se planteó el reto luego de Leisure, su primer disco en 1991. Ese esfuerzo primario era inconsistente en su pastiche madchester-shoegaze y aún así consiguió suficiente atención por tratarse de una joven banda promesa, muy a pesar de no ser la mejor muestra de una identidad propia. Su experiencia en la gira de verano por Estados Unidos en 1992 resultó frustrante cuando su estilo no parecía encajar con el creciente interés en el grunge y el rock alternativo, así como ser identificados como una banda de Manchester. La solución que encontraron ante esa incomodidad fue beber y sus presentaciones resultaron ser desastrosas.

La nostalgia los invadía: extrañaban la simpleza de la vida británica y el sencillo “Popscene”, lanzado en 1992, fue el primer paso hacia reconocer y celebrar su chovinismo. Con una energía punk y una sección de vientos metales poderosos, este single era una fuerte crítica a la homogeneidad en la escena musical nacional, y de hecho se ha planteado que esta pieza podría ser el génesis del britpop junto a “The Drowners” de Suede.

Desafortunadamente, no alcanzó una posición respetable en las listas, hecho que atribuyeron al éxito de Nirvana, y por eso su contrato con su sello Food Records estaba en un estado precario. Otra amenaza fue la reciente popularidad de Suede que exudaba una cruda sexualidad y estaban en boca de los críticos como la promesa musical inglesa.

A pesar de estos eventos, el líder del grupo, Damon Albarn (voz y teclado), pensó que era el mejor momento para demostrar que sí tenían algo que ofrecer. Revisando sus influencias más arraigadas hacia la identidad nacional se encontraban The Who, Madness y The Kinks, Blur se permitió reinventarse para desarrollar un algo propio justo en el momento cuando nadie apostaba por ellos y así sorprender tanto al público como a la prensa. El dueño del sello Food, David Balfe, aceptó la petición del ex-mánager de The Jesus And Mary Chain, Chris Morrison, de reunir al grupo en estudio para nuevas sesiones bajo la premisa de un sonido novedoso. La primera elección como productor era el idiosincrásico Andy Partridge de XTC, uno de los héroes personales de Albarn. Las sesiones resultaron complicadas cuando se hallaron sonando justo como Partridge quería en vez de como la banda se estaba planteando. La dupla del ingeniero John Smith y el productor Stephen Street, quien había ganado notoriedad por haber producido a The Smiths, fue el equipo con quien se sentirían más a gusto. De ese modo rescatarían algunas grabaciones que habían hecho desde finales del año 91. Se había manejado el título British Image 1 para el segundo álbum, mostrando meses del lanzamiento unas fotografías promocionales donde los cuatro jóvenes lucían estilos más cercanos al mod y a la estética skinhead, dejando claro que iban en serio con ser absolutamente frontales con celebrar la cultura de su país.

Lanzado el diez de mayo de 1993, el disco se llamó Modern Life Is Rubbish inspirado en un graffiti hecho por un grupo anarquista londinense y el contundente nombre hacía uso de la palabra inglesa para referirse a “basura” (rubbish) como analogía del punk siendo la respuesta ante la cultura hippie, mientras Blur se presentaba como la alternativa ante el grunge y la música norteamericana.

For Tomorrow” había sido adelantada como sencillo un mes antes y por eso se eligió como introducción para la placa discográfica. La letra está cargada de referencias a la ciudad de Londres, como Primrose Hill y Emperor’s Gate, zona donde los papás de Damon vivieron a mediados de los 60 siendo vecinos de John Lennon. El video también era bastante directo retratando la ciudad capital. La prensa británica tomó este tema de manera muy ligera y fueron criticados duramente, comparándolos con la actitud burlona de los escoceses The Soup Dragons. No obstante, el tiempo se ha encargado de darle el valor que se merece, siendo la única pieza de este álbum en el compilado Midlife: A Beginner’s Guide To Blur de 2009.

Advert” es tan directa como el nombre del disco, siendo el himno a la insatisfacción de la rutina laboral y el camino a casa plagado de publicidad. Más allá de su calmado comienzo, suena gigante a lo largo de sus casi cuatro minutos. El bajo de Alex James flota elegantemente punk en este destilado de los mancunianos Buzzcocks aunque su coro nos recuerda más a “Holidays In The Sun” de Sex Pistols. El vocalista desarrolla un personaje ficticio llamado “Colin Zeal”, prepotente y sabelotodo. Las guitarras polirítmicas de Graham Coxon son prueba de su infinita destreza mientras Dave Rowntree puede parecer relajado en la batería pero no deja de ser preciso, elementos que se evidencian en la mareada “Pressure On Julian”, un homenaje al cantante de The Teardrop Explodes, Julian Cope. Cargada de imágenes lisérgicas, la temática general describe episodios bajo el efecto de LSD que van de la mano con la música angustiosa.

Más alegre es “Star Shaped” con un protagonista sumergido en su trabajo, al punto que le cuesta entender que está siendo explotado. Esta podría ser una metáfora acerca del tratamiento que recibió Blur al principio en una industria musical que si te descuidas, puedes resultar absorbido. Kate St. John de The Dream Academy contribuye con un delicadísimo solo de oboe y otros instrumentos de viento, especialmente para el final ensoñador de uno de los temas que más encapsula el estilo del grupo.

El costumbrismo inglés se convertiría en una de las temáticas favoritas del britpop y por eso “Blue Jeans” es una excelente manifestación de ello, donde Damon describe a detalle donde realiza sus compras. Es una celebración al consumismo y al más puro hedonismo juvenil. Destaca su ejecución en la melódica mientras Coxon se debate entre una guitarra acústica calmada y una eléctrica que juguetea con melodías y matices.

La banda canaliza a los Kinks del The Village Green Preservation Society, renovando ese código sonoro en “Chemical World”, una clara referencia a la droga predilecta en la escena rave, el éxtasis. Las drogas sintéticas cada vez proliferaban más y de ahí la reflexión acerca del abuso de estas sustancias, especialmente aquellas que son legales como antidepresivos y pastillas para dormir. Cuenta con un video que establece un contraste con muchas imágenes de la naturaleza. Al difuminarse el mundo químico, un piano ligeramente desafinado sube y baja en un juego que se va acelerando a la par de que los instrumentos se van añadiendo en el instrumental “Intermission”.

En la misma tradición de “Our House” de Madness, se celebra la identidad británica en “Sunday Sunday”. Es el acercamiento a la música de salón con la inclusión de los Kick Horns, sección de metales que también participan en el primer sencillo de Modern Life Is Rubbish. Las típicas actividades dominicales están dispuestas en dos minutos y medio como visitar a la familia, leer la prensa y hasta dormir de más.

Oily Water” se presenta extensa y críptica como otra pieza relacionada al uso de estupefacientes mientras “Miss America” suena como la resaca de una noche pesada, y trata de establecer un símil entre Estados Unidos y las mujeres de ese país. El asunto con este par de temas es que suman entre sí casi once minutos y no contribuyen al tren con el que veníamos previamente.

La impecable complejidad instrumental de Graham resalta en “Villa Rosie”, un pub imaginario donde la gente va después de una larga jornada a beber y de alguna manera hacer catarsis, buscar un escape a la ajetreada vida moderna. “Coping” parece una versión a una banda de new wave por su fraseo casi robótico y el ritmo pulsante de todos los instrumentos, e irónicamente encuentra mayor soltura cuando entra el sintetizador.

Turn It Up” tenía todo el potencial para ser un hit en Norteamérica y tal vez por ello la banda consideró en no incluirla en el disco. Su juego de palabras con el coro y los significados de cada expresión con el mismo verbo resultan llamativos, así como la palabra repetida kazoo que aparenta tener un mensaje secreto que se escucha como can we consume (podemos consumir).

Rica melódicamente, la desesperada “Resigned” es la inconformidad ante la vida que lleva el narrador, incluso considerando el suicidio. Musicalmente circular y puede ser una buena moraleja para el escucha: no pensar demasiado las cosas y seguir lo que dicte el corazón. “Commercial Break” es un breve jugueteo instrumental que se descalabra para cerrar este larga duración.

La aventura sónica de Modern Life Is Rubbish fue alabada por la prensa por ser definitivamente un nuevo comienzo para una banda que apenas cumplía cuatro años de haberse formado. Coxon era reconocido por su experticia con la guitarra, siendo comparado con héroes de la guitarra como Johnny Marr o John Squire, y Albarn había madurado en su composición. El ejercicio de revisión de sus influencias y constante celebración de su herencia les había dado frutos. Sólo era cuestión de tiempo para que el britpop se estableciera como la nueva tendencia por encima de la invasión americana al Reino Unido.

Veinticinco años después suena fresco y como un puente con sonidos del pasado, modernizados con la visión clase media de Blur.

IL Gimón @ilgimon