30 años de “Doble Vida”, el gran brinco de Soda Stereo

30 años de “Doble Vida”, el gran brinco de Soda Stereo

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Soda Stereo

Soda Stereo

Doble Vida

CBS Columbia. Argentina. 1988

 

El trío argentino Soda Stereo comenzó su carrera en 1982 y rápidamente conquistó gran parte de América Latina. Su éxito local tuvo que ver con la llegada de la democracia a Argentina, permitiéndoles a los jóvenes experimentar el postmodernismo y una mayor exposición a bandas extranjeras, a las que Gustavo Cerati (cantante y guitarrista), Héctor “Zeta” Bosio (bajo) y Carlos Alberto Ficicchia “Charly Alberti”(batería) ya habían estado expuestos por pertenecer a familias con cierta posición social.

Su primer álbum autotitulado vio la luz dos años más tarde y se inclinaba más hacia el ska y el new wave, herencia de influencias como The Specials, The Police, Elvis Costello y Adam Ant. Durante los siguientes trabajos, su sonido se teñiría oscuro con bastante del post punk y synth pop británicos como The Cure, Echo and the Bunnymen, New Order y Depeche Mode, tal y como se percibe en Nada Personal (1984) y Signos (1986), la primera placa discográfica latinoamericana en ser editada en formato CD. La gira de apoyo de ese último disco duraría dos años y les permitiría pasar por diez países de Hispanoamérica incluso haciendo dos presentaciones por día, de la que se destaca sus presentaciones en el Festival de Viña del Mar en Chile y la primera visita a Perú, revolucionando la industria musical del país. El resultado de esos conciertos quedaría impreso en Ruido Blanco, lanzado en 1987.

Para febrero de 1988 habían cesado las responsabilidades en vivo y retomarían el trabajo en estudio. Aprovechando toda la relevancia que la banda había adquirido, contratan al músico puertorriqueño Carlos Alomar, quien había tocado con luminarias como David Bowie, John Lennon y Mick Jagger. Era la segunda vez que permitían que alguien ajeno al grupo produjera un disco, luego del debut producido por el líder de Virus, Federico Moura. Alomar subió el nivel de la banda, usando técnicas novedosas de grabación que sentarían precedentes dentro del rock hecho en Latinoamérica, además de tener un esquema de trabajo muy riguroso para ser eficientes con el tiempo.

Durante el mes de junio, los estudios neoyorquinos de Sorcerer Sound serían la base donde Soda Stereo gestaría Doble Vida, su cuarto larga duración. Por primera vez, registrarían las bases “en vivo” tocando juntos en el estudio con el tecladista Daniel Sais y en los siguientes días se añadirían guitarras adicionales de Gustavo y Carlos, así como algunos músicos de sesión que habían participado junto a Bowie con metales. Se dieron los toques finales en Masterdisk y a principios del mes siguiente se presentó el resultado en algunas discotecas y clubes que los llevó a dar entrevistas en radio y televisión norteamericana. El sello CBS, la casa que los había editado desde sus comienzos, se sorprenden por lograr un millón de copias sin haber calado en el mercado español, brasileño ni el estadounidense. Sería finalmente lanzado en septiembre del mismo año.

De inmediato se siente una diferencia cuando la guitarra acústica desciende dando inicio a “Picnic en el 4º B”. Se escuchan todos los instrumentos muy bien distribuidos en el espacio y se sienten algunas reminiscencias de las guitarras del disco anterior. Cuando entra la voz, un manto de teclado deja que una guitarra con distorsión se cuele con ciertos detalles mientras el narrador discute sobre que usualmente el género masculino tiene la mente puesta en sexo y cuando no lo obtiene, se encuentra cantando la misma canción que lo consuela. Existen referencias y metáforas diversas sobre prácticas de sexo grupal y vidas de excesos.

En la ciudad de la furia” es de las canciones más insignes de la banda y superficialmente muchas de las ciudades latinoamericanas pueden identificarse con un título así: venimos de estallidos sociales y gestiones gubernamentales muy irregulares. Sin embargo, es específicamente sobre Buenos Aires y un ser que ve desde las alturas la metrópolis como muchos semejantes a él. Este hombre que vuela y su estirpe son presas de cazadores por lo que necesitan de la niebla y la oscuridad de la noche para volar libres mientras pide asilo a una figura femenina que le permita refugiarse durante su momento más vulnerable, a la luz del día. Su habilidad es artificial cuando establece un símil con Ícaro, el hombre que logra el vuelo con unas alas hechas de plumas y cera. Este tema comparte una línea de bajo muy similar con “Six Blade Knife” de Dire Straits, y es que Mark Knopfler, el líder de los sultanes del swing era una de las elecciones para contribuir con el redimensionamiento sonoro de los argentinos. El ánimo general de la canción, a diferencia de la referencia, es sombría y sólo encuentra liberación en los coros. Su icónico video guarda un parecido con la estética blanco y negro del film El Cielo Sobre Berlín de Wim Wenders, hecho que podría complementar la temática de la letra como una interpretación de ángeles entre los mortales. Recibió un tratamiento especial en el unplugged Confort y Música Para Volar, bajando la velocidad y convirtiéndola en un sensual híbrido blues/trip hop/shoegaze con la participación de la colombiana Andrea Echeverri de Aterciopelados que a ratos confunde la letra y es corregida por un Cerati muy calmado.

Sin muchas sutilezas, “Lo que sangra (la cúpula)” es un retrato de la fama y las élites sociales que dominan el mundo. Para ese entonces, Soda Stereo había probado lo que su desbordada popularidad conllevaba: hipocresía y prepotencia. Se cuela la influencia de Alomar en las guitarras funk y los metales que engrosan esta pieza que cuenta con percusión adicional que los acerca a lo que en algún momento inspiró a un muy joven Gustavo a hacer música: el soul norteamericano. Por su parte, Charly se relaja con su versión recortada de batería disco con Zeta acentuando sólo cuando debe para dejar espacio a las dos guitarras y al teclado que reviste de grandeza la composición, que se despoja en los últimos compases de todos los instrumentos a excepción de las congas y una guitarra acústica.

En la estética de Tears For Fears, el teclado en “El Borde” da una idea de que viene una canción más calmada de lo que resulta: una tensa historia de infidelidad. La amarga sensación del tema encuentra el mejor complemento en la voz de un Cerati que se desespera en los coros. Importante destacar que la letra fue escrita por Richard Coleman, músico argentino que colaboraría con el líder de Soda en su carrera solista. El productor se permite añadir un rap en inglés en la tercera estrofa que como las anteriores, carecen de guitarra. Ese instrumento se permite aparecer para apoyar los coros o para lanzar llantos desesperados ante la impotencia de ver cómo el amor se le escapa de las manos.

Una sátira al estereotipo de galán es la divertida “Los Languis”, que renueva otro tema de Signos, “Prófugos”. El título es un juego de palabras muy argentino entre galán al revés y lánguido, con una intención parcialmente críptica. Hay una elegancia soul con los metales en las diferentes secciones en las cuales Bosio se destaca con su bajo. Cerati por su parte tiene una guitarra recargada de flanger y distorsión que se limpia para apoyarle la voz. Sais aporta armonías y melodías en su teclado que le merecen estar en los créditos del cierre de la cara A.

Día común – Doble vida” se aproxima a las sonoridades de los australianos Inxs, una de las referencias más recientes del trío. También nos transporta a “Nada personal” que había sido lanzada tres años antes, y así recordando al público de dónde venían. Hay una intención de describir de manera ligera sobre vivir una doble vida pero muchos en la actualidad viven así. Se escucha con cierto agobio al narrador anhelando un día común, sin eventos adversos. Lenny Pickett, saxofonista de sesión por excelencia, saca a relucir el impacto que el rhythm and blues y el funk ha tenido en su vida en un breve solo.

Contrastando con el espíritu relajado del corte anterior, la desgarradora “Corazón delator” está inspirada en el cuento del mismo nombre de Edgar Allan Poe. A pesar de que Gustavo no tiene una intención dramática con la letra y más bien habla de la entrega al amar, la música denota cierta angustia al darlo todo. El juego de las guitarras es absolutamente exquisito, conjugando cuerdas de nylon y varias eléctricas con efectos como ese bending que pega en el estómago en un flujo de efectos en reversa justo al inicio. Todo está bien sostenido por los largos acordes de teclado y el expresivo bajo, aunque la batería es más traicionera porque de momentos parece estar estable antes de reventarse en los coros.

De nuevo se interrumpe el ánimo que dejó el tema previo en este neo soul con un tímido órgano que tiñe el asunto de gospel en “El ritmo de tus ojos”. Hay algo de XTC en la estructura cambiante de esta canción que claramente tiene intenciones románticas. Es un hecho que el aporte de Alomar con todo su bagaje en música afroamericana bajo la óptica pop ha influido positivamente en la banda que ha expandido y madurado su sonido.

Terapia de amor intensiva”, coescrita por Coleman y Cerati, es la decisión de salvar una relación que se ha desgastado mucho pero existe una última oportunidad. Tal vez no sea lo más sano, pero es una manera de respetar el tiempo que esta pareja ha estado junta. Cuando Gustavo repite una y otra vez “haré lo que me pidas” se ilustra la vulnerabilidad de una persona que se despoja del ego por aferrarse a su otra mitad. Su versión unplugged resulta más agradable especialmente en el timbre de los teclados.

Doble Vida logró lo que ninguna banda de rock latino había podido hacer: calar en el mercado norteamericano y de ese modo poder visitar Norte y Centro América, pero es en Buenos Aires donde Soda Stereo tiene su más relevante concierto en el festival Tres Días Por La Democracia para 150.000 personas al aire libre. Al año siguiente el trío se embarcó en una gira que los seguiría consagrando como una de las bandas más importantes de habla hispana que luego en los años noventa exploraría más géneros, hasta la separación en 1997, la reunión diez años después y proyectos solistas.

IL Gimón