30 años de la austeridad poprockera de “Only Life” de The Feelies

30 años de la austeridad poprockera de “Only Life” de The Feelies

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The Feelies

The Feelies

Only Life

A&M. EE UU. 1988

 

A lo largo de una carrera de cuarenta años con algunas pausas, el quinteto de Nueva Jersey, The Feelies, ha sabido construir magníficos paisajes sonoros en el más perfecto equilibrio entre sus influencias como The Velvet Underground y el punk/post punk de la segunda mitad de los años 70. Su debut Crazy Rhythms de 1980 sigue fascinando a los escuchas por su hipnótica efervescencia, siendo citados por agrupaciones como R.E.M. o Yo La Tengo como una de sus inspiraciones directas. No en vano, el guitarrista de R.E.M. Peter Buck co-produce el segundo álbum de The Feelies con una alineación prácticamente renovada, The Good Earth (1986), lo que les acercó a un sonido menos frenético y calmado que su primer esfuerzo seis años antes. El grupo también participó en el filme Something Wild versionando “Fame” de David Bowie y “I’m A Believer” de The Monkees junto a piezas de Crazy Rhythms.

Esos dos primeros trabajos eran dos caras de una moneda que encontraron mayor madurez y seguridad en Only Life, su tercer disco editado en el sello A&M en 1988, su primer trabajo fuera de los circuitos independientes a los que siempre estuvieron asociados. Mientras algunos contemporáneos como Dinosaur Jr. o Sonic Youth exploraban rabiosas guitarras ruidosas, bajos estruendosos y baterías galopantes, The Feelies había aprendido a mantener una tensa calma a lo largo de diez temas, coproducidos entre los dos guitarristas Glenn Mercer y Bill Million junto al prolífico ingeniero Steve Rinkoff, entre los estudios Power Station en la ciudad de Nueva York y Mix-O-Lydian en Pennsylvania.

Del experimento proto-americana que fue The Good Earth quedó el uso de guitarras acústicas como en el que escuchamos al inicio de “It´s Only Life”, que titula esta placa discográfica. Un impávido Mercer canaliza a su ídolo Lou Reed ofreciendo el significado de la vida según su óptica: ver los aspectos positivos y negativos de todo lo que nos rodea. Con el dinamismo rítmico del bajo de Brenda Sauter, Glenn afila su guitarra en un incisivo solo de guitarra que no dura demasiado. Esto es sólo el comienzo.

El volumen aumenta en “Too Much”, con una mayor presencia en ambas guitarras eléctricas y un bajo enfático. Posterior a los coros se cuela un teclado ejecutado por Don Sternecker, el dueño de los estudios Mix-O-Lydian donde ya habían grabado dos años antes. La dupla del baterista Stan Demeski y el percusionista Dave Weckerman tienen sus momentos de brillo cuando la voz le cede el espacio a los instrumentos.

Deep Fascination” es la oda a las musas, o a ese estado donde uno haya la inspiración para crear. Glenn retoma el ánimo que tuvo en la primera canción en este serio jangle pop con el que vuelve a destacarse con un extenso solo de guitarra en la sección instrumental de igual duración que la primera parte cantada.

Con un sospechoso parecido a la progresión armónica de “Blue Monday” de los mancunianos New Order, “Higher Ground” es de las joyas que este álbum posee, sin revestirse de estridencia ni virtuosismo. Se ve reflejada una sobria estabilidad en el flujo de la música, sin alterarse demasiado a pesar de los pianos incidentales o las muy bien definidas guitarras líderes distorsionadas que cantan una melodía a veces acompañando a la voz. La temática etérea permite entrever la invitación a ir a tierras más altas, una metáfora posiblemente a meditación colectiva. En la mayoría de las piezas el narrador habla con una segunda persona (you, en español) pero nunca se comprende si se refiere a alguien en específico. Galaxie 500, que debutó ese mismo año, pudo haberse inspirado en ese patrón para crear bloques sonoros sin mayor variación, porque de ese modo se induce a la mente a desarrollar la creatividad.

Stan y Dave abren con una rítmica tribal minimalista que nos recuerda los inicios de la banda en “The Undertow” y la guitarra acústica es rasgada más rápido, dándole paso a otros timbres percutivos al iniciar cada nueva estrofa. Million adorna muy sutilmente con un poco de chorus y es hacia el final que se vuelve insistente ante el dinamismo de la percusión que no descansa hasta diluirse en un fade out, cerrando la cara A.

For Awhile” es otra muestra de la evolución del sonido más primitivo de una banda que había comenzado una década atrás, en la que se deja bien claro que existen dos parejas de instrumentos que responden a sus propios lenguajes: la guitarra de Bill suele ser rasgada mientras que Glenn dibuja líneas melódicas o riffs que contrastan con su voz y los apoyos de su compañero; y del mismo modo Stan se encarga de llenar el espectro más grave de las frecuencias con la batería mientras Dave se divierte añadiendo detalles como la clave en este tema. Similar a la pieza que abre el disco, la letra plantea que la vida es un crecimiento como el que ellos están demostrando musicalmente y es por ello que se aceleran hacia los últimos compases.

Otra invocación al jangle pop está presente en la breve “The Final Word” de temática positiva, permitiendo que Million responda Mercer en los coros. Weckerman se divierte con la pandereta, especialmente mientras se desenvuelve el mejor solo de guitarra en los casi 40 minutos de duración de Only Life. Llama la atención de nuevo el modo en que el cantante dialoga con esa segunda persona, mostrándose vulnerable y subiendo la voz tratando de darse apoyo repitiendo “sé tú mismo”.

Los ánimos quedaron arriba y es ahora el turno de “Too Far Gone”. Se nota en la urgencia descalabrada de los solos de Glenn ante la casi invariable línea de bajo que pueden ser la mejor manera de representar la psicosis posterior al consumo de algún estupefaciente que queda retratado en las letras. A casi un minuto de terminarse, existe un puente que relaja la tensión, donde Don vuelve a arropar con su teclado las percusiones cambiantes de Dave antes de volver al estado original para algunos juegos vocales.

Away” podría ser el tema perdido de las sesiones de Crazy Rhythms: apacibles guitarras distantes aderezadas con un órgano le permiten al bajo acompañar el riff de las seis cuerdas. Se cuela un tímido pulso creciente en los toms, a la par de platillos que crecen y cascabeles contribuyendo con la expectativa de la subida de tempo que en casi noventa segundos encuentran resolución en un estable ritmo ramonero donde para la segunda estrofa la guitarra líder se desliza entre notas en contraste a la compacta marcha de los demás instrumentos. “Run Run Run” de los Velvet Underground, es la referencia inmediata pero en modalidad punk rockera pareciendo que sigue aumentando la velocidad durante el solo de guitarra.

Se concluye el álbum con “What Goes On”, la reverencia al tema perteneciente al tercer disco de los Velvet. Gigante, apoteósica, se aproxima con una errática melodía distorsionada mientras el combo batería/percusión conforman un bloque casi robótico hasta el final. Elegir cerrar con esta composición ajena puede interpretarse como el tributo que una banda que no niega sus orígenes y que por el contrario los celebra.

A pesar de que nunca obtuvo mucha atención de la prensa, Only Life se posicionó bien dentro de la lista del año del tabloide The Village Voice. Desde sus inicios habían cimentado la reputación de ser la mejor banda del underground de Nueva York y habían establecido el local Maxwell’s en Nueva Jersey como residencia, eligiéndolo en 2008 para reunirse y ofrecer conciertos esporádicos hasta principios de este año. Siguen grabando y editando música, y Only Life logró ser reeditado en vinilo en 2016 con pistas adicionales disponibles con un código de descarga.

Usualmente el público y la prensa suelen ser muy críticos con los artistas cuando deciden firmar con algún sello que rompa sus barreras, exponiéndolos ante un mayor público. Pero la historia se ha encargado de demostrar que The Feelies nunca dieron su brazo a torcer y siempre hicieron las cosas a su modo, dejando una huella inmensa en el rock alternativo norteamericano donde siguen siendo una referencia obligada.

Il Gimón