30 años de “Viva Hate”, el disco emancipador de Morrissey

30 años de “Viva Hate”, el disco emancipador de Morrissey

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Morrissey

Viva Hate

HMV/Sire. Reino Unido. 1988

 

No es secreto que para cualquier artista que quiere emprender una carrera solista, especialmente tras una exitosa carrera con una banda, el nuevo rumbo puede tener un inicio complicado. Y aunque cueste creerlo, Morrissey se enfrentó a un irregular comienzo tras la abrupta separación de su cuarteto The Smiths, que cesó actividades en 1987.

El vocalista originario de Lancashire se enfrentó al reto de asumir su esfuerzo solo a solo un mes de haber sido lanzado el último álbum de los Smiths, Strangeways, Here We Come (1987). De la mano del co-productor de ese trabajo, Stephen Street, desarrollan un puñado de canciones donde salen a relucir todos esos elementos tan reconocibles dentro del universo del compositor: la pompa y la grandilocuencia, ahora desde una perspectiva un poco más madura ya que Moz estaba cerca de los treinta años. Sus letras seguían desbordando críticas duras a la prensa además de explorar de un modo críptico temáticas como sexualidad, la política, el costumbrismo, la melancolía y el amor. El magnífico guitarrista mancuniano Vini Reilly de The Durutti Column y el baterista Andrew Paresi, quien había experimentado con jazz previamente, también participan en este debut que vio luz el 14 de marzo de 1988 con el título Viva Hate, en el sello de HMV para Reino Unido y Sire al otro lado del Atlántico.

Sólo les tomó tres meses en estudio para una docena de piezas disímiles que arrancan con la poderosa “Alsatian Cousin”, con su contundente sección rítmica y las guitarras de Reilly. Todavía quedan reminiscencias al sonido de The Smiths a pesar del tejido de guitarras distorsionadas levemente en esta historia sobre un amor prohibido, aparentemente en una oficina, donde la comunicación por pequeñas notas revelan tal vez demasiado sobre el deseo entre estos dos amantes. Seria y sombría, “Little Man, What Now?” es el homenaje a las telenovelas británicas de los años 60 que apasionaron a un infante Steven, con una percusión programada pulsante que le agrega intensidad a esta canción. Lanzada como sencillo, “Everyday Is Like Sunday” suena nostálgica con el ensamble de cuerdas de ensueño mientras la letra amarga sólo desea que ese pueblo donde se encuentra el narrador sea destruido ya mismo por un holocausto nuclear.

De las sesiones de Strangeways viene “Bengali In Platforms”, una canción sobre la incómoda adolescencia de un joven de origen bengalí que sólo quiere encajar en un lugar donde se siente ajeno. Se podrían interpretar dos discursos de este tema: Morrissey se muestra vulnerable ante la sensación de siempre sentirse extraño mientras que otros han apuntado que es la óptica racista del compositor quien mira con desdén a todo aquel que quiere apropiarse de una cultura nueva.

Angel, Angel, Down We Go Together” cuenta con un potente arreglo de cuerdas y es la única canción que le dedican al ex compañero de banda, Johnny Marr, observando similitudes entre las vidas que los dos llevaban y de cómo la prensa los trataba. La metáfora que se usa para ilustrar esto es la solicitud de un hombre que ha sido vejado y usado, y que sólo desea que su mejor amigo le quite la vida mientras lo llama ángel.

Prescindiendo de nuevo de la batería acústica y usando su versión electrónica en gran parte de los casi ocho minutos, “Late Night, Maudlin Street” suena confesional y muestra al vocalista haciendo un repaso por su vida y las decisiones que ha tomado. También están los sentimientos de auto desprecio y pobre autoestima que Moz ha explotado a lo largo de su carrera, usualmente en broma. Las guitarras salpicadas de delay, sello de Vini, revolotean sobre un piano que le agregan un mayor dramatismo antes de la conclusión desesperada en búsqueda del amor, donde quiera que esté. “Suedehead”, editada como primer sencillo un par de semanas antes del lanzamiento del disco, es un reclamo ante la intrusión de un amor del pasado que viene a atormentar al narrador asqueado que al final reconoce que ese ex amante era bueno en la cama; tal vez sólo eso. De esta canción se abrió una acalorada decisión entre Street y Reilly por derechos de composición porque ambos admiten que fueron las piezas fundamentales para la creación de uno de los platos fuertes del inmenso repertorio de Morrissey. Con unas letras acerca de sentirse a gusto con los fantasmas del pasado, “Break Up The Family” suena relajada mientras podríamos interpretarla como la superación de una ruptura de una relación amorosa o tal vez de una banda.

El costumbrismo inglés tiene una representación en el tema “The Ordinary Boys”, que describe la vida común de los jóvenes, mientras el autor los celebra como suertudos. Es posible que Steven esté cuestionando la vida pública que ha llevado como artista y por eso añora una juventud más calmada y regular, sin nada que lo sorprenda. La divertida y rockera “I Don’t Mind If You Forget Me” es la irónica visión sobre las relaciones humanas y sus complicaciones que contrasta con el vals “Dial-A-Cliché”, que también presenta una visión sarcástica de la masculinidad y la caricaturiza en la voz de un padre que aconseja a su hijo.

Unas campanadas de inicio y una desnuda guitarra limpia con ciertos dibujos de guitarra española y guitarras en reversa son los acompañantes de “Margaret On The Guillotine”, una de los tracks más controversiales que incluso levantó sospechas de que Moz pertenecía a un grupo terrorista por considerar la muerte de la Primer Ministro del momento como un sueño maravilloso.

El título fue cambiado en el lanzamiento en Australia por considerársele muy explícito siendo editadas algunos ejemplares como “Education On Reverse”. Fue muy bien recibido por la prensa y aún se recuerda como un buen primer álbum, a pesar de no tener mucha cohesión en el estilo general de las piezas.

Como carta de presentación en vivo, a finales del mismo año Morrissey hace un show en Wolverhampton con Andy Rourke, Mike Joyce (base rítmica de The Smiths) y Craig Gannon, ante una multitud expectante y extrañada ante tal elección de músicos. Fue con la adición de Alain Whyte y Boz Boorer, pertenecientes a un entorno orientado al rockabilly, que finalmente Moz logra una identidad más sólida y duradera, lanzando álbumes excelentes.

Sin embargo, Viva Hate sigue siendo el documento emancipador, y disperso, de uno de los más atractivos y complicados vocalistas de los últimos cuarenta años.

IL Gimón