35 años de “Mummer”, la sorprendente bisagra entre dos etapas muy distintas...

35 años de “Mummer”, la sorprendente bisagra entre dos etapas muy distintas de XTC

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XTC

XTC

Mummer

Virgin Records. 1983. Inglaterra

 

Tras cinco intensos años, igual número de fantásticos discos y muchos conciertos, todo cambió para el cuarteto que en 1982 conformaban Andy Partridge (guitarra, voz, compositor principal), Colin Moulding (bajo, voz, segundo compositor), Dave Gregory (guitarra, teclados, arreglos, coros) y Terry Chambers (batería).

En pleno comienzo de la gira del disco English Settlement (1982) por Estados Unidos, Partridge sufrió un colapso nervioso y hasta ahí llegaron los conciertos. La decisión radical fue abandonar para siempre los escenarios, con lo que estuvieron de acuerdo Gregory y Moulding, pero no la disquera Virgin ni el baterista Chambers, que decidió abandonar la banda durante la grabación de Mummer.

En apenas un lustro, el grupo había pasado de la urgencia punk de White Music y GO2, ambos de 1978, el post punk melódico de Drums and Wires y Black Sea y la ecléctica sofisticación de English Settlement, a la experimentación pop de Mummer. Un recorrido de amplio espectro en poco tiempo que puso alerta a los ejecutivos de Virgin, quienes a partir de ese momento comenzaron a endurecer las concesiones y presupuestos. El primer síntoma fue la tardanza en publicar este álbum, fecha originalmente pautada para mayo y finalmente pospuesta hasta el 30 de agosto de 1983, sin demasiado entusiasmo.

Quizá la mejor definición de Mummer y lo que vendría después en la carrera de XTC la ofreció Partridge años después al decir que “hasta principios de 1982 nuestro trabajo era como una TV en blanco y negro. Mummer fue el primero en full color, un brillante cielo azul”.

El disco comienza con “Beating at Heart”, un tema con inflexiones orientales y ritmo quebrado que probablemente sea la primera inmersión seria en la psicodelia de XTC. Es seguido por “Wonderland”, uno de los tres singles extraídos en Gran Bretaña y el único en Estados Unidos escogido por Geffen Records (la disquera que a la postre se encargaría de la distribución en América tras el desinterés de Virgin). “Wonderland” es un tema gentil, uno de los tres aportados por Moulding, con sonoridades pastorales pero también una batería electrónica que es el anclaje con el momento que se vivía en medio de la era synth pop y la transición con el mundo digital. Estos dos primeros temas son los únicos en los que participa Chambers. A partir de “Love on a Farmboy’s Wages”, maravilloso tema de aroma pastoral que en algo recuerda a “English Roundabout” y que fue el tercer single, la batería fue responsabilidad de Peter Phipps.

Great Fire”, segundo single que se publicó, posee el sello distintivo que caracterizó a XTC en los años 80, con la adición de las cuerdas de Nigel Warren-Green y Gavin Wright, otra novedad que les permitió concentrarse en las posibilidades de los estudios de grabación, un proceso que inevitablemente recuerda al iniciado por The Beatles a partir de Revolver en 1966 cuando también dejaron los escenarios.

El lado A lo cerraba otro tema de Moulding, “Deliver Us from the Elements”, con un poderoso mellotron aportado por el productor del disco, Steve Nye, que le da un carácter dramático y psicodélico.

En otra tónica, con un batería tribal, una guitarra de aroma reggae, un mellotron denso, un sintetizador juguetón y las voces graves de Partridge, Gregory y Moulding, se desarrolla el tema que abre el lado B, “Human Alchemy”. Aparece entonces la exquisita “Ladybird”, un tema jazzeado que sin duda recuerda a Paul McCartney y que ayuda a balancear el contenido. El tercer y último tema de Moulding es el más alegre del álbum, “In Loving Memory of a Name”, que retrotrae al mejor britpop de los 60. Sin pausa, comienza a sonar “Me and the Wind”, una de esas pequeñas obras maestras de Partridge que mezcla su característico tono neurótico con su lado más melódico y beatleliano. El disco lo cerraba “Funk Pop and Roll”, quizá el mejor eslabón con el pasado reciente, pieza que podría pertenecer a cualquier de los tres discos anteriores, con la vocalización propia del Partridge mas saltarín y que tanto influyó en grupos posteriores como Blur. La estupenda guitarra de Gregory le otorga personalidad.

La única aparición pública apoyando al disco que realizaron fue en el programa de la BBC, “Pebble Mill At One”, a finales de 1983, en el que doblaron cinco canciones.

En las reediciones en CD que se realizaron sucesivamente a partir de 1987, se incluyeron seis temas adicionales grabados durante las sesiones, cuatro de ellos merecedores de pertenecer a Mummer. Tanto “Toys” (grabada por Chambers) como “Desert Island”, hubieran podido funcionar perfectamente como singles. “Jump” y “Gold” parecen tomas perdidas de Drums and Wires (1979). Los otros dos temas, “Frost Circus” y “Procession Towards Learning Land”, ambos instrumentales, se adelantaron al EP Home Safari, al que podrían haber pertenecido.

Sin duda, Mummer, fue el inicio de una maravillosa etapa que arrojó varios de los mejores discos de la historia del pop británico, una seguidilla que continuó con The Big Express (1984), Skylarking (1986), Oranges and Lemons (1989), Nonsuch (1992), y entre ellos los dos obras cumbres de la psicodelia pop de los 80 que publicaron bajo el pseudónimo de The Dukes of Stratosfear.

Han pasado 35 años y aun se siente el momento. Da gusto volver a Mummer.

Juan Carlos Ballesta