35 años de “The Final Cut”, último disco de Roger Waters con...

35 años de “The Final Cut”, último disco de Roger Waters con Pink Floyd

1162
Pink Floyd

Pink Floyd

The Final Cut

Harvest/Columbia. 1983. Inglaterra

 

El 21 de marzo de 1983, hace 35 años, la legendaria y siempre sorprendente banda Pink Floyd, lanzaba al mercado su duodécimo álbum en estudio al que titularon –premonitoriamente– The Final Cut.

Tras el rotundo éxito comercial de The Wall, publicado en diciembre de 1979, este controversial álbum iba a ser inicialmente la banda sonora de su antecesor pero…todo cambió. El genial Roger Waters, quien compuso todo los temas, delineó una historia antibélica en la cual el tema central era la traición a la memoria de los soldados que sacrificaron sus vidas en aras de un sueño posterior a la segunda guerra mundial. Un sueño que significaba la resolución de conflictos entre países sin tener que ir a la guerra, trayendo como consecuencia un mundo más civilizado. El sueño pronto se convertiría en una cuchillada a la memoria de aquellos soldados. El padre de Waters, uno de ellos.

El álbum, en el contexto histórico, refleja la frustración del bajista sobre los sucesos en torno a la guerra de las Islas Malvinas (Falkland Islands), además de una crítica, oblicua en ocasiones y frontal en otras, a la entonces Primer Ministro de Inglaterra, Margaret Thatcher, cuyas políticas sobre el bélico suceso eran evidencia de esa traición.

Waters se tomaría el tema de modo casi obsesivo, a juzgar por las superproducciones de sus conciertos desde aquellos días a la fecha. Sin duda, un aspecto biográfico que ha arrastrado a sus seguidores desde 1979.

Waters era, junto a David Gilmour, la piedra angular de una agrupación que no había parado de evolucionar hasta su trabajo anterior. Sin embargo, para este momento, Richard Wright no estaba tras las teclas, lo que transformó al cuarteto en un trío con casi una decena de músicos adicionales participando alternadamente a lo largo de los trece temas que conforman The Final Cut,  un polémico trabajo que gozó de éxito comercial, pero nunca como sus predecesores. Aunque posee muy buenos temas, no suele estar entre los favoritos de los seguidores de Pink Floyd.

Unas insignias militares y una amapola, conforman la primera imagen del LP que, para esta ocasión, excluyó los talentos de Storm Thorgerson, el connotado artista cofundador de Hipgnosis y diseñador de muchas de las portadas del cuarteto y grupos como Yes, Genesis y The Mars Volta. Roger prefirió usar una fotografía de Willie Christie, su cuñado. La amapola, que aparece parcialmente en la parte superior izquierda, es usada en Inglaterra desde 1921 como símbolo para conmemorar a los militares caídos en acción. Aquella siempre mágica relación de carátula-melómano era aún más provocadora cuando abrías el álbum y veías las imágenes del interior del LP. ¡Qué añoranza!

The Final Cut The Final Cut

The Final Cut

The Final Cut inicia con el anuncio de la construcción del barco sustituto del “Atlantic Conveyor”, nave hundida en el conflicto de Las Malvinas, pero el audio es prácticamente ininteligible, seguido de doce versos que resumen la historia en “The Post War Dream”: “Dime la verdad, dime por qué Jesús fue crucificado, es por eso que papi murió, fue por ti, fue por mí, ¿Vi mucha TV, es eso en tus ojos una señal?, si no fuese por los pellizcos, ser tan buenos construyendo barcos, los astilleros estarían aún abiertos en el río Clyde, y no puede ser más divertido para ellos, bajo el sol del amanecer, con todos sus hijos suicidándose, qué hemos hecho Maggie”. Maggie es Margaret Thatcher.

Luego Waters nos canta “Your Possible Pasts” (Tus pasados posibles), donde el puente, “¿Me recuerdas? ¿Cómo solíamos ser? ¿Crees que deberíamos acercarnos más?, une las estrofas y culmina esta segunda composición. Gilmour toca un sencillo, elocuente e incisivo solo. Una de las imágenes esta descrita en los siguientes versos “Ella estaba parada en la entrada, el fantasma de una sonrisa, evocando su rostro como si fuera  el aviso de un barato hotel, sus fríos ojos suplicando, a los hombres enchaquetados, por el oro en sus bolsos y sus cuchillos en la espalda, uno de ellos saca la mano subiendo valientemente, y dice, “era un niño entonces” y ahora tan solo soy un hombre.”

La música, lúgubre, pesada, estéril, recrea el desolador ambiente, “Cuando eres uno de pocos, en poner los pies sobre la tierra, ¿qué haces para sobrevivir?, los enloqueces, entristeces, les haces sumar dos y dos, les haces yo, les haces tú, les haces hacer lo que quieras, les haces reír, llorar, acostarse y morir”. Es la primera estrofa de “One of the Few”. La música crece en intensidad en la siguiente pieza, “When The Tigers Broke Free” (Cuando los tigres se libraron), y nos agobia el sollozante coro y un corpulento sonido que se escucha al fondo. Waters canta en un desgarrador modo y culmina la pieza de forma abrupta antes de continuar con “The Hero Returns” (El héroe regresa) “¿Cariño, cariño, ya te duermes tan rápido? Bien. Porque es el único instante en el que puedo hablarte, y hay algo que he guardado, un recuerdo que es muy doloroso, para soportar la luz del día”.

“Flotando en las nubes, me asaltan recuerdos, en el espacio entre los cielos, y en las esquinas de alguna tierra extranjera, tuve un sueño, tuve un sueño, adiós Max, adiós ma” Es “The Gunner’s Dream” (El sueño del artillero), en la que Raphael Ravenscroft hace el solo de saxo tenor de un modo áspero y desgarrado, sumergiéndonos aún más en la sombría y aterradora atmósfera de una guerra. El álbum es, bajo mi perspectiva, más coherente que The Wall. Se siente a Waters más entregado, aunque mi afirmación puede ser refutada de inmediato al comparar con las espectaculares puestas en vivo de  The Wall en tiempos recientes. ¿Pero acaso no se interconectan de algún modo? La vida es una guerra en todos sus flancos…

La siguiente pieza del álbum es “Paranoid Eyes” (Ojos paranoicos). En ella la voz de Waters es acompañada del piano de Michael Kamen quien también toca el armonio. Triste pero hermosa y con una elocuencia a lo Leonard Cohen, Waters canta sobre una conversación al fondo como si se tratase de un bar “No fuiste afortunado allí hijo, hora de cerrar, tras ojos paranoicos”, es el breve puente que une las dos primeras estrofas. La guitarra acústica de Gilmour emerge, siempre cautivadora.

Get Your Filthy Hands Off My Desert” y “Fletcher Memorial House” (Quita tus sucias manos de mi desierto y La funeraria de Fletcher). En la primera canta:“Quita tus sucias manos de mi desierto, ¿Qué dijo? Brezhnev tomó Afganistán, comenzó tomando Beirut, Galtieri tomó la Unión Jack, y Maggie, un día durante el almuerzo, tomó un crucero con sus manos, aparentemente para hacer que lo devolviera”. El tema se mezcla con “La funeraria de Fletcher” en un sonido que pareciera el lanzamiento de un misil, un eficaz efecto bajo la ingeniería de Andrew Jackson. La sección de cuerdas de la Orquesta Filarmónica Nacional, dirigida por Kamen, le da más cuerpo a este tema al tiempo que le añade una nostálgica belleza. Al final es Gilmour que se hace de la composición para destacar con ese inconfundible sonido de Pink Floyd que meses más tarde entraría en otra etapa, ya sin Roger Waters.

Southampton Dock” (Muelle de Southampton) “Y aún la oscura mancha entre sus omóplatos. Un silente recordatorio de los campos de amapolas y las tumbas, y cuando terminó el vuelo, acabamos lo que hicieron, pero en el fondo de nuestros corazones, sentimos el corte final. La voz de Roger, Gilmour en la acústica, el piano de Kamen y la orquesta, hacen de esta canción una de las más hermosas del álbum. El verso final da paso al tema título que continua con piano y voz. Luego entran las cuerdas, balanceándose entre voz y batería, y Waters cantando “¿Me abrazarías aún si te muestro mi lado oscuro?, ¿Y si te abro mi corazón y te muestro mi lado débil, qué harías? La sección de cuerdas recuerda en algo a la dinámica de “Comfortably Numb”.

Los últimos temas son “Not Now John” y “Two Suns in the Sunset” (Ahora no, John y Dos soles en el ocaso). Finalmente,  en la primera de las dos, escuchamos a David Gilmour cantar y tocar una guitarra más roquera acompañada de las voces de Doreen e Irene Chanter, un rasgo clásico de Pink Floyd. “Al coño lo que debemos seguir, tener que competir con el astuto japonés, hay mucho fuego ardiendo en casa y pocos árboles, así que al coño con eso, debemos continuar con ello”. En la última, el baterista Andy Newmark toma los palillos y Andy Bown el órgano Hammond. Con cierto aire glorioso, sin dejar la nostalgia a un lado, Waters canta “En mi retrovisor cae el sol, hundiéndose tras los puentes del camino, y pienso en todas las cosas buenas que dejamos de hacer, y tengo premoniciones, confirma sospechas de un holocausto que está por ocurrir”. El inicio de la segunda estrofa es elocuente, “El alambre que sostiene el corcho que aguanta la furia, cede…”. Ravenscroft retorna con el saxo hasta “el corte final.”

Pero esta historia no fue “el corte final” pues pronto vendría una agria disputa legal entre la banda y Waters por el uso del nombre y otros asuntos de orden jurídico que fueron enfriando las relaciones entre el bajista y, principalmente, Gilmour. Pink Floyd ciertamente no podía continuar en la misma dirección y la necesidad de reinventarse ya estaba en el umbral, ya que Roger Waters hubiera continuado su post-bélica obsesión relegando cada vez más los aportes de sus compañeros. Algo que afortunadamente no sucedió en Pink Floyd después de este fantástico álbum que hoy cumple 35 años.

Sin Roger Waters, A Momentary Lapse Of Reason contaría otras historias cuatro años más tarde, pero es otro capítulo.

Leonardo Bigott