35 años del sombrío primer paso de Dead Can Dance

35 años del sombrío primer paso de Dead Can Dance

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Dead Can Dance

Dead Can Dance

4AD. 1984. Australia

 

El primer paso de la agrupación formada en Melbourne en 1981 ocurrió en Londres, a donde habían decidido mudarse Brendan Perry y Lisa Gerrard, los cerebros de Dead Can Dance.

Originalmente formada por Perry, Gerrard, y la base rítmica de Paul Erikson (bajo) y el neozelandés Simon Monroe (batería), quien finalmente, de los cuatro, fue el que no se fue a Londres. En la capital inglesa se les unió el percusionista Peter Ulrich, siendo firmados por el sello independiente 4AD, que para entonces ya tenía en su roster a nombres tan ilustres como Cocteau Twins, The The, Dif Juz, Modern English, Bauhaus (solo el primer disco) y sus compatriotas de The Birthday Party. Lo que pocos imaginaban para el momento de la aparición del homónimo debut de Dead Can Dance, es que se convertiría en la más importante y vendedora agrupación del sello.

Para el momento de la grabación se unieron, además, James Pinker y Scott Roger. Bajo la producción del legendario John Fryer, el disco se compone de diez temas densos y oscuros dominados por la percusión y el bajo característico del sonido dark de Joy Division. La portada, fiel reflejo de su contenido, la componen una máscara ritual de Papúa Nueva Guinea en el lado izquierdo, y el nombre en caracteres griegos ΔΞΛΔ CΛΝ ΔΛΝCΞ.

La instrumental “The Fatal Impact” abre el disco, con una austera caja rítmica y una ambientación sombría que da la pauta de lo que sigue. “The Trial”, con la voz solista de Perry, es un tema enraizado directamente con la estética post punk guitarrera más cruda, muy lejos de los que poco después haría DCD. En cambio en “Frontier” aflora la primera señal del clásico sonido ritual del grupo, y hace su aparición la inconfundible e hipnótica voz de Gerrard.

De nevo Perry en la voz principal y los fantasmales coros de Gerrard, sigue “Fortune”, un tema de aire post punk en la estela de Joy Division, para que la mística “Ocean” cierre el lado A de manera grandiosa, con una de las primerizas demostraciones del poderío de Gerrard con su voz.

East of Eden” abre el Lado B. Cantada por Perry, es quizá el tema más convencional, no por ello menos atractivo, con un estupendo trabajo de guitarras. “Threshold” es un potente post punk en la línea Bauhaus, denso y envolvente, con un ritmo circular, con la angustiosa voz de Gerrard al final.

A Passage in Time” es la demostración de que aún Dead Can Dance pertenecía a una etapa histórica única. Es un tema que refleja la estética gris y a la vez grandiosa de la ciudad a la que llegaron, lleno de tensión. En “Wild in the Woods”, Perry modela como en ninguna de las anteriores lo que distinguiría sus composiciones futuras, incluso a pesar de la batería, instrumento del que prescindirían totalmente a partir del segundo disco.

Musica Eternal” (título evidentemente mál escrito en español), cierra el disco de manera magistral, con el sello litúrgico de Gerrard y la ambientación instrumental gótica. Es el inicio de la corriente darkwave de la que DCD sería protagonista en los siguientes discos, antes de introducir elementos étnicos del medio oriente, Magreb, India y Turquía que tuvieron en Into the Labyrinth (1993) el gran pináculo.

Ese mismo año 1984 fue publicado el EP, The Garden of Arcane Delights, que es la conclusión de aquella primera etapa aún derivativa y por ello fue incluido en la reedición en CD del debut.

Han pasado 35 años y este disco adquiere un interés especial, tomando en cuenta que el sonido de Dead Can Dance fue tomando otros derroteros en los siguientes álbumes. Es, sin duda, un testimonio de sumo interés para una banda que apenas comenzaba a construir un legado de inmensas proporciones.

Juan Carlos Ballesta