40 años de “Ajá”, el pináculo de Steely Dan

40 años de “Ajá”, el pináculo de Steely Dan

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Steely Dan

Steely Dan

Aja

ABC. 1977. EE UU

 

El 23 de Septiembre de 1977 salió a la venta Aja, el sexto album de Steely Dan. Para aquel momento Steely Dan tenía varios años convertido en un grupo de estudio habiendo tocado en vivo por última vez en 1974 y era lo que en aquellos años se conocía como un “grupo de culto”.

Aquí estamos 40 años después y es obvio que Aja dejó una marca indeleble en ese interesante 1977. Estamos hablando del mismo año en que la “explosión” punk empieza a llegar a los grandes públicos de ambos lados del Atlántico. Por un lado tenemos a The Clash, The Sex Pistols, The Jam, los Ramones, Wire… todos editando “elepes” de mucho ruido (y bastante centrimetaje en los medios de crítica musical) y por otro lado tenemos a un dúo de dos neoyorkinos -medio nerds- transplantados a Los Angeles, grabando un disco donde el tema central que dura ocho minutos (!) tiene un solo de saxo de Wayne Shorter, co-líder de Weather Report y hasta un solo de batería de Steve Gadd que suena hasta el fade out (¿probablemente había más?). Ocho minutos y mil acordes, ¡el polo opuesto al punk!

“I’ll learn to work the saxophone / I’ll play just what I feel / Drink Scotch whisky all night long / and die behind the wheel” (Aprenderé el saxofon / Tocaré solo lo que siento / Beberé whisky escocés toda la noche / y moriré detrás del volante)

Las letras (la de arriba es parte del tema que cierra el lado A, “Deacon Blues”) si bien no son propiamente “punk” tampoco se puede decir que son complacientes. Como era habitual en la banda los temas siguen hablando (generalmente en primera persona) del sub-mundo de gangsters, drogadictos y toda clase de renegados, anti-héroes y perdedores enfrentados al lado oscuro de la vida, sin faltar dosis de humor negro, frases completamente abstractas y alguna que otra inquietud existencial. Tampoco estamos hablando precisamente de canciones de amor.

Lo cierto es que Aja es de esos discos que se conocen como “clásicos” y al mismo tiempo exitosos: llegó a la posición #5 en las carteleras en Estados Unidos (obteniendo un disco de “Platino”) y hasta ganó un Grammy (técnico – en la categoría de ingeniería de sonido). Como todo clásico mucha gente lo considera esencial pero también hay gente que lo menosprecia (y hasta tiene esos típicos “enemigos fieles” que aprovechan cada ocasión para emprenderla contra el grupo).

Steely Dan en particular siempre fue un grupo en una posición peculiar: haciendo básicamente un pop-rock de corte claramente norteamericano en su ADN y razonablemente comercial (nada de las complicaciones del rock sinfónico o progresivo que ya venía en picada, al menos en cuanto al gusto popular), pero que al revisar esos temas “superficialmente pop” con una lupa se descubren estructuras más asociadas al jazz que a la música popular del momento (acordes con séptimas y novenas, ¡ufff!), composiciones con un montón de acordes y cambios: difíciles de tocar y que requerían un ejército de músicos para capturar el sonido que Donald Fagen (voz líder, sintetizadores) y Walter Becker (bajo, guitarra) tenían en sus cabezas. No en balde muchos músicos fueron y siguen siendo fans de Steely Dan.

Uno busca hoy en día en Google los acordes para tocar “Peg” -el conocido tema que abre la cara B del LP- y se consigue con cosas como: Gmaj9 – F#7(#9) – Fmaj9 – E7(#9), y eso es solo el intro. Está claro que esto sólo lo puede tocar alguien que se ha tomado un tiempo considerable aprendiendo un instrumento, practicando escalas, modos, progresiones, escuchando discos de jazz… y ahí encontramos una de las claves de Aja y de la música de Steely Dan en general. No es que todos los fans de Steely Dan sepan cómo se toca un acorde de F#7(#9) en una guitarra o un piano – y ni hablemos del famoso acorde de “mu major”- pero al escucharlo en una pieza se dan cuenta que suena diferente (¿más sofisticado?) a las otras cosas en la radio (en 1977 la gente descubría estas cosas en la radio FM).

Los créditos de Aja incluyen más de 30 músicos, la mayoría provenientes del mundo del jazz “comercial” del momento, grandes y conocidos mercenarios de los estudios de grabación (cómplices de mucho del “soft-jazz-rock” desechable editado en aquellos años, pero eso es tema para otra conversación). La clave acá es que Donald Fagen y Walter Becker lograron con este grupo de experimentados músicos construir una soberbia colección de siete piezas, en lo que quizás fue su tope creativo, balanceando apropiadamente experimentación y accesibilidad. Para muchos la música en Aja es sinónimo de “perfección”, esa misma perfección que los más críticos con la banda relacionan con una música “fría”, “sin alma” o incluso “intelectual” (en términos despectivos). Al mismo tiempo la sutil y “perfecta” complejidad rítmica de algunos de estos temas ha logrado tener una segunda vida al ser sampleados por artistas de hip hop (De La Soul sampleó “Peg” para una pieza de su primer larga duración editado en 1989 por nombrar un ejemplo y hasta Kanye West les ha pedido permiso para samplear otros temas anteriores).

Parte vital de la calidad sonora de Aja se debe también al minucioso trabajo de Gary Katz, quien produjo todos los discos de la primera etapa de la banda hasta su primera separación en 1981. Otro elemento importante del equipo asociado con Steely Dan fue por muchos años el ingeniero de sonido Roger Nichols (fallecido en 2011), en buena parte responsable del grandísimo prestigio de los discos de Steely Dan en cuanto a la alta calidad del sonido. Aja fué por mucho tiempo uno de esos discos que las tiendas de equipos de sonido -sobre todo por allá en los 80- usaban para demostrar lo bien que sonaban los equipos que vendían.

Luego de editar este álbum, Fagen y Becker hicieron un intento de llevar el disco de gira. Aparentemente empezaron los ensayos con algunos de los músicos de estudio que tocaron en el disco, pero el asunto fue abortado casi de inmediato cuando empezaron a surgir problemas alrededor de los honorarios que cada músico iba a cobrar por el tour. Esto fue suficiente para desencantar a Fagen y a Becker de la idea (no es que necesitaran un empujón muy grande para ello). Tras tomarse casi un año empezarían a trabajar en lo que sería el último disco del grupo en esta etapa: Gaucho, editado a finales de 1980.

Tras la edición de Gaucho el dúo se separa por casi diez años, hasta un posterior reencuentro en los 90 que se inició con Becker acompañando a Fagen en sus giras como solista  y terminó con la banda reviviendo el nombre de Steely Dan durante los años 1993-1994 tocando por primera vez en vivo piezas de Aja como “Peg“, “Josie” y “Aja“, además de otros clásicos de la discografía de la banda, capturados en el disco “Alive in America” (1995). Esta reunión desencadenaría la segunda etapa del grupo, editando sus dos últimos trabajos de estudio Two Against Nature (2000) y Everything Must Go (2003) con la banda convertida ahora en un grupo de esos que giran con cierta frecuencia, condición algo irónica si se tiene en cuenta ese publicitado pasado de “grupo de estudio que nunca tocaba en vivo”.

Steely Dan ha seguido en actividad (reforzados probablemente por esa onda de nostalgia que hay por ver a las bandas de rock “clásicas”) hasta el presente 2017 cuando nos sorprendió la lamentable noticia del fallecimiento de Walter Becker, el 3 de septiembre pasado. La última presentación de Becker en vivo con Steely Dan fue recién el 27 de mayo de 2017. Ya en los conciertos que la banda dio de julio en adelante durante el pasado verano Becker estuvo ausente, en una primera señal de sus problemas de salud.

En el lapso en que el grupo dejó de funcionar (principalmente en los 80) Donald Fagen grabaría el que muchos consideran su mejor trabajo (The Nightfly, 1982) y Becker se dedicaría a producir a otros artistas, destacando en particular su trabajo con los ingleses de China Crisis, quienes incluso lo incluyeron en los créditos como miembro oficial de la banda en el extraordinario Flaunt The Imperfection (1985).

Definitivamente una forma de viajar en el tiempo es con la música. Si alguien siente ganas de viajar 40 años atrás en una máquina del tiempo, una de las mejores opciones que hay hoy en día es colocar Aja (en vinyl, en CD, en streaming o incluso en cassette si aún tienen a mano alguno rodando por allí) y perderse en estos 40 y pico minutos de música sin compromisos. Les puedo confirmar que funciona muy bien, particularmente en una mañana gris y lluviosa.

Gabriel Pérez