40 años de “Hemispheres”, la magna obra de Rush

40 años de “Hemispheres”, la magna obra de Rush

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Rush

Rush

Hemispheres

Mercury Records. 1978. Canadá

 

El tiempo nos remonta hacia finales de 1978. Ya el punk había comenzado a hacer estragos en ese confuso género llamado progrock al cual Frank Zappa definió como “todo aquello que no sonaba en la radio ni respondía a los placeres de las grandes corporaciones como Warner Bros”. La banda canadiense Rush había tenido una gira exitosa como apoyo al lanzamiento de su álbum previo, Farewell To Kings (1977) y se alistaban a grabar un nuevo álbum pero sin tener una idea preconcebida. Rodaban los meses de junio y julio en los estudios Rockfield de Londres donde la banda había decidido establecerse para la grabación de este nuevo álbum, teniendo como productor a Tony Brown, viejo amigo del trío acreditado acá como arreglista, y al ingeniero de audio Pat Moran. Geddy Lee, Alex Lifeson y Neil Peart grabarían lo que hasta ahora puede considerarse su magnánima obra, Hemispheres.

Nuestro contacto visual inicial es un hombre de pie, desnudo, con el brazo izquierdo apuntando a otro hombre formalmente trajeado. Ambos sobre un cerebro. Este último con sombrero, portando lo que pareciera ser una sombrilla en la mano izquierda, y sospechosamente caminando hacia el desnudo ser. La imagen del fotógrafo Yosh Inouye nos prepara para escuchar cuatro interesantes composiciones, siendo la primera de ellas una suite de seis partes titulada “Cygnus X-1 Book II: Hemispheres” cuyo “Prelude” es un accesible intro donde Lee nos canta: “Cuando nuestro exhausto mundo era joven, comenzaba la lucha de nuestros ancestros, los dioses del amor y la razón que solos procuraban regir el destino del hombre”. La poesía de Peart encaja perfectamente con la música de Lee y Lifeson, este último con una notoria influencia de los primeros días de Steve Hackett como solista. El rítmico intro tiene entre otras sutilezas los armónicos de Lifeson en contraste con el corpulento bajo Rickebacker de Lee.

Rush

El trío nos lleva al primer mítico personaje de esta obra y que conforma el segundo tema de la suite llamado “Apollo (Bringer of Wisdom)” (Apolo, portador de sabiduría): “Traigo la verdad y la comprensión, hermosas ofrendas sin comparación, podemos construir un mundo de maravilla…”. Lee destaca con un buen solo de guitarra.

El trío luego nos presenta a otro épico personaje, “Dionisio, portador del amor”. Lee relata, “Traigo amor para darte consuelo en la oscuridad de la noche en el corazón de la luz eterna”. En este punto medio debo decir que la composición de 18’09” es escrita en un lenguaje franco pero atractivo a la vez. La suite continua con la apocalíptica “Armageddon: The Battle of Heart and Mind” (La Batalla del corazón y la mente). La chillona voz de Geddy Lee prosigue:“El Universo dividido, corazón y mente colidan dejando a todos desorientados durante años turbulentos, bajo una nube de dudas y temores, su mundo devastado en huecos hemisferios. En este segmento el trío recrea musicalmente la desolada escena con sobrada efectividad. El aterrador pasaje que nos presenta a “Cygnus: Bringer or Balance” (Portador de la ecuanimidad) nos narra: “Tengo memoria y conciencia pero no tengo forma, como un ente incorpóreo  estoy muerto y aún sin nancer, he pasado al Olimpo”. La suite cierra con grandiosidad y una dulce sección a modo de coda, “The Sphere: A Kind of Dream”…“Todos podemos caminar juntos…”

Los dos siguientes temas, que comienzan el lado B, son “Circumstances” y “The Trees”, ambos composiciones cortas donde destacan Lifeson y Lee, quienes instrumentalmente, son portadores idóneos de la poesía del baterista Neal Peart. Esta vez con un lenguaje más roquero, Lee nos cuenta: “Un niño solitario y lejos de casa, infinitos tejados, desde mi ventana siento la tristeza de mi habitación”.  La siguiente pieza, “Los árboles”, con su intro de guitarra clásica, es un hermoso matiz dentro de las cuatro composiciones. La sencilla percusión de Peart, los arpegios de Lifeson y las teclas de Lee recuerdan la era Peter Gabriel con Genesis. “Hay intranquilidad en el bosque, hay inquietud entre los árboles, el arce exige más luz y el roble ignora sus plegarias”, es tal vez una metáfora sobre el poder.

Culmina el álbum con la excelente pieza “La Villa Strangiato (An Exercise in Self-Indulgence)” (La Villa Strangiato: Un ejercicio de auto indulgencia), compuesta por el trío. Conformada por doce partes, esta pieza es un tour d’ force donde el trío está a sus anchas. Inspirada en un sueño de Alex Lifeson, este instrumental de nueve minutos describe los diferentes episodios en el sueño del guitarrista. La moruna sonoridad al inicio nos atrapa y pronto estamos envueltos en una cósmica atmósfera con el sintetizador de Lee. El discurso instrumental va en crescendo y la pieza se torna muy interesante por su dinámica. Hay cierta inocencia en algunas frases de Lee pero la pieza esta hilvanada con delicadeza y marcados contrastes que demuestran la amplitud del lenguaje de Alex. Oso decir incluso que esta pieza, como él bien añade, es ciertamente un acto de auto indulgencia pero si nos saltamos esa observación, tenemos a un Lifeson prolífico, arriesgado y con amplias posibilidades de incitarnos a pensar cómo sería un trabajo solista del guitarrista e incluso por qué no ha editado un trabajo en solitario si ha influido en grandes como Steven Wilson, Paul Gilbert y John Petrucci.

Más allá del éxito comercial, Hemispheres es uno de los más influyentes álbumes del progrock. Si bien mi favorito y el de muchos es Moving Pictures de 1981, nuestro celebrado disco es una gema muy especial sobre todo porque hay una cierta ingenuidad que  nos acerca más emocionalmente a la banda, aún si la completa coherencia que encontramos en su obra de 1981.

Verlos en vivo fue entonces un punto de inflexión. La extraña villa me había envuelto en sus fauces y yo me hacía un fan de la banda, aunque en ocasiones la estridente y rechinante voz de Lee me ha alejado.

Leonardo Bigott