40 años de la noche de brujas a la francesa de Pulsar

40 años de la noche de brujas a la francesa de Pulsar

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Pulsar

Pulsar

Halloween

CBS. 1977. Francia

 

Quienes gustamos de este género conocido como rock progresivo o rock sinfónico y todas sus variantes, muchas veces soslayado cuando se habla de la historia del rock universal, nos encontramos con una experiencia similar a la de un arqueólogo. Cada vez que hurgamos un poco más, encontramos una reliquia que nos embelesa hasta el punto de creernos un Indiana Jones musical. Es una aventura fascinante, liberadora, espiritual que se revuelca en una especie de ego por momentos pero que en segundos nos empuja a salir corriendo a ser la primera voz en dar a conocer un novedoso artista, álbum o tema y entonces uno se encuentra de último en la fila. Eso, sin embargo, es irrelevante. Hoy, un suspiro es inevitable cuando se trata de algo que se dejó pasar en aquellos gloriosos 70. Después de todo, diría Wakeman, “una joya musical es eterna.”

La banda francesa Pulsar y su álbum Halloween ha sido una especie de Santo Grial, una revelación que me llega, 40 años después, de manos del capitán de este excelente medio y fenómeno editorial musical llamado Ladosis.

Aunque ya tenía referencia del progrock francés, el encuentro con el sonido de Pulsar ha sido, digamos, telúrico. Para 1977, la banda estaba conformada por las teclas de Jacques Roman; la batería y percusión de Victor Bosch; las guitarras y voces de Gilbert Gandil; el piano y flauta de Roland Richard; y el bajista Michel Masson. Antes de esta magna obra el quinteto ya había grabado su primer álbum, Pollen (1975) y posteriormente The Strands of the Future (1976). Su más reciente producción discográfica, Memory Ashes, data de 2007, luego de un retorno al ruedo musical en 1989 con el álbum Görlitz. Es, sin embargo, Halloween, el álbum que medios como Goldmine Magazine incluye entre los 25 álbumes más influyentes del género.

Halloween se nos presenta como una especie de doble suite, la primera de cuatro partes y la segunda de cinco. Claramente una obra conceptual que inicia con una melodía tradicional irlandesa conocida como Londonderry y que es interpretada como un victorioso himno de Irlanda del Norte empleada como introducción de la primera parte de la suite llamada “Halloween Song” (Canción de Halloween) en lo que pareciera una voz blanca acompañada del piano con un sencillo arreglo. Tras ese primer minuto y veinte, son la flauta y los teclados los que irrumpen con un cierto aire de nostalgia y la guitarra acústica que deja escuchar un breve arpegio. Es “Tired Answers”. Los acordes del teclado y, una vez más, la guitarra se mantienen en un espacio amplio con la flauta llevando la melodía. Hacia el minuto cinco un tenebroso sonido estalla y el mellotron abre aún más ese espacio, dejando una notoria influencia de King Crimson. La presencia de Bosch, Gandil y Masson nos lleva a través de un intenso y sinuoso túnel sonoro. Una breve pausa acaba con la entrada de la percusión. Voz y guitarra nos envuelven de nuevo, esta vez con la añadidura del piano. Es “Colours of Childhood” piano, guitarra y una voz espectral que se enlazan con un sintetizador en el tradicional lenguaje prog. El espacio donde se desarrolla la obra evoca pasajes cono los de Rick Wright. La última parte de esta suite es “Sorrow of my Dreams” interpretada con un dramatismo que nos prepara para “Lone Fantasy”, la primera de las cinco partes de la segunda suite.

PulsarEn “Lone Fantasy” escuchamos el eco de un golpe como si ocurriera en una caverna. Es misterioso. La voz y guitarra de Gandil protagonizan la primera de las cinco partes. Gandil canta en inglés acompañado de teclas, flauta y percusión. La suite continua con “Dawn over Darkness”, una de las más hermosas e intensas melodías de este trabajo.  Las últimas tres piezas de la suite suman unos siete minutos, son: “Misty Garden of Passion”, “Fear of Frost” y “Time”. Jacques Roman y Victor Bosch protagonizan buena parte del final de la obra. La voz de Gandil retorna acompañada del teclado que va con la voz hasta el final.

PulsarEn este trabajo Pulsar demuestra una sólida personalidad musical y un lenguaje propio que nos hace empáticos con otros críticos al considerarlo una de las obras más importantes del progrock. El diseño de arte del baterista Victor Bosch con fotografías de Michel Tyrogalas, contribuye con el aura misterioso del disco. En la Francia de esos años, varias agrupaciones lograron un sonido propio de altísima calidad, entre ellas Ange, Mona Lisa, Carpe Diem, Wapassou y Heldom, aunque ninguna de ellas tuvo especial éxito fuera de la órbita francófona.

Este tercer disco de Pulsar, 40 años después, sigue sorprendiendo.

Leonardo Bigott