Adiós a Ray Thomas (1941-2018), cofundador de The Moody Blues

Adiós a Ray Thomas (1941-2018), cofundador de The Moody Blues

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Ray Thomas

Una de las más longevas bandas surgidas en Gran Bretaña durante la maravillosa efervescencia de la era pre-psicodélica fue The Moody Blues, la cual contó en sus días de gloria con cinco proficientes músicos, todos compositores y cantantes.

Entre 1964 y 2003, el quinteto publicó 13 discos de estudio, pero sin duda hay que viajar entre 45 y 50 años atrás para encontrarnos con la mejor etapa, cuando los aportes de Ray Thomas (voz, flauta, armónica, vientos, piano, percusión), fueron realmente distintivos y muy importantes para el sonido del grupo y del rock más estilizado.

Thomas, junto al baterista Graeme Edge, el bajista Clint Warwick, el guitarrista Danny Laine (luego mano derecha de Paul McCartney en Wings), formó el grupo en 1964, al que se unió pronto el teclista Mike Pinder. Ese quinteto grabó el LP debut,  The Magnificent Moodies (1965), con una orientación pop propia de algunos grupos de la Primera Invasión Británica.

The Moody Blues
Primera formación de The Moody Blues en 1965, con Ray Thomas en el lado derecho.
The Moody Blues en 1967, con Ray Thomas segundo a la derecha.

El grupo sufrió una transformación con la entrada de Justin Hayward (guitarras, voz) y John Lodge (bajo, voz) en sustitución de Laine y Warwick, comenzando una etapa maravillosa que va de 1967 y 1972 y en la cual publicaron siete discos teñidos de psicodelia, folk, sofisticado pop y estupendas armonías vocales.

El segundo álbum, Days of Future Passed (1967), que se editó en pleno año psicodélico, representó un mayúsculo cambio y sin duda los inicios del rock sinfónico y progresivo, gracias a la participación de la London Festival Orchestra dirigida por Peter Knight. Fue el primero de varios discos conceptuales. Los cinco integrantes contribuyeron con composiciones y vocalizaciones, lo cual sería la norma en todos los discos siguientes. La flauta de Thomas se convirtió en un elemento central en el sonido de los Moody Blues, cosa que en este disco fue notable. Para la historia quedó el tema “Nights in White Satin”, con la simbiosis perfecta entre la flauta y mellotrón, teclado electromecánico que revolucionó la música con su potente sonido que imitaba a violines, cellos y coros, y que sin duda fue un “trademark” de la banda durante estos cinco años fructíferos.

Probablemente el más logrado disco de The Moody Blues sea el tercero, In Search of Lost Chord (1968), un auténtico tour de force conceptual con temas filosóficos y espirituales, en el que tocaron unos 33 instrumentos, sin orquesta, con un elegante sonido psicodélico que alcanzó su pico con el tema de Thomas, “Legend of a Mind”, inspirado en las enseñanzas del maestro de la psicodelia, Timothy Leary.

La inspiración siguió en alto con los dos discos conceptuales lanzados en 1969, On the Threshold of a Dream y To Our Children’s Children’s Children, más pastorales y folk, aunque aún con la psicodelia presente. El primero explora el mundo de los sueños y en él se introduce el sintetizador EMS VCS 3. Thomas contribuye con los temas “Dear Diary“, “Lazy Day” y “Are You Sitting Confortably?” (este con Hayward), los más exquisitos del disco.  Con el segundo de ellos se inspiraron con la llegada del hombre a la luna. Fue el estreno de su propio sello discográfico, Threshold. Para este álbum, Thomas vuelve a aportar la misma cantidad de temas: “Floating“, “Eternity Road” y “Watching and Waiting” (de nuevo con Hayward).

La nueva década trajo consigo el sexto disco, A Question of Balance (1970), en el que comienzan a realizar canciones más cortas con miras a tener menos complicaciones en vivo. El balance entre los compositores y vocalistas vio a Thomas contruibuyendo solo con la estupenda “And The Tide Rushes In“. Es un disco exquisito que llegó al primer lugar en Gran Bretaña y escaló al puesto tres en Estados Unidos. En una línea parecida está Every Good Boy Deserves Favour (1971), el cual también escaló hasta el tope en las listas británicas y hasta el segundo lugar en Norteamérica. Es el único trabajo que contiene una canción (“Procession”) compuesta y vocalizada por los cinco. Thomas regala otros dos temazos con su expresiva voz, “Our Guessing Game” y “Nice to Be Here“,

El octavo disco, Seventh Sojourn (1972), cerró una etapa única, llegando por primera vez un disco de The Moody Blues al primer lugar en Estados Unidos, puesto en el cual permaneció por cinco semanas. Mike Pinder decidió prescindir del mellotrón en favor del chamberlin, de sonido parecido. En perspectiva, sin duda es el último gran disco de la banda, con joyas como “Isn´t Life Strange” y el melancólico folk de Thomas “For My Lady”. Sin embargo, el agotamiento de tantos discos y giras en tan pocos años comenzó a pasar factura. Tras la gira que terminó en 1974 hicieron una pausa y  emprendieron discos solistas, todos editados por su sello Threshold. Algo que ocurrió en la misma época con el grupo Yes.

Ray Thomas grabó dos discos, From Mighty Oaks (1975) y Hopes, Wishes and Dreams (1976) y a partir de ahí su protagonismo comenzó a descender, quizá porque los tiempos no estaban ya para el dulce sonido de su flauta. La reaparición de The Moody Blues (el último con Pinder, sustituido por Patrick Moraz), en plena era punk, tuvo menos impacto. Aun así, tuvo sus momentos, entre los cuales estuvieron los dos temas de Thomas.

Sorpresivamente, entrando en los 80 y con el cambio en las sonoridades, el grupo por segunda vez llegó al primer lugar en Estados Unidos con el disco Long Distance Voyager (1981), con un sonido menos rebuscado y seductor.

Lentamente la relevancia de Ray Thomas en el grupo fue desapareciendo en favor de un sonido cercano al synth pop y bastante lejano a lo que una vez fue. Aun así, en los años con Moraz tuvieron varios éxitos, hasta que comenzando los años 90 el suizo fue despedido. Desafortunadamente, The Moody Blues no logró más nunca la inspiración de sus mejores años y su sonido se volvió predecible.

Ray Thomas

La muerte de Ray Thomas tras luchar varios años contra el cáncer de próstata ha pasado injustamente por debajo de la mesa, a pesar de haber sido uno de los principales responsables de varios de los discos que definieron una época y un sonido especial. Agradecidos estamos de sus exquisitos aportes y gran sensibilidad. Gracias por todo, Ray, te seguiremos oyendo.

Juan Carlos Ballesta