Albert Pla: canciones surrealistas, iconoclastas y provocadoras

Albert Pla: canciones surrealistas, iconoclastas y provocadoras

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Albert Pla

Albert Pla

Teatro Circo Price, Madrid

Inverfest 2019

(Enero 17, 2019)

 

Uno de los platos fuertes de la quinta edición de Inverfest era, sin duda, este concierto del cantautor nacido en Sabadell y que justamente este año celebra los 30 años de su primer disco, Ho Sento Molt (1989), con el cual se le asoció con “la nueva canción catalana”. Pronto quedaría claro que Albert jugaría su propia liga y no deja de demostrarlo.

Siempre es un reto enfrentarse a Albert Pla. Resulta imposible mantenerse indiferente ante su provocadora propuesta. Algunos conectan con ella sin problema, otros se sienten incomodados. Su desparpajo y actitud a medio camino entre la ingenuidad, el surrealismo y la subversión, la incorrección política y la crónica absurda, la trova medieval y la bufonería, el arte de la improvisación y el humor negro, lo convierten en un personaje único en el universo de la música iberoamericana. Albert Pla es un iconoclasta en toda regla.

Desde que descubrimos su faceta en directo en febrero de 2005 en Caracas, donde se presentó varias veces, pudimos comprobar que para conocerlo, apreciarlo y valorarlo en su justa dimensión es necesario verlo sobre un escenario. Sus discos son solo una punta de lanza, pero son insuficientes para entender su discurso.

Vino acompañado de cuatro músicos con identidad propia y que ayudan a Pla a construir un hilo conductor en el que la sorpresa y la improvisación juegan un papel fundamental. Son ellos el guitarrista flamenco Diego Cortés, que lo ha acompañado desde hace mucho tiempo y al que otorga bastante libertad de acción; el guitarrista eléctrico Jordi Busquets (que también toca con Quimi Portet); el versátil baterista y percusionista  Tino Di Geraldo; y el legendario músico francés Pascal Comelade en el piano eléctrico, quien posee una larguísima y particular discografía de música minimalista realizada con teclados e instrumentos de juguete y que cuenta con colaboraciones con artistas como Robert Wyatt, PJ Harvey, Jaki Liebezet. Jac Berrocal y muchos catalanes debido a sus múltiples residencias en Barcelona, entre ellos, por supuesto, Albert Pla, con quien editó el disco Somiatruites en 2011.

Ataviado con su característica indumentaria de campesino/juglar medieval y botas de jardinero, Pla apareció solo con su roída guitarra para arrancar con la irónica “Bombas en Madrid”, en la que recuerda muy a su manera la guerra civil en la capital: “sálvese quien pueda, están cayendo bombas en Madrid…/ muy buenas noches mis queridos ciudadanos de Madrid / hoy hay racionamiento, se repartirán madroños en el Ayuntamiento / no olvides ciudadano la cartilla de afiliado a nuestro sindicato… nuestros gloriosos gobernantes cuidarán de nuestro pueblo…”. De inmediato agradeció, se presentó (“Hola, yo soy Albert) y con esa divertida forma de hablar, dando vueltas a lo Cantinflas, introdujo la ingeniosa “Corazón” (del disco La diferencia, 2008), en la que fabula con los corazones que se escapan de sus cuerpos y “se van a dar una vuelta por ahí”, deambulando solos por la ciudad, mientras esas personas sin corazón se vuelven malvados. Difícil describir este maravilloso e histriónico tema, en el que aprovecha para introducir el álgido tema del tráfico de órganos y la frase sindicalista “hay que organizarse”, haciendo partícipe al público.

Sin darnos cuenta, Comelade se sentó en el teclado para tocar “Todo es mentira”, de su disco en conjunto, un dramático tango sobre el engaño. Salió entonces el resto de la banda  y Albert, con su humor absurdo, anunció “vamos a tocar una canción un poquito tonta…aunque tampoco es que mis otras canciones sean muy listas…esto es ‘La Diferencia’”. Durante su ejecución fue presentando a los músicos, y sin pausa unió el tema con “Majestad”, una especie de reggae aflamencado que va aumentando su intensidad a medida que avanza y en el que aprovecha para cuestionar a la monarquía (en genérico), y parte del público lo aplaude.

Siguió con la estupenda y muy aplaudida versión de la emblemática pieza popularizada por Jeannete en 1971, “Soy rebelde”, para entonces anunciar el siguiente tema: “Ahora vamos a cantar una canción sobre manifestaciones” y bromear con el público, “¿Habéis estado alguna vez en una manifestación?…¡que ambientazo, no!..hay para todos los gustos…esas que dicen ‘libertad, libertad, libertad’ o ‘independencia, independencia’…jó que palabra más larga…”. En realidad la pieza llamada “Teófilo Garrido” trata sobre una manifestación organizada para decirle a alguien que lo conocen, y a partir de esa idea aparentemente simple, Albert desarrolla un divertido y largo cuento contado de manera especial, sobre una base instrumental aflamencada.

Siguieron con la rumba “Bomba”, en la que aborda con sorna el tema de la construcción de bombas. Entonces, Albert presentó a Cortés “genio y figura”, quien, acompañado de una secuencia rítmica, realizó una versión libre de “Entre dos aguas” de Paco de Lucía que incluye una especie de “taconeo vocal”.

Albert retornó para tocar el bolero “Sufre como yo”, de su recordado disco Supone Fonollosa (1995), en el que adaptó poemas del barcelonés José María Fonollosa, y en él también incluyó su sorprendente versión de “Walk on The Wild Side” de Lou Reed, rebautizada “El lado más bestia de la vida”, que por supuesto no faltó tampoco en este concierto. Del disco La diferencia, hubo otros dos temas. Uno de ellas la surrealista historia de “La colilla”, en la que una colilla encendida cruza la frontera desde México y termina quemando todo Estados Unidos, una evidente alegoría anti imperialista (“…se nos quema la gran Babilonia…”) en la que no faltan guiños a Peret (“Su cabeza cayó en la arena / ay en la arena cayó su cabeza”). La otra fue “Ciego”, en la que a su manera escribe sobre lo maravilloso del amor.

Antes de tocar la versión de “El lado más bestia de la vida”, con una guitarra distorsionada propia de Lou Reed, hizo una introducción -sin duda su intervención más polémica y provocadora, aunque desató risas- en la que un anti-héroe atenta contra policías, diputados y banqueros, vitoreado por la gente y con el que las madres buscan fotografiar a sus pequeños hijos.

La despedida en falso fue con el clásico “Joaquín, El necio”, incluida en No solo de rumba vive el hombre (1992), el disco que lo puso en el mapa musical de España.

Albert volvió solo al escenario para tocar la magnífica “Los ojos”, otra historia de total surrealismo que cuenta la historia de una enamorada con 25 ojos y lo que significa convivir con ella (“…que calamidad cuando ella rompe a llorar / cascadas de sal, ríos de amargura…”), Reapareció entonces el gran Pascal Comelade para realizar una intimista y corta versión de “Black is Black”, durante la cual Albert se toma un cubata, para cerrar con la punki “Insolación”, ya con toda la banda en pleno.

Fuero dos horas de performance cuya descripción siempre se queda corta. Pla sigue atrapando con sus peculiares maneras, sus crónicas a medio camino entre la poesía surrealista y la prosa provocadora, con su voz de niño travieso. El que solo conozca su música, conoce apenas la mitad de Albert Pla. Esta fue una oportunidad ideal para acercarse a su singular universo.

Juan Carlos Ballesta (Texto y Fotos)