El vertiginoso show de Antonio Sánchez & Migration en JazzMadrid 2018

El vertiginoso show de Antonio Sánchez & Migration en JazzMadrid 2018

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Antonio Sánchez baterista

Antonio Sánchez & Migration

Sala Guirau, Fernán Gómez, Centro Cultural de la Villa, Madrid

(Noviembre 25, 2018)

 

A pesar de que asistíamos a este concierto con la certeza de enfrentarnos a uno de los bateristas más aventurados y versátiles del planeta, la imaginación anticipada se quedó corta. En dos horas de concierto, el mexicano dio una auténtica cátedra de cómo abordar el jazz desde una perspectiva nada convencional, como quedó claro con la banda sonora de Birdman. Sánchez es una mezcla virtuosa de músculo, técnica, emoción y sutileza. Pocos bateristas poseen todas estas características en simultáneo.

Antonio Sánchez vuelve con un nuevo disco a su proyecto Migration, eje central de esta gira que lo llevó a Francia, Suiza, Alemania e Italia, y cuyo último concierto fue éste en Madrid. Aunque el nuevo álbum apenas está viendo la luz (tanto que aún no se muestra en su web oficial), fuimos afortunados al presenciar una propuesta madura sobre el escenario, luego de más de trece presentaciones previas, durante las que fueron perfeccionando cada tema. El grupo que conforman Chase Baird (saxo, EWI- Electronic Wind Instrument), John Escreet (piano acústico, piano eléctrico Fender Rhodes), Orlando Le Fleming (contrabajo, bajo eléctrico) y Thana Alexa (voz, efectos/loops) y Sánchez (batería), fue desgranando cada tema del disco titulado Lines in the Sand (Líneas en la arena), piezas en su mayoría de gran extensión y complejidad.

El primer tema interpretado fue “Travesía”, de 24 minutos de duración, el cual vino precedido por un collage de voces de personas que en Estados Unidos fueron detenidas por la policía de inmigración sobre la base de su perfil racial, incluso siendo muchos de ellos ciudadanos americanos. El gentil Fender Rhodes de los primeros minutos y la vocalización de Alexa nos llevaron a los tiempos de National Health, aquella super banda británica que funcionó en la segunda mitad de los años 70 como gran colofón del sonido Canterbury, en la que las voces de Barbara Gaskin y Amanda Parsons jugaron un rol fundamental. Esta composición dejaba claro la variada paleta de posibilidades que ofrece Migration y la libertad que cada instrumentista posee, siempre dentro de una estructura determinada.

Antonio Sánchez bateristaEl segundo tema, “Long Road”, de siete minutos, fue mucho más reflexivo, con Alexa y Baird haciendo una dupla muy interesante, que en temas posteriores se desarrolló aún más.

Juegan papel fundamental en el sonido del grupo las sonoridades que Escreet saca del Rhodes, con una distorsión muy setentera que recuerda a Mike Ratledge (Soft Machine); las incursiones con el EWI de Baird, sintonizadas con la era del jazz fusión; los experimentos de Alexa con su voz, utilizando loops y efectos de varios tipos; las líneas melódicas y el bajo expansivo de Le Fleming, siempre dentro del jazz pero a veces funky o rockero; y por supuesto la paleta tímbrica de Sánchez con siete diferentes platillos Zyldian y una batería híbrida Yamaha con granadero, tom, bombo y tres redoblantes de diferentes grosores y sonoridades.

La inspiración de Líneas en la arena

Luego de estas dos primeras piezas, Sánchez se paró de la batería para hablar con el público de manera muy natural: “Es un verdadero placer estar en Madrid otra vez, de mis ciudades favoritas en todo el mundo, muchos buenos amigos, muy buena música y muy buena comida, sobre todo”. Y pasó a describir lo que estaban tocando: “Este disco, Lines in the Sand, se trata básicamente de la experiencia del migrante. Yo soy de Ciudad de México y a los 21 años me fui a Estados Unidos a estudiar música, a estudiar mi pasión, lo que yo quería. He sido muy afortunado toda mi vida, al nacer en el lugar adecuado, en el momento adecuado, con la familia adecuada que me ayudó a realizar mi sueño. No tengo nada de qué quejarme. Entonces, este álbum no es sobre mí ni sobre gente como yo. Es más bien sobre el migrante que huye de las guerras, del hambre, de la violencia, de la persecución política, y que últimamente está siendo demonizado y politizado por algunas figuras que están encontrando la oportunidad de un populismo y un nacionalismo muy dañado y bizarro, que está erosionando una de las facultades más importantes y fundamentales del ser humano que es sentir amor por el prójimo y empatía por gente que tiene menos que uno y es diferente que uno. Así que este álbum está dedicado a ellos. Me duele mucho lo que está pasando en Estados Unidos, en México y surgiendo por todo el mundo, lo cual ha estado mucho en mi psique últimamente. Es como una catarsis que he tenido para tratar de poner las cosas en su lugar y tratar de hacer algo que tenga algún valor estético de toda esta cosa horrible que está pasando en el mundo”.

Antonio Sánchez bateristaEl recorrido migrante

El concierto continuó con “Gocta” (nombre de una catarata en Perú), un fantástico tema que comenzó con un excelente solo de Le Fleming en el que utilizó distintas sonoridades. Unos minutos después se unió la banda, comenzando el pasaje más libre de todo el concierto. Fue un privilegio asistir al performance de este tema aún inédito en el que cada uno tuvo tiempo de lucirse. De nuevo recordamos la época más aventurada de Soft Machine, aunque sin guitarra, pero sí con un fantástico Rhodes distorsionado. Los ritmos quebrados y redobles imposibles de Sánchez y el frenético solo de Escreet, al que se unió Baird con el EWI, construyeron un largo pasaje de vértigo que derivó en la parte final en la que Alexa realizó un envolvente  y sutil juego vocal con sus efectos.

Luego tocaron la balada “Home”, con letra de Thana sobre lo que significa para alguien dejar su casa y encontrar otra nueva en algún lugar del mundo. Aunque funcionó como una especie de sosiego, le faltó algo más de veneno.

Dejaron para cerrar “Lines in the Sand”, el tema que da título al disco, anunciado para ser publicado el 30 de noviembre y sobre lo cual bromeó Antonio diciendo “Este disco es tan nuevo que ni siquiera mi mamá lo tiene (risas colectivas) y debe estar muy enojada que otras personas lo tengan primero. Pero me dio el recado para que les dijera que lo podrán comprar al final del concierto y contribuir con el ‘fondo de bateristas mexicanos’ (más risas)”. Este tour de force de media hora de duración, comienza con un pasaje en el que Alexa va desarrollando sus capacidades vocales, sola o en complejas escalas a dueto con el saxo. Más adelante, tras una breve lectura, el grupo entra en una dinámica en la que el EWI de Baird cobra protagonismo mientras Sánchez y Le Fleming adoptan un ritmo más cuadrado y musculoso, aunque no exento de síncopas y quiebres, con elementos que recuerdan a Mahavishnu Orchestra y Return to Forever. Todo ello desemboca en un impresionante solo de batería en el que solo el Fender Rhodes sirve de sutil metrónomo. Sánchez demuestra aquí la independencia entre sus miembros, sobre todo entre ambas manos, la velocidad increíble a la que puede recorrer los tambores, pero también algo no tan común que es el golpeo simultaneo de tambores y platillos. El mexicano es un verdadero prodigio.

La euforia colectiva

Tras una hora y 38 minutos de generoso performance se despidieron, ante la euforia absoluta del público asistente. Tras presentar de nuevo a los músicos y al ingeniero, se retiraron, pero regresaron de inmediato, encabezados por Thana Alexa, quien arrancó con un ejercicio vocal maravilloso, quizá lo más audaz de toda su participación. Al rato se incorporó su esposo para acompañarla con una ágil batería, tras lo cual arrancó una sección rítmica sincopada, de esas que te vuela el cerebro, ideal para que Baird desatara sus demonios con el saxo. Escalas de alta dificultad aderezaron toda la pieza.

Pensábamos que lo habíamos visto todo, pero estos 16 minutos fantásticos, quizá fueron los mejores. Varias veces pensamos que el tema terminaba, pero no, tomaba nuevos bríos y acumulaba aún más admiración.

Fueron dos horas difíciles de creer. Antonio Sánchez y Migration se mueven en aquel aventurado territorio del jazz fusión comenzado por Miles Davis y que trajo consigo inolvidables capítulos en Estados Unidos y Europa, pero su identidad es distinta y si bien comparten algunas sonoridades, están anclados en el siglo 21.

Juan Carlos Ballesta (Texto y fotos)