Benjamin Clementine: un artista conmovedor y único

Benjamin Clementine: un artista conmovedor y único

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Benjamin Clementine

Benjamin Clementine
Teatro Nuevo Apolo, Madrid
(Mayo 27, 2019)

Cuando uno escucha por primera vez al inglés de origen ganés, Benjamin Clementine, se produce una conexión inevitable. Eso nos pasó a muchos cuando irrumpió con un primer EP, Condolence, en 2013, que incluía tres maravillosas piezas que anunciaban que estábamos ante un talento fuera de serie.

El primer álbum, At Least For Now (2014), fue recibido con toda la expectativa que genera un artista dotado de una innata capacidad vocal y sus composiciones al piano. Como era lógico, el disco obtuvo una inmensa cantidad de críticas positivas y reconocimientos de importancia como el Mercury Prize como Mejor Álbum del Año. Todo el pasado tormentoso que había vivido Clementine llegaba a su fin.

Su segundo disco, I Tell a Fly (2017), fue una vuelta de tuerca, una obra tan fantástica como hermética, que sumó otras once canciones a su repertorio, que a pesar de ser aún escaso en cantidad, es sumamente rico en calidad. Cada tema tiene su peso específico y por ello es que Clementine, con apenas dos discos, es capaz de reinventar su puesta en escena.

La gira que lo trajo a España lo encuentra redimensionando los tema de ambos discos junto a His Parisian String Quintet, un quinteto de cuerdas liderado por la extraordinaria chelista Barbara Le LiePvre.

Clementine otorgó la oportunidad al cantautor texano Beaven Waller de abrir los conciertos de esta gira y no defraudó. Waller es, además, pianista. Fue una fantástica sorpresa. Ataviado en un elegante estilo, Waller nos regaló media hora de canciones otoñales de gran emotividad.

Beaven Waller

Unos minutos después, se ubicaron los cuatro músicos en la tarima al fondo del escenario, con Barbara abajo a nuestra derecha y a un costado del piano, y los cinco comenzaron las notas melancólicas de “Winston Churchill’s Boy”, que a los pocos segundos propiciaron la salida de un relajado Clementine, descalzo y con un ajustado traje a cuadros. Es un tema casi narrado por Benjamin que enseguida nos introduce en la atmósfera del concierto y permite al quinteto lucirse por primera vez, entre muchas.

El estacato de Barbara y el expresivo piano dan inicio a “God Save the Jungle”, dramática pieza digna de una banda sonora de Alexander Desplat. Da paso a “Awkward Fish”, una de las piezas más inclasificables de su repertorio, la cual se pasea de lo romántico a lo frenético, de la tensión a la tristeza. En ella, hace gala por primera vez de su capacidad para las tonalidades agudas.

Luego de saludar y agradecer, lanzando algunas palabras en castellano, arranca con uno de los platos fuertes de su repertorio, “Condolence”, que emociona y conmociona colectivamente. En él interactúa de manera especial con el público cantando la estrofa “Am sending my condolence / Am sending my condolence to fear / Am sending my condolence / Am sending my condolence to insecurities”, logrando que la audiencia cante sin desafinar y muy conmovida. Grandísimo momento y era apenas el cuarto tema.

Benjamin ClementineSiguió con “London”, otro de los impresionistas temas de su primer EP, y “I Won’t Complain”, en la que toca un insistente piano y en algo nos recordó a Peter Hammill y también Jacques Brel y Marc Almond. Otra de las piezas de espíritu cinematográfico es “Nemesis”, con unas cuerdas que pueden ser gráciles y también dramáticas. Uno de los puntos álgidos, sin duda, cuya guinda es la parte final cuando parece que termina tras un gran crescendo pero Benjamin entra en un pequeño segmento susurrante como si quisiera contarnos un cuento al oído con un tenue piano, hasta que irrumpe para finalizar con un largo sostenido vocal que desata la euforia del publico.

Uno de los temas infalibles y más telúricos de su repertorio es “Adiós”, donde muestra la increíble versatilidad de su voz con rangos operáticos de un tenor y un barítono. Aflora indudablemente la influencia que Nina Simone ha tenido en Clementine, no solo en lo relatico a ejecución de piano y forma de cantar, sino también en el histrionismo, algo que se nota aún más en la exquisita “Gone”, nostálgica pieza en plan crooner en cuyo segmento final introduce un largo silencio después del cual improvisa algunas frases. Tras ella dio las gracias y se retiró.

No tardaría en regresar, siendo recibido con eufóricos aplausos y gritos de “¡maestro!”. Nos faltaba mucho por ver, sin duda. El piano anunció la conmovedora “Cornerstone”, que trata sobre la soledad y lo que es considerado hogar y que tiene que ver con su difícil vida antes de ser descubierto. La frase, que repite como un mantra “It’s my home, home, home, home home home home home”, le sirve para actuarla y agregar frases como “casa negro”, “esta es mi casa”, “home sweet home”… hasta acostarse a dormir en medio del escenario. Tras el silencio que siguió a los aplausos, Benjamin, aprovechó para comentar en su tono educado y sosegado “este sería un buen hogar”, “me gustan las tapas”, “tapas tapas”, ante la risa cómplice del público.

En “Better Sorry Than Asafe”, recuerda al gran Scott Walker, con su capacidad de mezclar melodía y narración. Un piano circular y un chelo lluvioso, sirven de puente para abordar la fastuosa “Phantom of Aleppoville”, tema de desarrollo cambiante, que de repente, como en una película, cambia y nos introduce en una especie de pesadilla y luego nos rescata y traslada a un jardín de flores. Es el tema más largo y funciona como un tour de force que permite a Clementine desarrollar todas sus potencialidades y dejarnos claro que cantar para él es algo natural que le sale sin casi esfuerzo.

El cierre no podía ser con otro tema que con “Farewell Sonata”, otoñal composición que invita a la congoja y que hizo verdaderamente difícil enfrentarse con la calle. Susurrando “Hasta la vista” se despidió.

Benjamin Clementine ha nacido para conmover. Un artista como ninguno con un horizonte infinito.

Juan Carlos Ballesta