15 años de “Medulla” de Bjork: el poder de la voz humana

15 años de “Medulla” de Bjork: el poder de la voz humana

278
Bjork Medulla

Bjork
Medulla
One Little Indian/Elektra/WB. 2004. Islandia

Cada nuevo disco de Bjork siempre ha sido un acontecimiento musical que despierta gran expectativa sobre fans y medios especializados. No podía ser de otra forma. Para una artista de sus características, siempre orientada a la innovación, ha sido un constante reto lidiar con la fama y la presión que ejerce la industria del espectáculo, cosa que ha logrado sortear con inteligencia, imponiendo su ritmo, sus códigos de trabajo y un estilo inimitable.

El largo y variopinto camino hasta Medulla

Medulla (2004) fue su quinto trabajo en estudio (sin contar soundtracks, remixes y compilaciones) desde que se separó de la agrupación The Sugarcubes en 1992. Tras la disolución de la banda que colocó a Islandia en el mapa musical del mundo con su debut Life’s too God (1988), Bjork se mudó a Londres para adentrarse en el efervescente mundo de la electrónica y el dance. En poco tiempo editó Debut (1993), un revolucionario disco que la catapultó hacia el Olimpo, gracias a temas como “Human Behaviour”, “Violently Happy”, “Big Time Sensuality” y “Venus as a Boy”, que todavía resuenan en las cabezas de miles de fans. En medio de la vorágine de aquel primer disco, edita Best Mixes (1994) un set de remezclas que inauguró una carrera en paralelo repleta de remixes, tan rica y sorprendente como la que conforman las versiones originales.

Con un nuevo puñado de memorables canciones, entre ellas “Hyper-Ballad”, “Possibly Maybe”, “Isobel” y “I Miss You”, fue lanzado Post (1995), otra magnífica imbricación entre ritmos electrónicos y voz, con el cual vuelve a obtener incontables reconocimientos. Meses despues se edita Telegram (1996) el correspondiente disco de remezclas.

Siguiendo su insaciable ritmo de trabajo esculpió una nueva maravilla, Homogenic (1997), disco en el que otra vez logra incluir piezas de prístina belleza como “Joga”, “Bachelorette”, “Alarm Call” o “All Is Full of Love”. Ya para ese momento los tres discos editados se habían transformado en el tronco matriz del que germinarían decenas de singles con remezclas y piezas inéditas, una delicia para los miles de seguidores alrededor del mundo, incluyendo la legión venezolana.

Su inquieta naturaleza la llevó a involucrarse como protagonista en el film Dancer in the Dark, un bizarro e intenso film del danés Lars Von Trier que por su temática la dejó exhausta y harta del mundo del cine. De esa experiencia no solo quedó su conmovedora actuación, sinó también la estupenda banda sonora, Selmasongs (2000). Casi sin descanso editó Vespertine (2001), un disco más íntimo, repleto de hipnóticas excursiones electrónicas, entre ellas “Cocoon”, “Hidden Place” y “Pagan Poetry”.

La carrera de Bjork parecía no tener límites, no solo por sus discos, sino por sus inspirados shows y los innovadores videoclips, aspectos que complementan una propuesta audiovisual única. Pocos artistas habían podido desdoblar su propuesta de forma tan radical como ella, haciendo que cada pieza desarrolle varios alter ego. Alquimistas sonoros como Talvin Singh, Leila Arab, Mark Bell, el duo Matmos, Guy Sigsworth, Trevor Morais, Howie B, Nelly Hooper, Graham Massey, David Arnold, Thom Yorke, Mark “spike” Tent, Eumir Deodato, The Brodsky Quartet, Tricky y Zeena Parkins, han colocado cuerdas, orquestas, coros, harpas, tablas, samples y beats tanto en estudio como en vivo.

Los compilados previos

Mientras le daba forma a un nuevo disco, Bjork lanzó tres colecciones retrospectivas, tratando de establecer un antes y un después. El primero fue Greatest Hits (2002), compuesto por 15 piezas escogidas unicamente por sus fans. Más interesante aún resultó el objeto de colección Family Tree (2002), una edición limitada con esmerada presentación, que contiene 5 mini-CDs con varias de sus facetas: raíces, beats y cuerdas, además de un CD con el Greatest Hits escogido por ella. Y para culminar la muestra histórica, fue lanzado Live Box (2003) una representativa caja que recoge su sonido en directo durante cada una de las giras que acompañaron a Debut, Post, Homogenic y Vespertine.

 Medulla: esencia, sustancia

Después de todo ese bagaje, Bjork tenía preparado un regalo especial: Medulla (2004), un disco arriesgado, complejo y desinhibido, que presentaba diferencias sustanciales respecto a sus discos anteriores. Un elemento notable y fundamental fue que los instrumentos se habían ido casi por completo, cediendo el protagonismo a la inconfundible voz de Bjork.

Medulla (titulo referido a “sustancia”, “esencia”) explora el poder de la voz humana, mediante un ritual de voces, unas veces prístinas y delicadas,  sublimes y eróticas, otras veces arropantes y desgarradoras. Una miríada de capas vocales inunda este disco compuesto por 14 composiciones, muchas de ellas cantadas en islandés, un idioma que encaja muy bien en el concepto del disco. Pocos vocalistas se atreven a trabajar con decenas de diferentes pistas de su propia voz, por ello vienen a la memoria los nombres de Peter Hammill, Meredith Monk, Susan Deihim o Robert Wyatt.

El abanico es amplio: desde la meditativa “Desired Constellation”, pasando por la sensualidad de “Mouth´s Cradle” hasta terminar en el pulsante techno de “Triumph of a Heart”, hay mucha emociones.

Pequeñas viñetas vocales como “Show me Forgiveness”, “Oll Virtan” y “Miðvikudags” poseen la virtud de acariciarnos. “Vokuro” es una vieja pieza islandesa para piano reinterpretada con un coro de 20 voces.

El vínculo con el pasado reciente lo representan la brillante “Who is It” y “Oceania” el tema usado en las Olimpiadas de Atenas. Hay invitados sorpresivos que ayudan a modelar un disco memorable. El Icelandic Choir arropa buena parte del disco, el incombustible Robert Wyatt pone su voz en “Submarine”, uno de los puntos álgidos en los que solo se oyen espesas capas de su particular voz entremezclada con la de Bjork, mientras Mike Patton (Faith No More) coloca su voz en “Pleasure is all Mine” y unos intimidantes coros en “Where is the Line”.

Grabado en 18 locaciones distintas, incluyendo New York, Venecia, La Gomera (Islas Canarias), Londres e Islandia , Medulla fue un disco que no persiguía el inmediatismo ni las listas de éxitos. La revitalizante utilización del más antiguo de los instrumentos, la voz, lo convirtió en un disco intuitivo y fascinante, piedra angular de la música de nuestro tiempo que sobrevive incólume el paso del tiempo.

Juan Carlos Ballesta