Bob Dylan: medio siglo de “Nashville Skyline”

Bob Dylan: medio siglo de “Nashville Skyline”

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Bob Dylan

Bob Dylan
Nashville Skyline
Columbia.1969. EE UU

La música de Bob Dylan permanece como el alimento diario del alma. Dylan es el transmisor de la palabra necesaria y adecuada, aún con su irreverente acento y su usual crónica social. Es el compositor que se transforma en poeta convirtiendo un bucólico instante en la más profunda reflexión.

Tal es el caso de ““Sad Eyed Lady of the Lowlands”” (Llanera de ojos tristes) o su antibélica propuesta en “Knockin’ on Heaven´s Door” (Tocando a la puerta del cielo). El chico rebelde de Duluth, pequeña ciudad al noreste de Minnesota, quedó en los recuerdos de los atribulados años 60, pero aún sigue compartiendo su peculiar visión de una buena parte de la vida diaria del estadounidense, entre otras tantas cosas. Guitarra y voz, ríos de contundentes sentencias donde se bañan los más finos versos que brotan de un corazón inquieto que a veces parece haber pactado con el diablo, así es el arte de Robert Zimmerman.

Hoy tú y yo celebramos parte de su vida artística a través de medio siglo de su noveno trabajo discográfico, Nashville Skyline (Horizonte de Nashville)

Allí está con una mano en la guitarra y la otra en el sombrero dándonos la bienvenida al “Horizonte de Nashville”. Es la imagen de la carátula de nuestro celebrado álbum. “Si viajas a una feria campestre del norte, donde  los vientos golpean fuerte la frontera, recuérdame como uno que vivió allí, porque una vez fue ella mi amor verdadero”. Así inicia “Girl from the North Country” (Chica del campo norteño) (incluida originalmente en el álbum The Freewheelin’ Bob Dylan de 1963), pero en esta versión remozada Dylan alterna el grande del folk/country, Johnny Cash. Los sencillos y acompasados acordes nos recuerdan a “Lay, Lady, Lay”, el sexto surco de este álbum y que más adelante comentaré.

Le sigue a esta romántica y nostálgica pieza un ragtime titulado “Nashville Skyline Rag”. El instrumental trae a la memoria al célebre compositor Scott Joplin, uno de los más representativos músicos de este atractivo género musical, popular a comienzos del siglo 20. Destacan en la pieza la armónica de Dylan, la metronómica rítmica de Kenneth A. Buttrey, el steel guitar de Peter Drake y el dobro (marca de un tipo de guitarra con resonante sonido metálico) de Norman Blake.

En el tercer surco Dylan va a lo personal con “To Be Alone With You” (A solas contigo). Un tema teñido de blues donde Mr. Zimmerman cuenta: “A solas contigo, solos tú y yo, ¿no me digas de veras que no es así como ha de ser, abrazados con fuerza mientras dura la noche, todo va bien cuando estoy contigo a solas”. Al fondo podemos apreciar el órgano de Bob Wilson acompañando a Dylan que en este noveno disco se nos presenta con una voz ligeramente diferente, su característico tono nasal parece haberse suavizado.

El tema es seguido por el dramático “I Threw It All Away” (Lo eché a perder todo): “La tuve en mis brazos, dijo que se quedaría para siempre, pero yo fui cruel, me porte como un tonto, lo eché todo a perder”. Este tema representa bien el concepto del álbum, temas de sobrada sencillez que relatan historias de amor. Dylan es íntimo y profundamente sentimental. El verso final lo dice todo: “Si alguien te ofrece su amor, acéptalo de corazón, no dejes que se pierda, porque una cosa es cierta, sin dudas sufrirás, si lo hechas a perder”

“Peggy Día robó mi pobre corazón, ¡qué más puedo decir!, me encanta pasar la noche con Peggy Día.” Un cierto tono jocoso tiene la voz de Bob en esta canción, “Peggy Day”, con la que cierra el lado A. Algo así como “bueno que se le va a hacer.” El cantautor se nos revela en esta estrofa, “Incluso antes de saber su nombre, ya la amaba igual, y se lo digo a todos vaya a donde vaya, así sabrán que ella es mi mujercita, y que la quiero mucho”. Dylan siempre nos conmueve las más profundas fibras, aún en sus momentos de mayor sencillez.

El momento de nuestro álbum está en este instante de cuatro acordes titulado “Lay, Lady, Lay” (Échese, Dama, Échese) donde el country crooner nos dice: “Échese, dama, échese, échese, dama, échese, cualquier color que pase por su mente, yo se lo mostraré y lo verá reluciente, échese, dama, échese, en mi lecho de latón, quédese con su hombre, quiero ver su sonrisa hasta que rompa el día, tiene manos limpias y ropas asquerosas, y de cuanto he visto, es usted la mejor cosa”.

En un franco lenguaje country, Norman Blake destaca con un solo de “dobro en “One More Night” (Otra noche más). El genial cantautor nos dice: “Una noche más se ven las estrellas, pero esta noche voy como alma en pena, la luna resplandece, y todo alumbra, pero esta noche no hay luz que me ilumine”. En este instante apreciamos que no hay pérdida en esta obra discográfica. Cada tema es una pintura personal donde la honestidad está a flor de piel y donde no hay ni una nota más ni una menos. Dylan, con unos sólidos músicos de soporte, nos presenta un poco de rock, blues, rag, country y folk, que son vehículo perfecto de estos episodios amorosos.

En “Tell Me That It Isn’t True” (Dime que no es verdad), Dylan escucha rumores por doquier que le dicen que ella piensa plantarlo y él sólo quiere una cosa, ¡que le digan que eso no es verdad! El tema es seguido de una breve pieza de 1’39” titulada “Country Pie” (Torta campesina), una pieza alegre que nos abre el apetito con su tercera estrofa: “Fresa, frambuesa, lima y limón, ¿Qué más da? Arándano, manzana, cereza, auyama y ciruela, cariño llámame a comer y ahí estaré”. Termina con un abrupto y anti climático fade out.

 

Tonight I’ll Be Staying Here with You” (Esta noche me quedó aquí contigo), es la última canción de este excelente disco donde cada pieza es terreno común para el amante más versado. Como diría aquella canción, “todos hacemos de tonto alguna vez”. Claro, Dylan nos deja ver que no siempre es malo y acá nos dice: “¿Qué hay de raro en el amor de un forastero, me hechizaste y sucumbí, me cuesta mucho partir”. Habrá de saber si ella aceptó, Dylan nos deja esa respuesta a nuestra imaginación.

La amplia discografía de Bob Dylan representa una obra de estudio necesaria. A lo largo de casi unos cuarenta álbumes, el compositor nos abre las puertas de un mundo lleno de controversias, historias amorosas, denuncias sociales y otros aspectos de la vida que al paso de los años le han convertido en uno de los músicos más influyentes de la música popular. Desde los días de su homónimo álbum debut en 1962 hasta Triplicate  de 2017, Bob Dylan se ha mantenido como una de las figuras más relevantes de la música popular. Cientos son los músicos que han versionado sus temas.

Con Nashville Skyline Dylan realizó su primera gran inmersión en la música country, un año después de los asesinatos del líder activista por los derechos civiles Martin Luther King y del senador al que todos creían el próximo presidente, Robert Kennedy, en medio de las protestas en las principales ciudades, la llegada al poder de Richard Nixon y la extensión por unos más de la guerra de Vietnam. Muchos vieron en este disco, menos comprometido políticamente, una especie de claudicación, pero lo cierto es que fue todo lo contrario, ya que con él ayudó a desmontar las barreras que existían entre la conservadora escena country y las nuevas audiencias, precisamente con un sensible y atemporal puñado de canciones que convirtió a este disco en uno de sus más vendidos.

Medio siglo después, sigue siendo un placer escuchar estas 10 canciones.

Leonardo Bigott