Camel: la digna sobrevivencia de una especie (Madrid / Sept 3, 2018)

Camel: la digna sobrevivencia de una especie (Madrid / Sept 3, 2018)

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Camel

Camel

Sala But, Madrid

(Septiembre 3, 2018)

 

Qué duda cabe que Camel es una de las agrupaciones más queridas y respetadas de aquella maravillosa camada surgida a comienzos de los años 70 en Gran Bretaña que delineó el rock progresivo y sinfónico. Aunque el cuarteto inglés publicó su homónimo debut en 1973, cuando ya los más grandes clásicos habían sido editados, pudo ganarse un espacio propio con un sonido limpio, menos complejo, emotivo, melódico y gentil. Quizá eso haya sido la clave para que su sonido fuera aceptado por otros no tan adeptos a los vericuetos instrumentales de bandas como Yes, Emerson Lake & Palmer, King Crimson, Gentle Giant, Jethro Tull o Van Der Graaf Generator.

Camel en sus comienzos se ganó una inmensa cantidad de seguidores gracias, sobre todo al trío de álbumes que siguieron al debut: Mirage (1974), The Snow Goose (1975) y Moonmadness (1976), todos ellos con la formación original que incluía a Peter Bardens (teclados, voz), Andy Latimer (guitarra, flauta, voz), Andy Ward (batería) y Doug Ferguson (bajo, voz).

A partir del siguiente álbum, comenzarían a sucederse los cambios que conllevaron a que Latimer se hiciera con el liderazgo y quedara como el único miembro original. No fue un camino fácil para él recuperar el tiempo a partir de 1984 cuando se produjo la primera pausa de siete años. Los 90 produjeron tres discos de estilizadas composiciones, aunque no tan impactantes como los primeros. Poco después de Nod and a Wink (2002) –último trabajo en estudio hasta ahora, del que no tocaron ningún tema- recrudeció la enfermedad de Latimer, la cual comenzó a manifestarse en 1992 y que casi termina con su vida. Andy necesitó un trasplante de médula ósea en 2007, tras de lo cual necesitó un largo tiempo de recuperación. Finalmente, en 2013, Latimer volvió al ruedo con la misma banda conformada para aquel disco de comienzo de siglo: el bajista Colin Bass (su amigo y parte de Camel desde 1979) y los canadienses Denis Clement (batería) y Guy LeBlanc (teclados). Sin embargo, este último murió en 2015 y fue momentáneamente sustituido por el holandés Tom Scherpenzel, líder de la banda Kayak, que ya había sido parte del Camel varias veces, hasta que finalmente recaló el increíble Pete Jones, la verdadera revelación de este Moonmadness Tour, tocando todos los temas a la perfección, logrando sonar como el mini moog de Peter Bardens, además del ser el vocalista en varios temas y destacando puntualmente con el saxo. Jones perdió la visión cuando era niño y la música ha sido desde entonces su vida. Desde hace unos años trabaja en el mundo del progrock con el nombre de Tiger Moth Tales.

La Sala But estaba a reventar. El calor llegó a ser sofocante. Aunque como cabía esperar para una banda con 45 años de historia, el público mayoritariamente superaba los 50 años (más hombres que mujeres, estigma eterno del rock progresivo), pero fue reveladora la presencia de buena cantidad de jóvenes, algunos en compañía de sus padres. Todos, sin excepción, se sabían el repertorio al dedillo y no ocultaban su fascinación, a tal punto de lograr conmover a Andy Latimer quien al final casi llora al comprobar la devoción del público madrileño. No es de extrañar que esto pasara, ya que durante su etapa dorada en los 70 los LPs de Camel fueron editados en España, incluso en ediciones especiales como aquel doble vinilo que agrupaba a Mirage y The Snow Goose.

Siendo fieles al nombre del tour y tal como ya habían hecho con el Snow Goose Tour, la primera parte del concierto fue dedicado a repasar el fabuloso e inolvidable Moonmadness, íntegramente y en el mismo orden que fue concebido en 1976, un año en el que el mundo de la música transitaba de unos años de riesgo, aventura y excesos, a una etapa más cruda, directa y no menos interesante, encarnada en el punk y la consiguiente era post punk. Allí, en ese año de transición, cayó Moonmadness, para seguir complaciendo a los fans del rock progresivo.

Con la original “Aristillus” sonando de fondo, salieron los cuatro músicos para acometer inmediatamente “A Song Within a Song”, ante la euforia de la audiencia, que se puso el listón muy alto ya desde el comienzo. Latimer turnándose entre guitarra, flauta y voz, mostró desde el comienzo su gran forma. Es como el ave fénix. “Chord Change” ratificó el alto nivel, sumando ese grado de melancolía implícito en los pasajes más calmados, que en su momento nos recordaban a Focus, tanto por la flauta como por la guitarra prístina. Sonaron a gloria ambos temas. Luego Colin Bass vocalizó la exquisita “Spirit of the Water”, con esa distorsión característica en la voz, el evocador piano eléctrico y la flauta dulce. Ojos cristalinos se veían en primera fila, algo que se repitió a menudo. Ese es el poder de la música sincera: activa el sentimiento de nostalgia más genuino. Latimer y otros como él que han aportado grandes obras en sus años de juventud, lo saben. No necesitaron visuales ni efectos especiales para conmover.

Siguieron con lo que conformaba el lado B de Moodmadness, tres temas fabulosamente interpretados. Comenzaron con “Another Night”, cantada estupendamente por Jones. Luego la flauta pastoral dio inicio a “Air Born”, con otras de esas interpretaciones de guitarra magníficas que comenzó con una pequeña equivocación que el público perdonó aplaudiendo, mientras el gesto facial de Andy lo reconocía. Es un tema de espíritu relajado, de textura aterciopelada, cantado por Jones.

A Latimer no le hacen falta sino dos guitarras, una Fender Stratocaster y una Gibson Les Paul para hacer delicias o irrumpir con poderosos riffs. El comienzo de “Lunar Sea” fue otra muestra de habilidad de Jones, no solo por lograr los sonidos que realizaban los recordados String Solina Ensemble y el Mini Moog de Bardens, sino por su interpretación en la que no le faltó una sola nota. La ágil base rítmica de Bass y Clement fue el hilo conductor de uno de los temas clásicos de Camel, cuya parte final nos regaló uno de los momentos más intensos de Latimer.

Ante los aplausos desbordados y un “muchas gracias” de Andy, anunciaron una pausa de 10 minutos. Misión cumplida: habíamos disfrutado al completo de uno de los discos más memorables de los años 70, quizá el mejor de Camel.

Al regresar comenzaron con “Unevensongs”, estupendo tema del siguiente disco, Rain Dances (1977) en el que se produjo el primer gran cambio en la formación con la entrada de los legendarios Mel Collins (saxo, flauta) y Richard Sinclair (bajo, voz), sumando una rama el árbol genealógico hacia King Crimson y otra hacía el sonido Canterbury a través de Caravan y Hatfield & The North. Avanzaron hacia el disco de 1979, I Can See Your House From Here (el primero que grabó Colin Bass), con el tema “Hymn to Her”, que traía nuevas influencias como la de Happy the Man a través del nuevo teclista Kit Watkins y del primer Genesis con Phil Collins (que sumaba percusiones). Fue una sorpresiva y muy celebrada inclusión, cantada muy bien por Jones, y no la única escogida de aquel disco.

Exceptuando a Moonmadness, el álbum más representado fue Dust and Dreams (1991) del cual eligieron tres temas, comenzando por “End of the Line”, que quizá para muchos estaba algo olvidado. Sin embargo, fue uno de los momentos más logrados ya que la pieza comienza con un fragmento vocal envolvente para transformarse en un poderoso blues en una interpretación que de largo supera la original. De “Harbour of Tears”, aquel álbum conceptual sobre la dolorosa separación de una familia irlandesa, abordaron la épica “Coming of Age” en la que se luce Clement. De todas, quizá fue la menos emocionante. “Rajaz”, que la da nombre al disco de 1999, fue en cambio un momento álgido. Es un tema que posee una atmosférica introducción y luego se desarrolla un blues de grandes proporciones muy a lo David Gilmour, con una guitarra que llora sobre una base rítmica que dosifica perfectamente su potencia y un colofón apoteósico con el gran solo de saxo de Jones, mientras la gente aplaudía y gritaba llevando el ritmo. Fue ideal como preámbulo para la extensa “Ice”, sin duda una de las mejores piezas del repertorio Camel, también del disco I Can See…, con una introducción lánguida y bucólica, en la que interactúan la guitarra y un sinte, ambos con sonidos cristalinos, mientras poco a poco se produce un crescendo que hipnotizó al público.

Entonces sobrevinieron los temas más hard rockeros de la noche, “Mother Road” –con su melodía triunfante- y “Hopeless Anger”, ambos de Dust and Dreams, que sirvieron para desplegar toda la camaradería entre Bass y Latimer, y entre ambos con el público. Sin duda, estos temas han agarrado vuelo con el paso del tiempo, sin algunos de los corsés que dominaban las grabaciones de Camel en los 90, cuando quizá se sintieron algo abandonados.

Tras otro agradecimiento, se despidieron apropiadamente con el emotivo tema “Long Goodbyes” del disco Stanionary Traveller de 1984. La estruendosa ovación, con todo tipo de vítores y gritos de admiración, los trajo pronto de vuelta para ponerle la verdadera guinda al concierto con “Lady Fantasy”, clasicazo del álbum Mirage (1974), una de esas piezas legendarias que mueve cimientos. “You guys….fantastic!!”, decía Andy antes de tocarla, a la vez que presentaba a los músicos.

Superando las expectativas, Camel nos regaló dos horas y media de generoso e inspirado performance, tiempo durante el cual los cuatro músicos dejaron todo sobre el escenario. Latimer, ante las muestras de agradecimiento, expresó que pocas audiencias como la de esta noche en Madrid. Y tenía razón.

Juan Carlos Ballesta (Texto, fotos y videos *excepto “Lady Fantasy”)