Cartografías Sonoras: la curiosidad como inspiración

Cartografías Sonoras: la curiosidad como inspiración

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Cartografías Sonoras

Cartografías Sonoras
Círculo de Bellas Artes de Madrid
(Marzo, 2019)

Durante el mes de marzo se realizó un interesante ciclo en el Círculo de Bellas Artes titulado “Cartografías Sonoras” a lo largo de cuatro miércoles. La coordinación estuvo a cargo del músico Javier Paxariño, por lo que ya había una garantía de calidad y criterio que invitaba a no perdérselo. Además de la trayectoria y el nivel de los músicos participantes del ciclo, privaron dos ejes importantes en su selección: la curiosidad como motor creativo y el proceso artístico de músicos que habían trabajado con raíces musicales o música tradicional, para modernizarla.

El ciclo se llevó a cabo en la Sala de Juntas del Círculo de Bellas Artes, lo que permitió una cercanía real a los músicos y sus instrumentos para intercambiar con ellos sobre su historia, sus técnicas, su inspiración y sus procesos artísticos. Ladosis logró estar presente en tres de las cuatro charlas, las cuales reseñamos en esta crónica. La selección de Javier Paxariño no sólo demostró ser muy acertada, sino que parte del gran éxito del ciclo fue contar con su conducción en las charlas, que creó un ambiente marcado por su sensibilidad artística y humana, lo que permitió una mayor proximidad entre asistentes y músicos. Esperamos que ciclos tan interesantes como éste sigan contando con este espacio para futuros encuentros.

Luis Delgado: La música sin prisa

(Marzo 13, 2019)

El encuentro con Luis Delgado se inició con una deliciosa pieza a dúo con Javier Paxariño, “La rosa florece”, del repertorio sefardita. La conversación entre ambos se desarrolló de forma muy amena y con un repertorio inagotable de historias interesantes en que el músico habló de sus facetas como multinstrumentista, compositor y productor tras casi cinco décadas sobre los escenarios en que ha transitado caminos que van desde la composición de bandas sonoras, a la grabación, o la interpretación.

Tras una pregunta inicial de Paxariño, Luis Delgado nos relató cómo fue su primer contacto con la música. “En el barrio donde yo vivía en la zona norte de Madrid había muchos músicos y teníamos los ojos puestos en ellos. Rafa y Chema Fortes tenían un local de ensayo en una de las parroquias de mi casa. Recuerdo que tocaban ‘La casa del sol naciente’ y me dejaban atónito. Todas esas experiencias se sumaban a las de la música clásica. Logramos ser oyentes de una amplia gama de cosas. Mi primera banda fue casi del colegio y tuve mi primer theremin en esa época. Tocaba la guitarra. En las agrupaciones musicales en las que participábamos además convivíamos chavales de catorce años y señores de setenta en un autobús”.

Sobre su evolución musical posterior comentó: “A mí me dio desde el principio por tocar cosas raras y tocaba archilaúd. El salto lo pegué en el grupo Imán (Califato Independiente), época en que se me abrió otro concepto musical. En ese entonces podías ir a un concierto de Weather Report y luego a uno de María Dolores Pradera. Luego India irrumpe en nuestra vida de la mano de George Harrison y ese fue un cambio, empecé a hacer yoga y a explorar otras cosas. El bajista de Imán era Iñaki Egaña y el primer guitarrista Manolito Imán. Yo tocaba la segunda guitarra, la de efectos. Antes de Imán el desafío era comprarse una guitarra eléctrica ya que era muy cara. Para comprármela hacia las láminas de dibujo lineal a todo el instituto. Mi primera guitarra fue una Egmond. La guitarra costaba dos mil seiscientas pesetas. No pude conservarla porque tuve que venderla para comprarme una guitarra de doble mástil. Después de Imán tuve la suerte de empezar a trabajar en RCA, cuando volví del servicio militar con diecisiete años, lo que era como poner a un niño a trabajar en Disneylandia. En esa época en Madrid había dos estudios de grabación. En este cabía una orquesta sinfónica y un coro. Por ese estudio pasaban todos los artistas. Dormíamos tres horas al día porque tu vida era ir al estudio”.

Luis Delgado contó que esa época marcó su vida porque en el estudio abrió aún más el abanico de escucha. Cuenta que lo impregnaron desde encuentros para grabar con los payasos de la tele (Gaby, Fofó y Miliki) a grabar a Rocío Jurado con orquesta en directo.

Cartografías SonorasA petición de Paxariño, Luis Delgado relató cómo llegó a grabar el disco de Música Urbana: “El sello disquero era Zeleste (sello esencial que aglutinó a una gran cantidad de músicos entre los años 60 y 70), dedicado al rock catalán. Ellos pidieron grabar en RCA en Madrid todos los discos del sello y de esta forma vino Música Urbana, cuya plantilla musical era inmejorable. Como era un gran estudio, podíamos meter horas que sobraban de otras grabaciones para poder financiar proyectos que de otra forma no se hubieran hecho y así logramos grabar a Música Urbana. Nosotros vivíamos gracias al gran volumen de la industria”.

En este punto Delgado mencionó la gran calidad de del grupo Hispavox, para pasar a relatar luego la historia de Atrium Musicae: “Luis Paniagua, Juan Alberto Artetxe y yo teníamos una amiga común que decía que debíamos conocernos, así que nos presentó a los tres y se marchó. De ese encuentro salieron muchos proyectos y fuimos correligionarios mucho tiempo. Javier Coello y yo entramos en Atrium Musicae y Paniagua nos arrastró como una bola de nieve a través de la música medieval, la música andalusí y hasta a una fantasía con la música en Grecia. Luego llegó el Codex Glúteo y todo lo grabó Hispavox”.

Luis Delgado reflexionó en la conversación con Javier Paxariño sobre la evolución de la industria discográfica con cierta pincelada crítica, lo que lo llevó a dejar ese espacio: “Cuando entré en la industria los directores de las compañías eran músicos o venían de la música, traían la chispa de lo artístico y elegían el repertorio de la mano con el artista. Unos años más tarde los directores de la compañía eran vendedores, por directores de marketing y el lenguaje se empezó a hacer totalmente ajeno a la música. Ese fue el principio del fin”.

Sobre su paso a la música tradicional comentó que lo dio cuando grabó al músico Emilio Cao y trabajó junto con Manuel Luna. Delgado contó que produjo los últimos dos discos de Nuestro Pequeño Mundo y que fue una experiencia impresionante: “Joaquín Díaz empezó a tocar música tradicional de todo el mundo y fue cerrando el foco hasta que empezó a grabar música de su pueblo, cosa que nos pasó a todos”.

Delgado comentó cómo la tecnología tuvo un peso muy importante en todo: “de pronto se le cayó un cero a los costos de las cosas. Un magnetofón se podía comprar. De pronto podías grabar todo en tu casa, música para series en un portaestudio de ocho pistas. Así que la energía de todos estaba concentrada en la grabación”.

Sobre su afición a acumular instrumentos, dijo: “Estando ya en Torrelodones un amigo me propone asegurar mis instrumentos. Al contarlos notamos que ya tenía 400. Fui acumulándolos durante mucho tiempo y si no los hubiésemos tenido hubiera sido imposible hacer muchas cosas. En esa época no había samplers. Cuando fui a comprar la nyckelharpa en Suecia no había manera de conseguirla, por ejemplo. Luego empecé a buscar pueblos para instalarnos y al final Joaquín nos animó a irnos a Urueña y aún los precios eran accesibles. Unos años después pudimos tener el museo de instrumentos que tenemos hoy”.

Sobre el ser multinstrumentista Luis Delgado explicó lo que le da cada instrumento: “yo he tocado siempre más cuerdas pero la zanfona me ha dado muchas cosas. Las percusiones tienen la gratificación de que te olvidas de todo y tienes que apoyar a los compañeros. Pero el theremín un instrumento verdaderamente excepcional, me ha dado mucha inspiración. El bajo también te impregna”.

Delgado comentó que ha grabado unos 150 discos en colaboraciones, añadiendo que no para de grabar. Está a punto de sacar un disco de bandas sonoras de cine clásico: “la gente ya no reconoce lo que es el cine clásico, así que vamos a llamarlo cine arqueológico. Tenemos un proyecto de hace un tiempo que se llama Mecánica Popular, que es ‘música electrónica con muy mala leche’. Pasamos de la música medieval a Mecánica Popular sin problema. El no tener una visión tan sesgada en un solo estilo te abre muchas posibilidades”.

Al final, la charla cerró con otra hermosa pieza a dúo con Javier Paxariño.


Germán Díaz: Música para manivelas

(Marzo 20, 2019)

Entrar a la Sala de Juntas es descubrir una serie de instrumentos mecánicos sobre la mesa para una charla que prometía sorpresas, además de mostrar a la zanfona en lugar estelar. Germán Díaz ha formado parte de proyectos musicales por todo el mundo, que van desde la Viellistic Orchestra (orquesta de zanfonas asentada en Francia) o Symphonía Quartet (cuarteto ibérico de zanfonas), hasta formaciones como Tasto Solo, con repertorios para instrumentos de tecla de los siglos 14 y 15, o bandas de jazz.

Germán empezó su interesante charla explicándonos sobre la zanfona y parte de los caminos que ha transitado en sus 1000 años de antigüedad. Con un proyector, el músico nos mostró mapas con las rutas del Camino de Santiago y los recorridos paralelos de la zanfona, así como rastros de su paso por cuadros y testimonios del arte y la historia. Así vimos la zanfona presente en el infierno de “El jardín de las delicias” de El Bosco, en la foto de Béla Bartók ejecutándola o con el zanfonista de “El ciego músico” de Goya, con el comentario de que los ciegos usaban en ese entonces el instrumento como base de sus coplas.

El músico nos fue explicando a los presentes el funcionamiento de la zanfona, profundizando en una variedad de detalles interesantes o bromeando con el público: “la cuerda rítmica es la cuerda más singular del instrumento porque ningún otro lo tiene”, “un zanfonista se pasa media vida afinando y media vida tocando desafinado”, cuando menciona la dificultad de afinar 15 cuerdas que además son sensibles a la humedad.

Cartografías SonorasGermán maneja un sinfín de fechas de creación de instrumentos, dueños de patentes y curiosidades de la zanfona y todos los instrumentos mecánicos que nos fue mostrando y que  alternando con canciones y sonidos, como la primera voz grabada de la historia de la humanidad. Hizo mención de que en su desarrollo la zanfona pasó a ser una lira organizzata creada para Berge de Toulouse en 1771, que luego desapareció y la cual él también ejecuta.

Mientras proyectaba una serie de imágenes de instrumentos mecánicos en la pantalla hablaba de su desarrollo personal y el de los instrumentos haciendo entretenida la cantidad de información que recibíamos: “El primer instrumento mecánico se inspiró en los telares y se usaba con papel perforado porque era un material barato con el que podías hacer canciones de longitud infinita. El rey de los instrumentos de la música mecánica es la pianola. Son unos instrumentos que tienen un sonido decadente que me gusta mucho. Me influenció el que mi padre invirtiera tanto tiempo con los mecanos. En los talleres con niños he visto que los instrumentos mecánicos son una buena forma de llamar la atención de los niños hacia a música”.

Cartografías Sonoras Cartografías SonorasEs evidente el disfrute de Germán Díaz en la experimentación con los instrumentos mecánicos, los cuales interviene, altera, moderniza con agujeros y motores que enciende con pedales para poder ejecutar varios al mismo tiempo, tarea para la que invierte tiempo y que lleva el sello creativo de un inventor en la búsqueda de las piezas adecuadas del engranaje musical de su propuesta.

Entre anécdotas e informaciones en una atmósfera agradable y lúdica, Germán tocó piezas como la “Nana” con una caja de música, una de la compositora Eleni Karaindrou de la banda sonora “La eternidad y un día” de Theo Angelopoulos y una pieza gallega.

Los proyectos musicales de Germán Díaz siempre son abordados con un argumento como hilo conductor. Así nos contó por ejemplo de su trabajo “Método Cardiotónico” en el que usó los vinilos que grabó el Dr. Iriarte con sonidos del corazón de sus pacientes para usarlos con sus alumnos en la enseñanza de la medicina, para que estos pudieran reconocer las cardiopatías. Su padre le hizo llegar los vinilos y usó esos sonidos como base rítmica sobre la cual interpreta instrumentos de manivela, es decir instrumentos mecánicos como la rolmónica cromática (pequeño instrumento de 1928 que incorpora una armónica y un papel perforado que se va girando para lograr el sonido), la caja de música, el órgano de barbaria, además de la zanfona.

Germán nos contó sobre la historia de su proyecto de la música de melodías populares de la Primera Guerra Mundial que le cedieron del fondo de digitalización de cilindros de cera de la Biblioteca de la Universidad de California. Este fondo puede ser apoyado por cualquier persona a través de la página web de la biblioteca, en que se puede apadrinar la digitalización de algunos de los miles de cilindros que poseen. Tras el invento del fonógrafo y los cilindros de cera, Emile Berliner logró llevarlos a discos planos con surcos en espiral en la década de 1890.

Ahora está trabajando en un proyecto sobre el relojero que en el siglo 16 inventó un sistema para subir mecánicamente el agua en Toledo desde el Tajo hasta el Alcázar. Este trabajo incluirá un autómata que toque con los músicos para recordar esa historia, con el objetivo de recordar la polifonía tan buena que había en esa época en Toledo.

Todos los instrumentos mecánicos con los que experimenta Germán Díaz tienen manivela, al igual que la zanfona. Además, nos explicó sobre el proceso para lograr trasladar las notas al papel o cartón que es perforado con un cúter, ya sea dibujando directamente sobre el papel o con un programa de ordenador en el que alimentando los parámetros y las medidas, las notas se traducen en patrones que den ser perforados.

Javier Paxariño le preguntó cómo hace los arreglos para temas como el de Eleni Karaindrou, sobre lo que Germán aclaró que es necesario quitare notas para lograrlo.

Paxariño hace notar lo asombroso de la expresividad que logra Germán Díaz con el instrumento, logrando una increíble demostración de las sonoridades del instrumento al que es capaz de sacarle sonidos similares al de una guitarra eléctrica siendo analógico, por lo que contó que comenzó haciendo mucha electrónica pero que la abandonó al descubrir las posibilidades de la zanfona. “Como nadie sabe cómo suena, puedes hacer todo lo que te da la gana”, agregó.

Una zanfona del mejor luthier del mundo puede costar unos 16 mil euros, contó. Entre las características interesantes que nos mostró de la zanfona que llevó a la charla, fue los imanes que tiene incorporados para que las teclas se puedan repeler y no se caigan. Comentó que casi nadie hace cosas folclóricas con la zanfona y que las grabaciones más singulares del instrumento son las del sello Silex, de un zanfonista francés. En su caso, el sonido es acercado a otros campos por lo general.

El último tema de la charla que interpretó Germán fue uno del nuevo disco, “Rue de begles”, para luego cerrar con una recomendación a modo de broma: “Pagar lo justo por los instrumentos mecánicos, que los ricos pagan mucho dinero porque les vienen muy bien en una casa y luego a los que los usamos nos hunden en la miseria.”


Ismael Peña: Así soy yo

(Marzo 27, 2019)

La última charla del ciclo le correspondió al músico y folclorista Ismael Peña, que ha dedicado su vida a las raíces de la expresión artística popular. Conocedor de los vihuelistas del siglo 16, de los viejos romances y los cantos de trabajo, de amores y la cotidianidad en los pueblos, ha cantado a los poetas que, en muchos casos, le brindaron su amistad. Y en su búsqueda además se ha hecho un gran coleccionista de esas expresiones tradicionales.

Ismael Peña comenzó contando sus orígenes, que lo remontan a un pueblito de Segovia hace ya 83 años en el que su madre trabajaba de maestra. Contó que en el pueblo de su infancia no había luz eléctrica, ni agua y que el único instrumento que había en el pueblo era un órgano, pero agregó que “para un crío de cuatro años cualquier sitio es un paraíso”. Ismael no conoció la luz eléctrica ni la radio hasta que cumplió diez años. Relató cómo las noches eran una oscuridad total, en que las canciones eran su solución particular para ahuyentar el miedo. Así empezó a cantar y a los cinco o seis años le dieron una guitarra a su padre, que empezó a tocar.

Ismael está lleno de anécdotas de su vida, que cuenta al detalle con una memoria increíble. Un viaje al carnaval de Niza cuando era parte de la tuna, lo llevó a Francia donde se quedó a “vivir otra cosa”.

Al igual que en las anteriores charlas de “Cartografías Sonoras”, la conversación con Ismael se alterna con canciones y la ejecución de los instrumentos, muchos de los cuales tienen raíces tradicionales, como utensilios del pastoreo y de las labores del campo. Toca una canción con un cacharro, pero antes cuenta que los pastores salían y tardaban meses en volver a casa, por lo que llevaban este utensilio que servía para todo, hasta como instrumento musical cuando llegaba la fiesta. La siguiente pieza es con una huesera o arrabel, típica de Colmenar de Oreja.

Cartografías SonorasPaxariño comentó que Ismael es además un gran coleccionador de instrumentos y se interesó por conocer los orígenes de esa afición. Ismael contó que su primer laúd lo compró a los 10 años, para lo que “tuve que romper la hucha”. Ya estando en Francia se interesó por la música latinoamericana en 1969 así que se compró un charango, una quena y un cuatro venezolano. Su colección hoy ya asciende a 1200 instrumentos. Pero además dijo que como le interesa la cultura popular, tenía por ejemplo 400 marionetas que acaba de donar a un museo de Cádiz, cerca de 1500 piezas de alfarería adquiridas por el ayuntamiento de Navalcarnero, 800 encajes  y unos 2700 juguetes que quizás responden a sus carencias de niño.

La tercera pieza la tocó con unas conchas de vieras gallegas, dejando impactados a todos con la riqueza de los matices que es capaz de sacarles a unos instrumentos tan sencillos.

Ismael dedicó un espacio de su charla a hablar de su experiencia en París, “un París muy diferente de España”, añade. Allí conoció a Edith Piaf, a Sartre, María Casares que era amante de Camus, a Aznavour, Marlene Dietrich, Claude Lelouch y fue testigo del Mayo Francés. Contó que en Francia cantaba mucho a los poetas y que allí conoció a Paco Ibáñez. Allí Miguel Hernández se le convirtió en una revelación, “una locura”. Sus libros se conseguían porque fueron editados en Argentina y en 1955-56 fue tras sus pasos a Orihuela, donde “encontré portazos y me robé unas hojas de su higuera”, relató sensiblemente emocionado.

Comentó de su cercana amistad con Dalí, de quien contó una seria de anécdotas para perfilar su personalidad “tímida, cuyo juego era para llamar la atención, para ganar publicidad”. También fue un amigo muy cercano de Gloria Fuertes.

Ismael tocó dos piezas más con instrumentos sencillos, pero con una destreza tal, que no se creía la multiplicidad de sonidos que logra: una pandereta, la tapa de una olla combinada con  dedales de metal y un tenedor.

Entre sus reflexiones finales comentó con tristeza que “Madrid es la única capital del mundo donde no hay un museo de la música”. Y añadió diciendo: “yo siempre he hecho lo que me ha dado la gana”.  Se despidió con una gran y emocionante ovación, a manera de homenaje, tras ejecutar el dulcimer medieval con un paisaje de coplas y chotis.

Fátima Miranda: Vocalista ¿o Boca Lista?

(Marzo 6, 2019)

Ladosis no pudo estar presente en el primer encuentro que fue el de Fátima Miranda, pero nos gustaría añadir una breve reseña biográfica y un vídeo para compensar esa ausencia que lamentamos, dados los excelentes comentarios hechos por los asistentes en las charlas posteriores. Fátima Miranda, cuyo extenso trabajo de investigación, desde 1985, combina técnicas vocales orientales, occidentales y de su propia invención, es un símbolo de libertad de pensamiento, estudio consciente y riesgo. Su voz es su instrumento y, en su opinión, no se trata tanto de qué se canta sino de cómo se canta, y es de la práctica de donde emergen las ideas y la inspiración y la libertad. En su encuentro con Paxariño, Fátima Miranda habló de su camino, su técnica y lo poético de su propuesta, en que “solo trascendiendo la técnica y olvidándose de ella se puede llegar a ser uno mismo, una vez que se han integrado y automatizado los mecanismos del canto.”

 

Mariella Rosso