ChameleonsVox: revitalizador viaje al mejor dark rock de los años 80 (Madrid...

ChameleonsVox: revitalizador viaje al mejor dark rock de los años 80 (Madrid / Mayo 5, 2018)

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ChameleonsVox (The Chameleons U.K.)

Sala Copérnico, Madrid

(Mayo 5, 2018)

 

Para aquellos que vivimos de cerca los años álgidos del post punk y que seguimos con especial atención a las bandas británicas representativas del dark rock, siempre quedó la asignatura pendiente con The Chameleons, uno de los más atractivos capítulos surgidos en los primeros 80 de Manchester, una ciudad que ya nos había regalado a Joy Division, punta de lanza de aquel sonido sombrío y opresivo, reflejo del entorno social en que vivían sus jóvenes. El cuarteto conformado por Mark Burgess (bajo y voz), David Fielding (guitarra), Reg Smithies (guitarra) y John Lever (batería), construyó una fiel legión de seguidores, no solo en Inglaterra sino en Europa y varios países de Latinoamérica, pero nunca pudo pasar de ese estatus de culto, probablemente porque dejó de existir prematuramente. El tiempo, sin embargo, se ha encargado, una y otra vez, de reivindicar ese legado, escaso pero suficientemente poderoso.

La agrupación lanzó su primer LP Script of The Bridge en 1983, cuando otras bandas que habitaban el mismo territorio como Echo & The Bunnymen, Psychedelic Furs, The Sound o incluso The Cure, ya tenían un camino recorrido. En plenitud de su creatividad se publicaron What Does Anything Mean? Basically (1985) y Strange Times (1986), con el cual estaban destinados a trascender puesto que habían sido firmados por el sello Geffen y el disco lo produjo David M. Allen, quien había producido a The Cure y Sisters of Mercy. Pero en lugar de servir de trampolín se convirtió en el canto del cisne, ya que en 1987 cuando se disponían a grabar las primeras cuatro canciones para ser parte del cuarto disco, el manager Tony Fletcher murió de un infarto. Las grabaron, pero de inmediato se separaron.  A partir de ahí la relación entre Burgess y los dos guitarristas no ha sido la mejor.

En 1990, Burgess creó el sello Glass Pyramid y editó el EP Tony Fletcher Walked on Water…. La La La La La-La La-La-La con los cuatro temas grabados tres años antes y así ayudar a pagar deudas que el grupo había dejado, pero Fielding lo demandó y el disco no pudo venderse comercialmente. Ninguno de los proyectos que sus integrantes llevaron  adelante luego de la disolución (The Sun and the Moon, The Reegs, Invincible o solos) pudo sobrepasar el impacto creado por aquellos tres álbumes. Quizá por ello se reunieron comenzando el nuevo siglo, arrojando dos discos con versiones unplugged de sus viejos temas y un disco con material nuevo, Why Call It Anything (2001), para volver a separarse en 2003. Compilados y grabaciones en vivo han seguido alimentando la discografía del grupo.

En 2009, Burgess y Lever (fallecido el pasado año) se reunieron para tocar material de su banda con el nombre de ChameleonsVox, un nombre que ha seguido vigente hasta hoy por la imposibilidad de usar el original. Sin embargo, el tiempo que Burgess lleva girando por el mundo tocando las canciones de The Chameleons de manera brillante ha incidido en que casi inconscientemente el nombre alternativo vaya quedando relegado.

Así, como parte de un extenso tour que incluye Australia, China, Norte y Suramérica y muchos países de Europa, pisaron de nuevo España, esta vez con paradas solo en Barcelona y Madrid, con la compañía del dúo serbio afincado en Berlín, Sixth June.

El abrebocas fue una propuesta descafeinada con todos los clichés del synth pop ochentero, e influencias obvias de Depeche Mode, DAF, Propaganda y Yazoo. Laslo Antal, inexpresivo de principio a fin, se encarga de las programaciones y un pequeño teclado, mientras que la vocalista Lidija Andonov tiene la doble responsabilidad de cantar y animar. Lamentablemente su voz se vuelve monótona, ni tiene el carisma suficiente, como quedó demostrado cuando mandó a apagar todas las luces y no filmar nada “para ver qué pasaba”. No paso nada, por supuesto. El trabajo más reciente del dúo es el EP Pleasure, de 2013 y su único LP, Everyone, fue publicado hace ocho años. Hubo, como no, los que disfrutaron cantando sus temas, pero en general el público no fue demasiado eufórico, aunque sí respetuoso.

A las 9:45 aparecieron los cuatro músicos ingleses en tarima, y con apenas los primeros acordes de “Don´t Fall”, la Sala Copérnico, abarrotada de fanáticos, muchos entre 40 y 60 años, hombres y mujeres, explotó. La gran mayoría cantó cada canción y los que se encontraban en zonas menos congestionadas bailaban y tocaban air guitar.

Burgess estuvo acompañado por el sólido baterista Stephen Rice y los guitarristas Chris Oliver (con una Gibson) y Neil Dwerryhouse (con una Fender), quienes desde hace años tienen la difícil labor de hacer olvidar a Dave Fielding y Reg Smithies. A decir verdad, lo logran. Más allá del simbolismo que tiene estar oyendo esas canciones sin tres de los miembros originales que las crearon, hay que reconocer que Burgess sigue conservando su voz en buena forma y el sonido de su bajo Fender Precision sigue teniendo una gran personalidad.

El repertorio de The Chameleons entre 1983 y 86 consta de 33 canciones. Y esa es la fuente a la que acude Burgess, eligiendo habitualmente la mitad de ellas para cada concierto, rotando algunos pocos temas entre uno y otro. Muy probablemente, asistiendo a unos cinco conciertos es posible escuchar dos tercios de ese legado.

Realmente maravilloso fue poder constatar que aquellos temas que fueron banda sonora de muchos de nosotros, siguen conservando la vitalidad. No puede tampoco dejarse de lado el factor nostalgia, pero afortunadamente a Burgess no le pasa como a otros músicos que siguen viviendo de su pasado pero sonando como una caricatura de sí mismos.

A Person Isn´t Safe Anywhere” y “Monkeyland” sonaron estupendas, pero el primer momento álgido ocurrió con “Looking Inwardly”, con la cual ya todos los presentes se sintonizaron. “Perfume Garden”, con las vaporosas guitarras y la melancólica melodía vocal nos condujo por el túnel del tiempo, a momentos en los que se grababan cuidadosamente compilados en cassette. “Up The Down Escalator”, era otra fija en aquellos cassettes, con esa inevitable frase “There must be something wrong boys”… y el final desacelerado.

Swamp Thing”, con su ritmo tribal cercano al viejo U2, se paseó entre las atmósferas oscuras y la luminosa melodía vocal. “Paradiso” sonó mas ruda que en Strange Times, debido a la ausencia de las cuerdas. Otro de los momentazos fue “Mad Jack”, que sigue recordando a Echo & The Bunnymen.

La señal de los redobles de batería en plan Budgie (Siouxsie and The Banshees) siempre anuncia el comienzo de “Soul in Isolation”, uno de los temas más densos y representativos del dark rock de los 80. Muchos pedían “Second Skin” y por supuesto no faltó. El coro es como un himno que hizo entrar en resonancia a todo el local. Fue, además, el tema más largo.

Una de las piezas más intensas siempre resulta ser “Singing Rule Britannia (While the Walls Close In)”, con su referencia a “She Said, She Said” de The Beatles en el tramo final, que sirvió de preámbulo a la nostálgica “View From a Hill”, con la que se despidieron. Sin embargo, como es costumbre aún faltaban piezas tan poderosas como “The Fan and the Belows“, “In Shreds” y “Nostalgia“, con las cuales la fiesta fue ya total.

En 2018 la estética post punk, las vestimentas negras, los peinados abombados o “pelopincho”, son cosa del pasado, aunque haya grupos que todavía la ostenten. Al menos en el caso de Burgess y sus músicos, ataviados de manera sencilla, no hubo ni un atisbo. De cualquier manera, a pesar de su sonido, no fue The Chameleons una banda que en los 80 se prestara a delineadores de ojos, ni gabardinas, ni demasiadas oscuridad en su aspecto. En la audiencia solo unos pocos aprovecharon la ocasión para lucir su pinta dark, especialmente algunas mujeres. En el caso de The Chameleons han quedado las canciones como testimonio ineludible de un período único en la historia del rock y el suyo en particular.

Vivimos la nostalgia, porqué no reconocerlo, pero también la sensación de estar al frente de un artista digno que aún es capaz de emocionar y no parecer un mercader de un pasado glorioso. Sabiendo que muchas bandas actuales beben de su sonido, es de agradecer esta persistencia sin almíbar ni concesiones innecesarias.

Juan Carlos Ballesta @jcballesta