La generosa celebración celta de Carlos Núñez en Inverfest 2019

La generosa celebración celta de Carlos Núñez en Inverfest 2019

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Carlos Nuñez

Carlos Núñez en Inverfest

Teatro Circo Price, Madrid

(Enero 18, 2019)

 

Que cada concierto del reconocido y virtuoso flautista y gaitero gallego se transforma en una fiesta lo sabíamos. Pero siempre hay espacio para la sorpresa y para aportar nuevos elementos en su cruzada por unir las músicas del mundo a través del filtro celta. Carlos es un adalid de la integración de los pueblos, una actitud de agradecer en estos tiempos en los que algunos líderes del mundo intentan justamente lo contrario.

Núñez acaba de publicar La Hermandad de los Celtas, un ambicioso libro de 550 páginas producto de un meticuloso y riguroso proceso de investigación sobre el origen de la cultura celta, su expansión y los vínculos culturales que a través del tiempo se han creado hacia distintos países del planeta. Apenas fue anunciada la presentación en la edición 2019 de Inverfest, las entradas se agotaron en muy poco tiempo. No era para menos, Núñez siempre garantiza un espectáculo de altura, sincero y generoso, fiel reflejo de su forma de entender la música y el mundo. Se notaba sumamente feliz y durante el transcurso de la noche se hizo evidente que había preparado un concierto para que nadie lo olvidara, dando cabida a una inmensa cantidad de músicos invitados.

A las 8:30 de la noche salió Carlos con su gaita, acompañado de su banda y con la alegría de “Reels”, típica forma musical celta, comenzaron, logrando que desde el mismo primer minuto la audiencia aplaudiera siguiendo el compás. Tras los sonoros aplausos de bienvenida, Carlos saludó: “Buenas noches, Madrid. Que rápido pasó un año. ¿Quiénes estuvisteis aquí la última vez? ¿Quiénes asistís por primera vez?”  Muchos levantaron la mano, lo cual dio pie para que inmediatamente y con la generosidad que lo caracteriza, presentara a la banda, que conforman: Pancho Álvarez en la guitarra,  su hermano Xurxo Núñez en la percusión,  el inquieto violinista y bailarín canadiense Jon Pilatzk –miembro también de la reciente encarnación de la longeva agrupación irlandesa The Chieftains- y la navarra Itsaso Elizagoien en la trikitixa, un acordeón pequeño diatónico de origen italiano. Ella misma describió su instrumento y presentó el siguiente tema en el que Carlos tocó por primera vez la flauta, dando paso a un extracto del “Bolero”, una estupenda adaptación de esa inmortal composición de Maurice Ravel.

Tras este trío de temas, Carlos asumió su faceta didáctica por primera vez explicando que la música celta no es una cosa reciente sino que viene de miles de años atrás y a través del tiempo ha viajado mucho. “Como dicen los arqueólogos, esto es una ‘long due’, un largo viaje. Esto no viene de los años 70 ni de la ‘new age’. El caso es que vamos a comenzar a viajar para entender como se ha ido adaptando en el tiempo y saber que hay instrumentos muy importantes para entender la música celta, como el de la época de los bardos, las arpas”, contó, antes de pasar a presentar, “desde aquí cerquita, de Dublín”, a la gran arpista Ciara Taaffe, y además resaltar la labor del legendario arpista ciego irlandés Turlough O’Carolan, que durante el barroco introdujo en las cortes los temas tradicionales, colándolos entre la música italiana y francesa que preferían los mecenas ingleses y la realeza. Taafe interpretó con suma delicadeza y emocionalidad, “O’Carolan Farewell” y el famoso “O’Carolan Concerto”.

Prosiguieron con la exquisita “Ap Huw” y la danza “Cantigas do Pórtico”, anunciadas con simpatía por Ciara. Luego Carlos, con su recorrido didáctico, contó que durante la presentación de su libro en la Universidad Complutense se dio cuenta del gran apoyo de los académicos en pro de dar a conocer la historia de las tradiciones y la nueva visión. Invitó al “gran capitán de la música”, Álvaro Torrente, quien habló del ritmo en la poesía y como hacer para adaptarla a la música. Introdujeron el tema de los cancioneros de palacio, que España tiene los mejores de la edad media y el renacimiento, procediendo a tocar una selección del Cancionero de Isabel La Católica, con elementos celtas.

Núñez explicó el manejo binario con el que los bardos celtas manejaban las composiciones hace muchos siglos: “El ‘1’ significaba calma, como el azul del mar, sin brisa alguna. El ‘0’ en cambio quería decir tensión, el blanco de la espuma del mar cuando hay viento. Ese sistema binario funcionaba en las músicas medievales también. De repente apareció un tercer acorde, algo muy pop”. Entonces irrumpió Pilatzk para tocar el riff de “Smoke on the Water” de Deep Purple, para propiciar que Núñez introdujera un tema de The Who, al que se acercaron cuando tocaron con The Chieftains en un homenaje al cuarteto inglés. Puros “unos” y “ceros” celtas en “Baba O’Riley”, una soberbia versión en la que Pilatzk asumió el rol vocal de Roger Daltrey, con los buenos coros de Xurxo y los animados aplausos del público. Fue, sin duda, un momento álgido inesperado.

Por contraste, lo que siguió fue uno de los momentos más emotivos de la noche. Carlos explicó sobre las transferencias que en Estados Unidos se produjeron entre inmigrantes escoceses, irlandeses y los afro descendientes, y pasó a anunciar que tocarían un tema para el cual necesitaban de un gaitero escocés auténtico en la sala. Así comenzó a sonar la melancólica melodía de “Amazing Grace”, con la gaita líder de Yoann Le Goff saliendo de entre el público, junto a los gaiteros de la New York Pibe Band ubicados en diversos lugares de las tribunas. Fue realmente muy emocionante y hasta ese momento recibió los más eufóricos aplausos.

Una de las grandes sorpresas de la noche fue la participación de Alan Stivell, el influyente músico y compositor bretón que rescató el arpa celta del olvido y que en los años 70 probablemente haya sido el más importante protagonista de la música de origen celta, cantando en bretón y llevando a nuevas audiencias sus composiciones y otras tradicionales. Alan interpretó tres temas, desde el lamento que evoca a la isla más al oeste de la Bretaña Francesa hasta el que podría ser considerado su tema más conocido, “Tri Martolod”(que aparece en su  famoso disco en directo de 1972, À L’Olympia), el cual fue cantado por buena parte de los asistentes.

A partir de aquí, la segunda mitad del show fue una auténtica fiesta en la que de inmediato, apareciendo desde diferentes lugares del Circo Price, se produjo el paseíllo de los gaiteros pertenecientes a varias agrupaciones, que una vez terminado el tema “Entrelazado”, todos ya en tarima, se fueron presentando. Empezó el grupo A Derradeira de Alcalá de Henares, seguido por la escuela de música gallega en Madrid, A Píntega Marela, y luego una representación de los alumnos madrileños del laureado gaitero gallego Daniel Bellón. Varios de los músicos presentaron muy rápidamente las gaitas de Asturias, Mallorca, Aragón y Escocia.

Carlos aprovechó para saludar al ejecutivo de Sony Music que editó su primer disco, José María Barbat, responsable también de los discos de Rosalía, lo que le sirvió para decir: “estamos un poco celosos, es fantástico lo que está haciendo Rosalía, quien hace pop desde el flamenco…ojalá hubiera muchas Rosalías en todo el país, también en el norte. Pero ya estamos en ello, los jóvenes se están inspirando en estas fuentes tradicionales. Esta noche tenemos una mini Rosalía que viene desde Manchester que se inspira en la música celta para hacer pop. Es Amy Eckersley”. Y arrancaron con “Shamrock Shore”, un tema que contó con la dulce voz de Amy.

Otro reconocimiento fue hacia el maestro dulzainero, Fernando Llorente, presente en el teatro. El paseo por las músicas castellanas junto a la agrupación Dulzainas de Ávila fue una maravilla, interpretanto “Cristo del Salmoral”, y dos temas de cosecha propia, “Celtíbera” y “Filigrana Medieval”, que fueron presentadas por el director del grupo, quien explicó que llevan quince años disfrutando y dando a conocer la dulzaina, mezclando la música de los “bretones” de Ávila con la zona íbera del levante español y rescatando la tradición medieval de su ciudad.

Jon Pilatzke tomó entonces el micrófono para anunciar en plan bromista la relación de Madrid con Texas, básicamente como introducción de “Cotton Eye Joe”, un tema que demuestra el vínculo entre cierta música country y la irlandesa. Lo unieron con “Guadalupe (A Rianxeira)”, uno de los temas gallegos más conocidos, que desembocó en el “solo de maleta” que hace Xurxo (al tiempo que va agradeciendo a todos los involucrados) y que luego se convierte en una especie de duelo con Jon, quien mostró sus fantásticas habilidades para el step dance, el exigente y muy singular baile irlandés que desarrolla con The Chieftains (agrupación de la que versionan “Galician Overture”). Sin pausa, continuaron con “Xotes Universitarios”, del disco Alborada do Brasil (2009).

El esperado momento que comienza con el tema “An Dro” -con Alan Stivel, los gaiteros y dulzaineros juntos en tarima- y finaliza con “Rupert’s Mambo” del bretón Fiachra Trench, contó con la siempre entusiasta participación del público agarrado de las manos, bailando y recorriendo el teatro hasta la tarima. Fue sin duda un momento especial de hermandad y celebración.

La recta final del concierto fue con la bucólica melodía de “Greenlands” y el homenaje a su tierra con la emocional “Muñeira de Chantada”, que dejó a todos satisfechos. Fueron dos horas y veinte minutos sin desperdicio, un encuentro lleno de alegría y mensajes de hermandad entre los pueblos del mundo. Sin duda, Carlos Núñez es un vivo ejemplo de la sincera integración de los pueblos del mundo, y un difusor sin igual de la milenaria cultura celta de la cual es un orgulloso heredero.

Juan Carlos Ballesta