Christina Rosenvinge: un fin de gira de fábula

Christina Rosenvinge: un fin de gira de fábula

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Christina Rosenvinge

Christina Rosenvinge
Inverfest 2020

Joy Eslava, Madrid

(Enero 17, 2020)

 

Para una cantautora que ha transitado diversos terrenos dentro del universo pop, Un hombre rubio, representa una cima particularmente valiosa. No la única, por supuesto. En los meses que siguieron a su lanzamiento, le fue otorgado, con todo merecimiento, el Premio Nacional de las Músicas Actuales y en 2019 publicó “Debut. Cuadernos y Canciones”, un libro con todas sus letras y apuntes. Este concierto fue el final de esta excursión particular que duró dos años.

Christina Rosenvinge ha sabido trazarse un particular camino desde aquellos lejanos días de pop adolescente durante la Movida Madrileña en los años 80. Comenzando los 90 comenzó un nuevo camino que años después la llevó a pasar una larga temporada nutriéndose en Nueva York del universo que rodeaba a Sonic Youth, lo que facilitó que contara por bastantes años con una envidiable batería de músicos casados con el riesgo.

Rosenvinge encontró un lenguaje propio y durante los últimos 25 años ha tejido una discografía confesional de altos quilates y ha sabido moverse con inteligencia y mucha sensibilidad dentro de la canción de autor, huyendo de los estereotipos y lo obvio.

Un hombre rubio (El Segell, 2018) fue inspirado por su padre, un ingeniero danés que se instaló en España en los años 50, y que murió en 1991 cuando Christina tenía 26 años y comenzaba su periplo solista. El tiempo y su ausencia la han ayudado a cicatrizar y transformar las carencias en canciones.

Serenidad, confianza en sí misma, fuerza en su discurso musical, pero también timidez y dulzura, es lo que proyecta sobre el escenario. Delante de ella, un público multi generacional que la valora y que ha ido uniéndose a lo largo de varias décadas.

Mágico cierre de ciclo

Acompañada por Juan Diego Gosálvez en la batería, Tony Díaz al bajo, sintetizador y coros,  Alex Herranz en la guitarra y coros, y el gran fichaje de 2020, Irene Novoa -cuya labor en teclados, percusión menor y coros fue magnífica- Rosenvinge apareció con su amable sonrisa y destacable sencillez para comenzar el concierto con el primer trío de temas de Un hombre rubio.

La exquisita “Niña animal” abrió fuegos, tras la cual Christina agradeció a los presentes haber escogido la opción de su concierto por sobre cualquier otra, incluso la de ver una peli en casa.

Enseguida comenzaron a tocar la poética “El pretendiente”, en la que comienza cantando: “El faro del norte perfila su tesoro / El cáliz ha abierto en par, la reina de oros / Con un beso de mi hermana, me confío a las gaviotas / En la luna, la pupila de la reina de copas”. Es la dura metáfora con las barajas españolas del joven africano que cruza el estrecho de Gibraltar para alcanzar el sueño europeo.

“Esta es una noche muy especial porque concluye un ciclo que empezó hace casi dos años cuando tocamos por primera vez Un hombre rubio en este mismo escenario. Muchísimas gracias a los que vinisteis entonces y estáis repitiendo hoy. Este disco nos ha traído un montón de premios y alegrías. Hoy tocaremos todas las canciones juntas por última vez. Con el tiempo se irán transformando e incorporándose a otros repertorios, y alguna caerá en el olvido y será rescatada años después. Es bonito cuando nos encontramos aquí y las canciones eran aún vírgenes y con dos años de experiencia aún les queda vida”, fueron palabras que reflejaron alegría y agradecimiento, pero también una nostalgia prematura.

Continuó con la conmovedora “Berta multiplicada”, dedicada a la hondureña Berta Cáceres, asesinada por defender a un niño, uno de los puntos álgidos del disco.

Sin pausa siguieron con “Jorge y Yo”, una de las canciones emblemáticas de La Joven Dolores (Søster Records, 2011), para luego avanzar hacia “Romeo y los demás” de Lo nuestro (El Seguell, 2015), que dijo escribió para resaltar la importancia de todos los hombres que han estado en su vida o están a su alrededor y “para hacer las paces con todos”. En ella destacó la batería –tribal con toques brasileños- y el delicado trabajo de guitarra, mientras Christina cambiaba guitarra por teclado por segunda vez.

Sobre el “diálogo” entre generaciones que plantea “Pesa la palabra”, comentó que “empecé por imaginar lo que pensaría ese padre silencioso y hermético que no es capaz de comunicar su amor a su hijo. Estoy segura que esto es mucho más común de lo que pensaba. En esta canción sí que lo dice”.

El concierto tuvo otros dos momentazos con “Mi vida bajo al agua” y esa melodía de alegre melancolía en la que canta “La la la, la la la la / son pequeños dolores / entre pálidas flores de puntas de alfiler” y luego “La distancia adecuada”, el más “antiguo” de todos los temas que tocaron (Tu labio superior, 2008), una composición de gran belleza.

El concierto siguió con “Romance de la plata”, un potente tema homenaje a su padre, el cual se originó con la llamada que le hizo la cantaora Rocío Márquez pidiéndole que escribiera un romance flamenco para su disco Firmamento. Esto la llevó a hurgar entre los viejos vinilos de su padre, gran aficionado al cante jondo y quien aprendió a hablar español leyendo “El Romancero Gitano” de García Lorca.

El tema tiene una importancia especial y sin duda es la médula espinal de El hombre rubio por su connotación afectiva. Musicalmente se mueve en un terreno cercano a Nick Cave.

El tema “sexy” del disco -según confesó- es “Ana y los pájaros”, y ciertamente se cuelan ciertas pinceladas Portishead. La complicidad subió con la pegadiza “Alguien tendrá la culpa”, cantada por muchos, para luego introducir “La flor entre la vía”, canción en la que habla la tercera generación, antes de la cual nos bendijo a todos. En ella destacó el trabajo guitarrístico.

Antes de seguir trató de ubicar en el público a la persona que ganó una entrada haciendo croquetas en un programa de TV. No apareció, pero sirvió para que alguna aficionada le sacara una sonrisa con al grito de “¡quiero hacer croquetas contigo!”.

La intensidad fue in crescendo hasta el final. Dos poderosos temas de Lo nuestro, “La muy puta” y “La tejedora”, y luego “Afónico” de El hombre rubio se encargaron de soltar los demonios y hacer que Christina se arrodillara al borde del escenario y gateara sobre él hasta acostarse. Dejaba en claro lo a gusto que se sentía.

Se retiraron del escenario, pero al minuto regresaron. Tras agradecer a su ingeniero de audio “el quinto beatle”, Daniel Richter y a su sello El Segell de Primavera, presentó “La piedra angular”, que compuso pensando en la voz de un crooner pero que terminó cantando ella. Sin duda, es un tema con un ritmo de vals en la línea de Richard Hawley o Jarvis Cocker. Luego de pedir a todos que se abrazaran sentada al borde del escenario, bajó hacia el público y bailó brevemente con varias personas. Fue un gran momento.

Christina RosenvingeLa luna de miel colectiva siguió hasta el final con “La absoluta nada” –con un clímax final tremendo- y la gran “Anoche (El puñal y la memoria)” con su infalible coro “Cuando vuelvo a casa intento recordar / Qué era lo que anoche tenía que olvidar / Fui yo la apuñalada o yo clavé el puñal / Ya es mañana qué más da”.

Ante un Joy Eslava abarrotado, Christina Rosenvinge tejió una inmaculada telaraña emocional con el público, haciendo de este final de gira un concierto inolvidable.

Juan Carlos Ballesta  (texto y fotos)