Delirivm Música: un regalo para el espíritu

Delirivm Música: un regalo para el espíritu

171
Delirivm Musica

Delirivm Música
Festival Internacional de Arte Sacro 2019
Iglesia de Santa Bárbara, Madrid

(Marzo 22, 2019)

 

Dentro de la nutritiva programación del FIAS 2019 hay espacio para una gran diversidad de propuestas, muy en especial, como es obvio, para aquellas totalmente ligadas a la razón de ser de un festival que se adentra en el arte sacro. En este caso en particular se conjugaron todas las variables: compositores, composiciones, agrupación, voces, instrumentos y recinto.

Bajo la brillante dirección de Juan Portilla (flauta de pico y dirección), la agrupación formada en San Lorenzo de El Escorial, Delirivm Música, abordó un programa bautizado como “Sacri Profanis. Misa de Madrid vs Cantatas de Cámara” conformado por composiciones de los italianos Alessandro Scarlatti (1660-1725) y su hijo Domenico Scarlatti (1685-1757), dos compositores esenciales del período barroco y que contribuyeron de manera notable a definir dos formas musicales muy cercanas entre sí, casi complementarias: la misa y la cantata.

Doménico vivió su etapa más productiva en Madrid, requerido como profesor por la Reina Bárbara de Braganza, escogiendo como su lugar preferido para componer Los Jardines del Buen Retiro. Allí escribió muchas de sus distintivas sonatas, a las que impregnó de las influencias del folklore hispano -boleros, fandangos, seguidillas-, que supo rescatar de las calles para transmitirlas con refinamiento al mundo culto de la época.

Doménico tuvo una importante producción vocal: siete óperas, numerosas cantatas de cámara y oratorios de gran calidad musical. De entre todo ello, fue escogida para este programa la Misa de Madrid, de la cual se ignora la fecha exacta de composición y con qué motivo fue escrita.

El desarrollo de la misa de Doménico fue intercalada con cantatas de Alessandro, con lo cual la dinámica del recital en su conjunto fue muy acertada. En las misas la responsabilidad vocal fue de Julieta Viñas (voz alta o altus), Fran Braojos (tenor), Pablo Acosta (bajo o bassus) y Sandra Cotarelo (cantus, es decir, la principal del entramado polifónico). El trabajo de los cuatro fue verdaderamente notable. Mientras, el peso musical recayó siempre en Ismael Campanero (contrabajo), Ramiro Morales (archilaúd y guitarra barroca) y Jorge López-Escribano (órgano y clave), quienes fueron la constante a lo largo de todo el recital.

Así, abordaron la primera parte compuesta por Kyrie eleison I / Christe eleison / Kyrie eleison II / Gloria / Qui tollis / Quoniam /Cum Sancto Spiritu, ante una iglesia absolutamente abarrotada de gente.

La primera cantata de Alessandro que interpretaron fue “Cantata Quella pace gradita. H. 610”, cuya parte inicial instrumental fue una delicia, con Beatriz Amezua al violín, Juan Portilla en la flauta, Jorge López-Escribano en la clave, Morales en el archilaud y Campanero en el contrabajo. Fue el preámbulo para la aparición triunfal de la soprano María Hinojosa, cuyos aportes fueron de alto contenido espiritual.

Con López aun en la clave, continuaron con la segunda parte de la Misa de Madrid, volviendo al formato polifónico. Credo / Et incarnatus est / Et resurrexit / Et in Spiritum Sanctum.

A este punto bueno es reflexionar sobre la única manera en la que hace varios siglos era posible conocer la música, que era asistiendo a un recital. La música de cámara solía ser para un público selecto, no solo por circunstancias sociales, sino también por el carácter acústico de los instrumentos cuya proyección acústica no era ni es precisamente muy potente. Tal es el caso del archilaúd, el órgano o la clave, generalmente opacados por las voces. En este caso, por las características de la iglesia, las voces, violín y flauta, gozaron de mejor alcance.

La segunda cantata fue “Cantata Tu sei quella che al nome (Bella dama di nome santa). H. 743”  con violín, flauta, contrabajo, archilaúd y órgano. Siguieron la misa con Sanctus / Benedictus, con cuatro voces, órgano, contrabajo y archilaúd, y antes de acometer el Agnus Dei –la parte final- interpretaron “Cantata Augellin vago e canoro. H. 68” con la cristalina voz soprano, violín, flauta, contrabajo, órgano y por primera y única vez, guitarra barroca.

Fue un verdadero regalo para el espíritu y una manera ideal para encontrarse con formas musicales de elevada sensibilidad, concebidas en un momento histórico no tan lejano pero muy diferente al actual.

Juan Carlos Ballesta