“Distant Sky” de Nick Cave and The Bad Seeds: Una experiencia mística

“Distant Sky” de Nick Cave and The Bad Seeds: Una experiencia mística

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Nick Cave Distant Sky
Distant Sky: Nick Cave & The Bad Seeds
Live in Copenhague (Dirección: David Barnard)
Cinesa Príncipe Pío, Madrid
(Abril 12, 2018)

 

El 12 de abril era la cita para todo el mundo, al menos para los países que se unieron a ella, de esa única función en que se proyectaría en cines la película “Distant Sky” que registra el concierto de Nick Cave & The Bad Seeds en Copenhague en octubre de 2017 como parte de la gira de presentación de Skeleton Tree (2016), el disco editado por Nick Cave tras la devastadora muerte de uno de sus hijos.

En los últimos años hubo varios documentales sobre Nick Cave. En “One More Time With Feeling” (2016) fuimos testigos del duelo del artista sublimado en  proceso creativo en Skeleton Tree, de cuya atmósfera desgarradora es imposible escaparse. Este documental fue la respuesta a la decisión de no otorgar entrevistas tras una tragedia que había torcido su vida y que es inevitable advertir que marca también un punto de inflexión en su creación artística.

Tras tres años sin actuar en vivo, en 2017 se inicia la gira de presentación de Skeleton Tree y David Barnard, quien ha filmado varios documentales del mundo de la música y ha ganado premios importantes, hace un registro artístico inolvidable del concierto de la gira en Copenhague.

Lo interesante es que lo que empieza siendo una estrategia publicitaria inteligente (un único día de proyección de “Distant Sky” en todo el mundo), termina siendo una experiencia ritual en la que los seguidores de Nick Cave en el mundo se desplazan acudiendo a una cita en simultáneo en las latitudes más diversas, hasta que ya sentados en las butacas de los cines, en un lugar oscuro y en silencio, son atrapados inevitablemente por el potente magnetismo de un Nick Cave que emerge como un gurú ante 16.000 personas, que mal pudiesen ser llamadas  “espectadores” ya que muestra la vivencia de un público y un artista totalmente entregados entre sí. Las canciones del concierto  -la maestría de la película es el haber captado esto a la perfección, la de no aplanar esa atmósfera-  van sucediéndose a medida que la cercanía y comunión con los asistentes se estrecha. Nick Cave luce ante el lente del director como ante una radiografía emocional.

Desde la pieza inicial “Anthrocene”( “Well, I heard you been out looking for something to love/Close your eyes, little worm/And brace yourself”) empieza una catarata de emociones que no ceden en ningún momento y sólo van en aumento a medida que la voz de Cave nos llena de versos de Skeleton Tree como los de “Jesus Alone” (“With my voice/ I am calling you”) o “Magneto” (“In love, in love, in love you laugh/ In love you move/ I move and one more time with feeling”).

El paseo continúa por extasiantes hitos de la producción musical previa de Nick Cave como “Higgs Boson Blues” (de su magistral trabajo Push The Sky Away, 2013); la explosiva “From Her To Eternity”(From Her to Eternity, 1984), “Tupelo”(The Firstborn Is Dead, 1985)”, “Jubilee Street”(Push The Sky Away, 2013), “The Ship Song” (The Good Son, 1990) o “Into My Arms”(The Boatman’s Call, 1997).

El repertorio vuelve a la profundidad melancólica de Skeleton Tree con “Girl In Amber” (“If you want to bleed, just bleed”), “I Need You” (“Nothing really matters anymore, not even today/ No matter how hard I try”), que se interrumpe por un momento con la catárquica “Red Right Hand” (Let Love In, 1994) y la fuerza de “The Mercy Seat” (Tender Prey, 1988). La entrada de Else Torp en “Distant Sky” (“They told us our gods would outlive us/ But they lied”) y la conmovedora interpretación de “Skeleton Tree” (“I called out, I called out/ Right across the sea/ But the echo comes back empty/ And nothing is for free”), ambas de Skeleton Tree, son capaces de erizar la piel hasta al más insensible.

Pero tras una ovación interminable, el encore nos deja atónitos con el clímax de comunión entre Nick Cave y el público que se desarrolla. Unas interpretaciones únicas y dilatadas de “The Weeping Song” (The Good Son, 1990), “Stagger Lee” (Murder Ballads, 1996) y “Push the Sky Away”( Push the Sky Away, 2013) nos muestra que más que ante un concierto, estamos ante una experiencia de otro calibre.

Nick Cave siempre ha sido como un predicador en escena hipnotizando al público, pero en este concierto la experiencia ritual es mutua: Cave baja del escenario y se sumerge entre el público, emerge más adelante cargado por la gente para manejar como un prestidigitador de silencios, palmas, catarsis, una mujer en hombros de alguien es el foco de la unión de manos estilo Capilla Sixtina más post-punk que hayamos podido presenciar, gritos, absoluta paz, desgarre, belleza, amor, plenitud, profundidad, trascendencia… todo ocurre en un concierto, pero en especial en esas tres piezas que culminan con una gloriosa interpretación de “Push The Sky Away”y un largo abrazo en que se funde Nick Cave con un muchacho.

Sería baladí escribir sobre The Bad Seeds, cuyo nombre es sello permanente de la genialidad y presencia conductora de Warren Ellis, el formidable bajo de Martyn Casey, o los imponentes George Vjestica, Thomas Wydler, Jim Sclavunos o Larry Mullins (Conway Savage no formó parte de la gira por razones de salud).

Al salir con el asombro fresco tras una vivencia tan particular dudas de tu percepción del concierto y la película, entonces le preguntas a tus amigos, lees las redes sociales y entiendes que todos captaron lo mismo en todo el planeta y que es imposible una crónica aséptica cuando se mueven fibras tan hondas con la música.

Alguien citaba en sus redes la frase de “Push The Sky Away”: “And some people say it’s just rock and roll/ But it gets you right down to your soul”. Así es. Distant Sky fue una experiencia mística.

Mariella Rosso