El exquisito y otoñal rock de cámara de Efterklang

El exquisito y otoñal rock de cámara de Efterklang

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Efterklang

Efterklang
981 Heritage / SON Estrella Galicia / Houstron Party
Teatro Lara, Madrid

(Octubre 22, 2019)

Pocas bandas han alcanzado en el siglo 21 el grado de sofisticación de Efterklang, proyecto danés formado en el año 2000 en las isla Als y afincada en Copenhaguen, y que luego de 10 discos y buena cantidad de singles y EPs sigue siendo capaz de cautivar y emocionar.

Luego de todo ese tiempo, tres de los fundadores -amigos de infancia- se mantienen al frente de esta singular agrupación que mezcla rock de corte experimental que podríamos ubicar dentro de la etiqueta “post-rock”, jazz y folk nórdico, minimalismo electrónico, dream pop, música académica de cámara y estética paisajista de la música para cine. Son ellos Casper Clausen (voz), Mads Brauer (teclados, electrónica) y Rasmus Stolberg (bajo).

El reciente álbum, Altid Sammen -el cuarto que publican con el emblemático sello 4AD- trae de vuelta el formato más conocido, tras unos años en los que publicaron dos discos como Liima, una “opera rock” junto a Karsten Fundal y otro en directo con la Orquesta Filarmónica de Copenhaguen.

El nuevo disco es un trabajo exquisito, de naturaleza otoñal, bucólica, para el cual contaron con una considerable cantidad de músicos invitados, un gran despliegue que incluye varios instrumentos nada habituales en el contexto del universo pop como el teorbo, el arpa, el omnicordio, el clavecín y muy especialmente el kanklės, un instrumento lituano de cuerda pulsada que pertenece a la familia de la cítara de caja báltica conocida como el salterio báltico.

Altid Sammen en directo

Para la gira actual, Clausen, Brauer y Stolberg, se acompañan de cuatro músicos excepcionales que logran plasmar la atmosfera del álbum de manera perfeccionista: el guitarrista Bert Cools, el teclista Christian Balvig, la baterista y corista Siv Øyunn Kjenstad, y la increíble Indrė Jurgelevičiūtė en el kanklés, flauta y voz. Las dos mujeres, ubicadas en las esquinas resultaron determinantes, tanto en la ejecución de sus instrumentos como en el apoyo vocal.

La primera parte fue dedicada a interpretar las nueve piezas, pero en diferente orden a como se publicaron en el disco. Con el teatro envuelto en una densa bruma, como desde adentro de ella comenzaron a sonar los nocturnos acordes de “Hænder Der Åbner Sig”, sirviendo de colchón a la voz de Clausen, a la que se unieron Indrė y Øyunn por vez primera.

La guitarra elíptica de Cools en plan Michael Brook, introdujoVerden Forsvinder”, a la que se incorpora una muy sutil batería que nos retrotrajo a los tiempos de Laughing Stock (1991) de Talk Talk. Tras ella hicieron la primera pausa y se oyó la primera tanda de aplausos, luego de un silencio absoluto.

“Buenas noches, Madrid. Mucho gusto. Es un placer estar por tercera vez en este teatro y es maravilloso ver de nuevo a muchos de vosotros. Gracias por venir”, fueron las palabras de un siempre agradecido y afable Clausen. Y de inmediato sonó la maravillosa “Supertanker”, una de las piedras angulares del álbum, en la que el bajo es fundamental. Secuencia y kanklés, es decir, modernidad y tradición, se entrelazaron magistralmente, y entre todo ello Clausen deslizó su voz más aguda.

El público lucía extasiado, y no era para menos. Cada tema era una joya. La melancolía de “Vi Er Uendelig”, arropada por el delicado sonido del kanklés y las voces femeninas, nos hizo literalmente viajar. Fue seguida por “Uden Ansigt”, tema construido sobre la base de una guitarra repetiva y un fantasmal piano. La hipnosis colectiva continuó con “Under Broen Der Ligger Du”, otro ensoñador tema con un ritmo ralentizado que nos hizo levitar.

I Dine Øjne” (En tus ojos), se llama igual que una canción de Peter Gabriel y aunque seguramente es casual, instrumentalmente hay cierta reminiscencia. La pieza está construida sobre una secuencia de sonoridad parecida a una marimba y capas de teclados. La voz aguda de Clausen, con dosificados coros femeninos, conduce la pieza, una de las centrales del álbum que cuenta con un interesante video.

El encantador sonido del kanklés volvió a ser protagonista, esta vez con el gran bajo de Stolberg, en la larga introducción instrumental de “Havet Løfter Sig” a la que se une la batería para crear un envolvente crescendo que desemboca en uno de los pasajes más exquisitos, con Jurgelevičiūtė en la voz principal y ya luego con Clausen tomando el mando, como en una especie de canción de cuna para adultos, bajando al público y poniéndolo a cantar “Hold Mine Hænder” -pronunciado tal cual sonaba- con el apoyo de las dos voces femeninas.

Fue un final verdaderamente emotivo para la primera parte del concierto.

Una mirada por su rico pasado

Era obvio que el septeto regresaría a escena. La ovación fue grande. El repaso del pasado incluyó siete piezas, empezando con “Dreams Today” del disco Piramida (2012) y luego “Monopolist”, del primer disco Tripper (2004). Una magnífica flauta, el teclado casi como un acordeón y la delicada secuencia, inician de manera sosegada, hasta que la batería irrumpe con fuerza, haciendo de este tema quizá el más contundente de la noche.

De Piramida tocaron también la misteriosa “Black Summer”, dominada por flauta y teclados -en especial el repetitivo sonido de marimba-, un marcado ritmo de batería y una guitarra que aparece triunfante al final.

Luego abordaron “Colour Not of Love”, una adaptación para septeto de uno de los mejores temas de la “ópera rock”, The Colour of Falling (2016). Fue sensacional.

La recta final fue con dos maravillas relativamente más “alegres”: “Modern Drift” y “The Ghost”, ésta última con unos pegadizos coros femeninos. Pudieron haber tocado alguna más, pero el horario no lo permitió.

Fue un concierto inolvidable, un auténtico regalo de otoño. Efterklang es una rara avis, de esas cuya existencia es indispensable en el devenir de la música popular menos convencional.

Juan Carlos Ballesta