El candoroso y contagioso encanto de Les Filles De Illighadad (Café Berlín,...

El candoroso y contagioso encanto de Les Filles De Illighadad (Café Berlín, Madrid) (Marzo 9, 2018)

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Les Filles de Illighadad

The Filles of Illighadad

Café Berlín, Madrid

(Marzo 9, 2018)

 

Es a todas luces complejo evaluar la música tuareg fuera de su contexto natural. En realidad cualquier música sacada de su entorno y llevada a un bar o teatro de cualquier ciudad de otra cultura puede resultar difícil de procesar y entender en su justa dimensión. Pero no hay otra alternativa, la gran mayoría no podemos ir a Illighadad, el pequeño pueblo de origen del cual toma su nombre este trío de mujeres nigerinas que apenas comienza su proyección internacional gracias al sello Sahel Sounds, fundado por el productor y etnomusicólogo estadounidense Christopher Kirkley.

La experiencia de estar a dos metros de éstas tres jóvenes heroínas de la música africana comienza por entender de dónde vienen, Y ese pensamiento previo se acrecienta durante el performance al comprobar la autenticidad de su propuesta y la actitud, mezcla de candor, timidez y honestidad. Su lugar de procedencia queda en Níger, uno de esos tantos países africanos cuya democracia es frágil, inestable, si es que puede decirse que exista. Su economía se encuentra entre las peores del mundo y según PNUD publicó en 2016, es la segunda peor nación del planeta en desarrollo humano. Fue colonia francesa durante los primeros 60 años del siglo 20 hasta que obtuvo su independencia en 1960. Níger no tiene salida al mar, está ubicado en África Occidental y posee fronteras con siete países: al sur con Nigeria y Benín, al oeste con Burkina Faso y Malí, al norte con Argelia y Libia, y al este con Chad. Sus zonas septentrional y central se encuentran en las áreas desérticas del Sahara y el Sahel. Tres cuartas partes de su territorio es desértico y por tanto la mayor parte de la población vive a las orillas del río Níger. Solo se habla francés en la capital Nimey, y a pesar de ello es el idioma oficial del país.

La etnia tuareg fue dominante hace unos siglos, pero hoy representa apenas el 8% de la población de casi 20 millones de personas. A ella pertenecen Fatou Seidi Ghali, Alammou Akrouni y Mariana Salah Assouan, las tres valientes y aventuradas mujeres que conforman Les Filles De Illighadad.

En esas condiciones de pobreza, el mérito es infinito. Aunque bueno es decir que la mujer tiene un rol importante en la sociedad tuareg. La líder del grupo, Seidi Ghali, es una de las pocas mujeres guitarristas de la región y eso ya la hace diferente. Sobre un escenario todo ese bagaje viene implícito. Ellas proyectan una autenticidad total, desde su expresión facial, sus miradas a veces esquivas y otras cálidas, hasta la timidez con la que se desenvuelven, apenas rota en parte en el último segmento de la presentación cuando Fatou decidió bailar mientras sus compañeras trataban de secundarla como sin querer queriendo.

El pasado año publicaron su disco debut, Eghass Malan, un documento austero pero revolucionario por el uso de la guitarra eléctrica. Sin embargo, ellas han optado por no occidentalizar demasiado su propuesta, optando por prescindir de bajo, batería y teclados, en favor de percusión autóctona compuesta únicamente por media calabaza sumergida en agua y un tambor tendé (de la familia de los djembé). Las polifonías vocales y la guitarra llevan el peso.

Las tres mujeres utilizaron una sencilla vestimenta típica de su región, aunque solo una apareció con el turbante que las identifica en la foto del disco y las otras dos con velos más ligeros. Las esperaba una estructura rústica de madera en la que se sentaron dos, Fatou Seidi Ghali a la izquierda (derecha de los espectadores) para encargarse de la calabaza flotante y a su lado la más tímida del trío, Alammou Akrouni, quien usaba un gran reloj, un tanto fuera de sintonía. Durante casi todo el concierto hizo palmas bastante cautas, como si amasara suavemente una mezcla de harina para arepas o empanadas. En el medio, detrás, se ubicó Mariana Salah Assouan, la más risueña de todas y con mirada menos esquiva, para tocar el tambor tendé. Costaba identificar de quien provenía cada sonoridad vocal, lo que nos hizo entender la sinergia polifónica que emana de sus voces.

Iniciaron la velada con cuatro temas de aroma rural, los cuales poseen un denominador común con los cantos del pilón de los llanos venezolanos en los que las mujeres repiten una frase mientras realizan la faena de pilar el maíz. Fue una perfecta introducción para la hipnosis que seguiría, ya con la electricidad de las dos guitarras.

Una vez concluido el ritual inicial, entro a escena el guitarrista Ahmoudou Madassane, quien es parte del proyecto Mdou Moctar. Se ubicó discretamente en la parte de atrás, sin protagonismo, pero realizando arpegios que se complementaban a la perfección con los riffs de Fatou, contribuyendo grandemente al carácter mántrico de cada pieza. A partir del quinto tema, se dedicaron a repasar el álbum que las lanzó al mapa musical europeo, dejando a un lado el tambor para darle predominio a la calabaza, tocada de manera casi matemática por Mariana. La estructura musical de Les Filles de Illighadad utiliza el milenario recurso de la repetición, probablemente un reflejo de cómo el tiempo transcurre para las personas en las aldeas saharianas. Todos los temas fueron extendidos en su duración, llegando uno de ellos a doce minutos de auténtico trance.

El público pasó del respeto y curiosidad inicial a la admiración y poco a poco se contagió del ritmo, en especial cuando el manager apareció desde el backstage para animar a la gente a bailar. Todos se pararon y unos cuantos fueron seducidos sin remedio por el embrujo de la música tuareg. El penúltimo tema produjo la sorpresa del relevo en la guitarra de Akrouni, quien finalmente abandonaba sus palmas para arpegiar la Fender de Seidi, quien pasó al frente ya bastante más relajada.

Tras retirarse de tarima, volvieron ante los aplausos y con Madassane apoyando en la voz tocaron “Imigradan”, dejando a todos felices.

Fue el cierre de su agotadora gira española que las llevó a 10 ciudades en igual número de días, dejando sembrada una maravillosa semilla que seguro germinará muy pronto.

Juan Carlos Ballesta (Texto, fotos y videos)