El humilde virtuosismo de Stick Men en Madrid (Marzo 30 2018)

El humilde virtuosismo de Stick Men en Madrid (Marzo 30 2018)

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Stick Men

Stick Men (+Xadu)

Cool Stage, Madrid

(Madrid 30, 2018)

 

El encuentro un viernes santo con tres de los músicos más sensacionales de nuestro tiempo se saldó con un concierto memorable. Es siempre un placer presenciar muy de cerca cómo tres músicos con amplísima trayectoria, parte de la familia King Crimson, pueden demostrar, al mismo tiempo, un virtuosismo fuera de serie y una sincera humildad que los hace más grandes aún. En medio de la complejidad de su performance, los tres se divierten y lo proyectan. Tony Levin (Chapman Stick, voz), Markus Reuter (guitarra warr/touch, secuencias, voz) y Pat Mastellotto (batería acústica y percusión electrónica), demostraron su cercanía y simpatía desde el arranque. Ellos son el vivo ejemplo que virtuosismo sin humildad suele ser algo insoportable, difícil de digerir. Por eso aplican lo contrario con gran naturalidad.

Por ser un día festivo Etin Produccions cumplió con el horario con exactitud británica, aunque lamentablemente el grupo Xadu, encargado de abrir fuegos, sufrió la ausencia de público de manera notable. A las 8 en punto salieron al escenario Xavi Reija (batería) y Dusan Jevtovic (guitarra) cuando apenas había diez personas en la sala. Uno de los presentes suelta la políticamente incorrecta pregunta: “¿De dónde sois?”. A lo que Reija responde. “Yo de Barcelona, él de Serbia”, y como si de una introducción improvisada se tratara, de inmediato comenzaron a tocar su set de cinco piezas a medio camino entre el rock progresivo, el free rock y el jazz rock. En su música orbitan Scott Henderson, Mahavishnu, Larry Coryell, Allan Holdsworth…

A juzgar por lo que habíamos visto en YouTube y de su estupendo disco Random Abstract (2016) –del cual tocaron temazos como “Something in Between”, “Workplace” y “Deep Ocean”, tuvieron aquí el hándicap de no contar con un sonido balanceado. Demasiado volumen al bombo y en general de toda la batería en detrimento de la guitarra atentaron contra el resultado. De hecho tocaron a mayor volumen que Stick Men y por eso sonaba saturado. Reija es, qué duda cabe, un gran baterista y lo demostró durante todo el show. Pero no fue suficiente para conectar con la audiencia, que ya hacia el final contaba con cerca de 100 personas.

Unos minutos después, ya con mas afluencia de público (pero sin que se llenase la sala), aparecieron los tres esperados músicos para posicionarse en su feudo. A cada extremo Levin y Reuter con camisetas unicolores, en demostración de su sencillez, y Mastelotto con camisa detrás de su aparataje. De inmediato comenzó a sonar “Hide The Trees”, del disco Deep (2013), mostrando las cartas desde el primer minuto. Tras un breve saludo, Levin anunció que tocarían el primero de los temas de King Crimson y los acordes de “Red” llegaron directo al corazón y cerebro de la gran mayoría de los asistentes, que como cabía esperar eran fanáticos de KC con edad promedio de 50 años.

El repaso por el más reciente disco de estudio, Prog Noir (2016) comenzó con dos estupendas piezas. Primero “Schattenhaft”, que fue introducida por Reuter comentando que cuando comenzaron a grabar el disco el tiempo en Alemania era muy frío, oscuro, nublado y húmedo, y que Levin lo amó. Por eso el nombre, que significa “Sombrío”. El tema cuenta con un trabajo fabuloso de Reuter y Levin, alternando el protagonismo mientras Mastelotto realiza síncopas imposibles que por momentos hacen pensar que todos se entrecruzarán, algo que experimentamos varias veces a lo largo de la noche. Pero, todos salen airosos. Reuter introdujo entonces, “Plutonium”, una de las más interesantes piezas del repertorio y una de las pocas en la que cantan. En ella hacen una crítica al uso del plutonio en la industria bélica, a la vez que hacen breves referencias a “Carmina Burana” de Carl Orff, “Roundabout” de Yes y “La Marsellesa” de la “Obertura 1812” de Tchaikovsky.

Regresaron al disco Deep para tocar “Cusp”, con otro ritmo quebrado de Mastelotto y el uso de algunos recursos electrónicos. Cerca de Reuter es posible detallar su maravillosa y elegante técnica del “touch guitar”, que él registró como “trademark” y que es una especie de híbrido entre al estilo tapping y el que se usa para el Stick. Sus dos manos puestas en el mástil de su guitarra de ocho cuerdas se pasean por una amplia gama que recogen sonoridades de bajo y guitarra, golpeando o acariciando. “Crack in the Sky” fue probablemente el tema más sosegado de la noche, con la voz de Levin y una sonoridad muy cercana a Robert Fripp por parte de Reuter. Fue el perfecto recibimiento para “Sartori in Tangier”, que Levin presentó como parte de Beat (1982), el segundo de sus discos con King Crimson. Fue una versión impecable, realmente inspirada y que nada tiene que envidiar a aquella de la formación cuarteto Fripp/Belew/Bruford/Levin. Mastelotto se encarga de emular perfectamente aquel híbrido de batería acústica y electrónica que popularizó Bruford en los 80 con todo tipo de platillos. Reuter, por su parte, hace todo el trabajo que hacía Belew y más, casi sin inmutarse.

Reuter tomó de nuevo la palabra para anunciar que tocarían un tema nuevo que está en pleno desarrollo (“work in progress”) que por ahora se llama “Swimming in Tea”. Lo que oímos fue uno de los mejores pasajes del concierto, una improvisación controlada que a medida que la han ido interpretando en sus recientes shows ha ido tomando forma. Todos se lucen en ella. De nuevo Reuter presentó el siguiente tema y lo hizo con especial énfasis diciendo que fue concebido por King Crimson en 1972, el mismo año en que él fue concebido. Y con una fuerza salvaje sonó “Larks’ Tongues in Aspic, Part Two”, uno de los puntos álgidos de la noche que contó con un final apoteósico. Si la formación actual de Crimson posee tres bateristas no hay razón para no incorporar a Reuter como músico intermedio entre guitarra y bajo, tal como ocurrió en la época de Trey Gunn. Su aprendizaje con Fripp a comienzos de los 90 lo convierten en uno de los más aventajados “crafties” (junto a Gunn), es decir, los estudiantes de los cursos llamados Guitar Craft y que dieron lugar a The League of Crafty Guitarrists. Todos los temas de Crimson suenan brutales con su participación.

Lo complicado lo hacen simple, las sonrisas de Mastelotto dirigidas a una u otra persona del público, las miradas cómplices de Levin, contribuyen al ambiente distendido y cercano. Reuter toca serio y con la vista en el horizonte, pero luego en sus intervenciones luce simpático. Su disfrute lo contagian.

Una de las grandes sorpresas fue la versión de “Mirage”, original del guitarrista inglés Mike Oldfield, quien saltó a la fama muy joven con Tubular Bells en 1973. Reuter explicó que cuando tenía 10 años Oldfield fue una gran influencia para él. El tema pertenece al disco QE2 de 1980, cuando el sonido del inglés comenzó a cambiar para hacerse más pop.

Mastelotto tomó la palabra para bromear sobre el tempo del siguiente tema y diciendo que cuando visitó España por primera vez se dio cuenta que el tempo de las palmas era muy acelerado (demostrándolo). Pidiendo al público hacer palmas con una complicada métrica empezó “Mantra”, también del disco Prog Noir, cuyo tema título cantado por Levin (con algo de timidez) siguió inmediatamente.

El propio Levin presentó el último de los temas de King Crimson, “Level 5” que pertenece al disco The Power to Believe (2003), el último hasta ahora de sus trabajos en estudio y en el cual él no tocó. Dos de los temas escogidos de KC no cuentan con ninguno de ellos en la versión original y los otros dos solo con uno de ellos. “Level 5” sonó potente y catárquica.

El cierre del concierto fue con “Open, Pt. 3 – Truncheon”, del disco Open (2012), basado en improvisaciones y que demostró toda la inventiva y capacidad de encontrar sonoridades a sus instrumentos.

Siempre es de agradecer que unos músicos del nivel y amplísima trayectoria de Levin, Reuter y Mastelotto se presenten con una actitud totalmente alejada de divismos y totalmente cercana. La rigidez del actual King Crimson la dejan atrás, parecen liberarse de los corsés que ha impuesto Robert Fripp y esa perfección académica que impresiona pero que también crea murallas.

¡Larga vida para Stick Men!

Juan Carlos Ballesta (texto, fotos y videos)  @jcballesta

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