Ela Vin, una cantautora sensible y diferente

Ela Vin, una cantautora sensible y diferente

80
Ela Vin
Foto: Miguel de la Rubia

De todos los rincones de España surgen cantautores. Es un manantial inagotable que arroja todo tipo de propuestas dentro del cada vez más amplio y ecléctico universo de la canción de autor, desde lo más atrevido y novedoso, hasta los consabidos lugares comunes.

En un terreno medio se encuentran algunas voces sensibles, capaces de conmover con sus canciones y con la capacidad de crear melodías de amplio calado emocional. Ahí se encuentra la valenciana Esther Vinuesa, quien trabaja con el nombre artístico Ela Vin. El lanzamiento de su segundo EP, Danzantes, reafirma su horizonte amplio. El 22 de junio en Superlativo Bar de Madrid, será una ocasión ideal para disfrutar de su arte.

Juan Carlos Ballesta @jcballesta

 

Siempre hay espacio para los descubrimientos que sorprenden. Así nos pasó cuando de manera casi fortuita, impulsados por la intuición y las ganas de descubrir nuevos talentos, acudimos al Bar Fotomatón de Madrid una noche en la que había varias alternativas. El maravilloso resultado lo dejamos registrado en nuestra reseña. Fue nuestro primer contacto con Ela Vin, el alter ego de Esther Vinuesa, en directo, sin haber escuchado apenas el contenido de sus redes sociales.

Esther tiene una larga relación con la música que comenzó en su niñez con el estudio del acordeón. Tuvo que pasar por largos procesos internos para finalmente salir a la luz como cantautora. Su cercanía con la música y su inmersión en ella es total, desde diversas posiciones. Es cantante, compositora, ejecutante de varios instrumentos (acordeón, piano, guitarra, ukulele, clarinete) y maestra de educación musical en un centro público de educación especial. Es evidente, que su sensibilidad es superior porque ha comprobado en primera persona el poder que tiene la música en la mente, alma y espíritu de niños con autismo.

Tras convencerse a sí misma que sus canciones tenían la suficiente fuerza y valor, grabó un primer lote de canciones que fue a parar el primer EP, Solitoria, editado en 2016. Un segundo puñado de canciones forma parte de Danzantes, el segundo EP que fue grabado el pasado año pero que tuvo que esperar hasta el 2 de junio para ser publicado. Esther ya se encuentra lista para entrar de nuevo al estudio. Ella es, en toda regla, una artista independiente. No hay sello disquero detrás de su música, aunque merece uno a su altura. Es solo cuestión de tiempo

En una reveladora y descarnada conversación, descubrimos a Esther Vinuesa como ser humano y a la artista Ela Vin

¿De dónde sale tu pseudónimo?

Cuando empecé a trabajar en el centro educativo en Sagunto (Valencia) éramos cuatro profesoras que nos llamábamos Esther, entonces para diferenciarnos a mi me empezaron a llamar La Vinu, por mi apellido, ya que cuando decían “Esther” volteábamos cuatro personas. Me costó mucho encontrar un nombre artístico, pero finalmente jugando con los nombres me quedé como Ela Vin, hace ya tres años. No quería usar mi nombre porque no me considero una cantautora al uso.

¿Cuándo empezaste a componer canciones?

Empecé hace nueve años, pero desde ese momento hasta que decido pasar por el proceso de estudio y sobre todo cantarlas en público pasan cuatro o cinco años. Era un recurso catárquico, no tenía la suficiente confianza para mostrar las canciones. Muchas de esas canciones se han quedado olvidadas por completo. Pero luego me surgió la necesidad de vestir bonito a algunas de ellas, pasar por el estudio y hacer un montón de arreglos. De tres años a esta parte hay una mayor producción.

¿En cuál instrumento te gusta componer más?

Al principio componía con piano. Luego de manera autodidacta empecé con la guitarra, retomé el acordeón, apareció el ukulele…ha sido un proceso muy chulo.

Ela Vin
Foto: César Barrio
¿Qué tuvo que pasar para que decidieras salir del anonimato?

Sobre todo ha sido un proceso interior de crecimiento y autoconfianza. Y luego una necesidad de expresarme, que se trasformó en algo terapéutico por el momento que estaba viviendo, fruto de un desengaño, una relación bastante tormentosa.

El mundo de los cantautores está lleno de grandes canciones surgidas de etapas tormentosas de sus autores

Es verdad. Mi proceso personal pasó por pensar que a alguien le podían gustar mis canciones y por eso me auto convencí a dejarlas salir.

Fotos: Carlos Pastor

¿Cuándo empieza tu formación musical?

A los nueve años comencé en el conservatorio. Mi primer instrumento fue el acordeón y terminé los estudios con el clarinete. Tocaba en el formato clásico, con orquesta o con grupo de cámara. He tocado en bandas de vientos ya que en Valencia hay mucha tradición. Tuve un trío de música de cámara de tres clarinetes. Aquello no tenía nada que ver con lo que hago ahora. Luego empecé a participar en grupos de versiones de música pop. En el primer grupo que estuve llegué a cantar hasta Black Sabbath (risas). También hice con acordeón alguna versión de Arcade Fire. Me lo pasé muy bien y me sirvió para meterme en el mundo de la música popular, pero no me sentía identificada con ese formato.

¿Tuviste gente a tu lado que te animó a dar ese paso?

Si tuve. Sobre todo una persona que siempre me animó. Pero en ese momento yo no me lo creía y si uno no se lo cree la cosa es difícil. Ya había comenzado a coquetear con la composición, con piano. Evolucionó todo de forma natural hasta que me lo creí.

¿Consideras que ya en Valencia tienes un público?

Obviamente me conocen más que en Madrid, pero sigo siendo un artista emergente. Pero me ha ido cada vez mejor y ya últimamente he podido llenar alguna sala.

Tu trabajo como pedagoga es verdaderamente loable y retador. ¿Podrías contar sobre esa labor?

Trabajo con niños especiales. Autistas, parálisis cerebral, asperger, síndromes raros. Soy profesora de música en un centro de educación especial. Obviamente imparto música con un programa adaptado a las características del alumnado, desde lo más sensorial a nivel de estimulación. Hay algunos niños que sí son capaces de crear y producir, pero hay otros que es solo estimulación porque hay diversidad funcional entre ellos. Es un trabajo muy estimulante y he de decir que entrar en este centro me puso las pilas en aspectos musicales no explorados, como por ejemplo la guitarra. Necesitaba ese instrumento armónico y más transportable que el acordeón. A los niños les gusta la guitarra porque además es muy táctil. Además, permite desarrollar una sensibilidad que antes uno no tiene porque estos niños tienen una sensibilidad muy especial y acercarte a ellos y ver que disfrutan es una gran suerte. Aprendo cada día.

Ela Vin
Foto: Marta Orosa
En el año 2016 fuiste considerada por los Premios MIN con tu primer EP. ¿Cómo fue ese proceso?

Yo fui semifinalista. De la criba de 800 artistas gracias al reconocimiento del público pasé a la semifinal, al lado de gente emergente como yo pero también de grupos mediáticos. Cuando vi la lista de todos los artistas que se presentaban me sorprendí.

¿Cómo fue el proceso con el primer EP, Solitoria?

El EP se publicó el 8 de julio de 2016 y el 24 de ese mes me fui a México, donde estuve viviendo seis meses, por lo cual no tuvo una presentación como se merecía. Regresé a España a mediados de enero de 2017 y me metí al estudio para grabar Danzantes. Este segundo EP salió de ese viaje.

Quiere decir que ha pasado más de un año para que pudieras lanzar Danzantes

Este pasado 2 de junio, el día de mi cumpleaños, decidí lanzarlo y aprovechar a tocar con banda y hacer el estreno oficial del nuevo y darle a su vez el protagonismo que se merece a Solitoria. Claro que ya había tocado las canciones antes, pero ésta era la ocasión que esperaba. Pasó más de un año desde que esas canciones se grabaron y ya tengo otras que quiero grabar.

¿Qué te llevó a México?

Quise desconectarme. Mi vida de estudiante ha sido muy larga. Estudié pedagogía y a la par en el conservatorio, luego magisterio en educación musical, también estudié para la oposición. Quería tener esa posición que me diera la tranquilidad de poder vivir como lo estoy haciendo ahora. Para ello he hecho un largo recorrido y necesitaba tener ese erasmus que como estudiante nunca había tenido. Por mi trabajo tenía la posibilidad de solicitar un permiso. Soy funcionaria y tengo el privilegio y la suerte de poder optar por un permiso de 9 meses cada tres años, sin perder mi puesto de trabajo ni mi lugar. Tenía esas ganas de abandonar mi zona de confort y alejarme de todo. Además, había conocido en Castellón a un mexicano y fue suficiente motivación para cruzar el charco para vivir una experiencia vital, una historia de amor.

Esa historia de amor debe haber traído muchas canciones

Pues sí. Conocí muchas partes de México. Me enamoré de esta persona, pero también de la cultura, de sus paisajes, de la comida, de la gente. Toqué en varios lugares. Realmente regresé a España desmembrada. Mi vuelta fue horrorosa y de eso salieron muchas canciones. Regresé por mi trabajo y porque como turista no podía estar más de seis meses, pero estaba dispuesta a regresar, con todo lo que eso conllevaba. Si quería volverme a ir tenía que hacer las cosas de otro modo, pedir una excepción en mi trabajo y eso implicaba ya otras cosas. Me vine pero al mismo tiempo me decía ‘yo quiero más’, porque mi alma y corazón estaban allá. Me costó mucho encajar de nuevo en Valencia, pero en definitiva eso es la vida y esas cosas enseñan.

¿Habías estado en México alguna vez anterior?

Jamás. Me atrapó totalmente. Estuve en varios lugares que me cautivaron. Las navidades de 2016 las pasé en una playa de Michoacán. Yo me moví mucho en transporte público y nunca tuve incovenientes, todo fueron facilidades. Nunca sentí los problemas que sé que hay.

¿Y donde tocaste?

Toque varias veces, una de ellas en San Cristóbal de las Casas en un centro cultural muy chulo llamado El Paliacate. En Ciudad de México toqué en cuatro sitios. Hasta grabé para un músico argentino que vive allí. Me prestaron un acordeón y un ukulele.

Ela Vin
Ela Vin en el Café Negrito (Barrio del Carmen, Valencia). Foto: Jorge Borja Santiago de Generando Imagen.
¿Qué escuchas habitualmente?

Pues mucha música mexicana (risas). A Natalia Lafourcade, Zoé, León Larregui, Porter, Lila Downs…también a Kevin Johansen, un grupo brasileño llamado Vitrola Sintética. Me gusta mucho el francés Yann Tiersen. También he escuchado mucho a Quique González, Cristina Rosenvinge, Nacho Vegas, Bunbury…

Trabajas de forma totalmente independiente. ¿Has contactado algún sello?

Si, envié Solitoria pero no hubo suerte. No sé si es que no hay nicho, no interesa o me falta hacer algo de forma diferente. Yo le voy dando salida a los discos, porque tengo ganas siempre de volver al estudio. Creo que este año finalmente parece que ya estoy comenzando a captar más atención, así que eso me anima a seguir •