Evio Di Marzo (1954-2018), otra víctima de la locura venezolana

Evio Di Marzo (1954-2018), otra víctima de la locura venezolana

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Evio Di Marzo
Foto de Leonardo Bigott en Noches de Guataca, 2013

No hay palabras suficientemente elocuentes para describir el horror que azota a Venezuela. El asesinato de Evio Di Marzo consterna, entristece, produce rabia e impotencia. Se une a la fatídica estadística, que conforman cientos de miles de anónimos y suficientes personajes conocidos. Es una guerra continua y fratricida que no requiere de aviones bombardeando ciudades.

Evio fue un músico y compositor de desbordante talento, pero incomprendido. Fue, sin duda, un tipo romántico y honesto en sus ideas y controversial en sus decisiones de vida. Se habia convertido al islam a comienzos de los años 90, y en un mundo tan prejuicioso fue tomado como una “extraña decisión”, pero que en realidad no tenía nada de particular. Fue luego un emocionado defensor del proceso chavista, del cual no se lucró ni ostentó cargos públicos, ni viajó al exterior con el dinero de todos como han hecho otros artistas en plan activista. En tiempos recientes se volvió muy crítico.

Evio, sin duda, fue una rara avis. En pleno apogeo del fenómeno musical venezolano de los años 80 su aporte fue especialmente atractivo dentro del catálogo que construyeron los principales sellos discográficos que capitalizaron ese momento. A Adrenalina Caribe hay que ubicarlo en el Olimpo, proyecto surgido de las cenizas de Sietecuero, de cuyo único disco publicado en 1978 se cumplen 40 años, y del cual nacieron varios de los más importantes nombres de la música popular venezolana contemporánea. Formaron parte de ella el teclista Alberto Schlesinger (poco después fundador de Daiquirí), el timbalero Alberto Borregales, el conguero Totoño Blanco, el jovencísimo percusionista Luisito Quintero (hoy uno de los más reconocidos en Estados Unidos), el bajista Rafael Figliuolo, el guitarrista Bartolomé Díaz (con decenas de grandes proyectos posteriores, sustituido al final por Pedro Matute) y los hermanos Giordano (voz, guitarra) y Evio Di Marzo (batería, voz).

De todos aquellos proyectos, Adrenalina Caribe despuntó de manera especial por su singular mezcla de música caribeña (bugalú, salsa, merengue) con rock, funk, canción folk y nueva trova, que cobijó en su seno a Carlos Pucci, Alberto Borregales y Orlando Poleo y contó con la participación de muchos otros grandes músicos. Evio dejó un fantástico puñado de canciones inmortales. Su talento fue inmenso, proporcional al abandono que luego sufrió su arte de manera oficial, aunque nunca por la gente. Evio construyó, sin embargo, un pequeño y respetado reducto (Evio’s Pizza en Los Palos Grandes, Caracas), en el que comensales y melómanos se dieron cita durante años y en el que era posible verlo a él tocando así como a otros músicos como Colina, de la misma camada de olvidados de los 80. No fue ni la primera ni la última de sus pizzerias, de las que incluso hubo una en Boca de Uchire., además del Club Puerto Azul, La Florida, Macaracuay…Aquellas excelentes pizzas también desaparecieron.

Luego de aquella etapa gloriosa en la que editó cuatro discos, no pudo volver a gozar del mismo protagonismo, aunque sus canciones jamás abandonaron el inconsciente colectivo, las cuales siguen conservando su valor musical y emocional intacto. Temas como “Yo sin ti no valgo nada”, “Era nuclear”, “Tiempo libre”, “Nunca te olvidaré” “Selva del tiempo”, “No es fácil amar a una mujer”, “Muévete”, “Muñeca de porcelana”, “De donde viene tu nombre”, “Yo me quedo en Venezuela”, “Bio Bio“, “Tonta” y otras, siguen orbitando sobre varias generaciones.

Hace mucho tiempo Venezuela dejó de ser un país. Los acontecimientos de cada día se encargan de recordar y enfatizar que se convirtió en un territorio darwinista. La sobrevivencia de la especie es la ruda y cruda realidad diaria. La vida de millones está en juego cada minuto. Mueren por falta de medicinas y tratamientos médicos, mueren de depresión, mueren a manos de la delincuencia. Todos los casos son asesinato.

La descomposición comienza en la punta de la pirámide, perversos personajes que extraviaron (si es que alguna vez lo tuvieron) todo signo de humanidad. La base de la pirámide es, por supuesto, reflejo de todo ese proceso de años en que la sociedad venezolana comenzó su metástasis.

Paz al alma de Evio y fuerza a toda su familia.

Juan Carlos Ballesta @jcballesta