“Caracas”: el atrevimiento metal-prog de Félix Martin con el folklore venezolano

“Caracas”: el atrevimiento metal-prog de Félix Martin con el folklore venezolano

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Félix Martin

Félix Martin
Caracas
Independiente. 2019. Venezuela

En 2010 un joven guitarrista llamado Félix Martin nos sorprendía con su extraordinaria habilidad para tocar la guitarra. Su virtuoso lenguaje emergía, y emerge, de sus diez dedos, los cuales se pasean a su antojo por catorce cuerdas y también dieciséis. En su primer encuentro con Ladosis en nuestra edición impresa #33, nos decía con impresionante seguridad y tino que “ningún artista está por encima de otro. En mi opinión, no hay mejor arte que otro. Y sí, incluyo al jazz, death metal, reguetón y la música clásica en el paquete”.

Ahora que mucho agua ha corrido bajo el puente y su lenguaje sonoro no escatima esfuerzo en ampliarse e incluir a géneros como el rock progresivo, la música latina, el world music y el lenguaje de la música tradicional venezolana, Félix da un paso al frente con un provocador álbum llamado Caracas. Se trata de un trabajo discográfico de temas de Simón Díaz, Heraclio Fernández, Genaro Prieto, Ricardo Aguirre y también algunos emblemáticos del folklore venezolano, interpretados bajo un concepto instrumental dentro del bien definido estilo del joven guitarrista, quien hace unos años abrió para el icónico Steve Vai.

Su afecto por este arte inició a los 10 años de edad de modo autodidacta. Buscando mejorar sus posibilidades como instrumentista, Félix creó las guitarras de 14 y 16 cuerdas junto a lutieres de renombre. Este innovador hecho puede ser apreciado en sus álbumes: Bizarre Rejections (2010), Live in Boston (2012), The Scenic Album (2013) junto al bajista Nathan Navarro y el baterista Marco Minnemann, y Human Transcription (2014). Y ahora Caracas, un comprensible paso en la evolutiva carrera de este insigne músico.

Alumni de Berklee School of Music, Félix ya ha recorrido más de 17 países compartiendo su arte, uno donde encontramos influencias sumamente polarizadas que van desde Meshuggah (Death Metal) pasando por Oscar de León y Charlie Parker hasta Ensamble Gurrufío, Dream Theater, los musicales de Broadway, Bach hasta llegar a Bob Marley. La lista es infinita pero además no queda sólo en lo musical sino en las vidas de genios como Leonardo Da Vinci, por sus invenciones; y Vincent Van Gogh por el tipo de vida que llevó.

Caracas inicia con el clásico “Pajarillo”. Advierto que este álbum no es para oídos conservadores y, en lo personal, creo que Martin ha hecho un importante aporte a la música venezolana y a los géneros que emplea en este excelente trabajo. Félix ha hecho realidad un sueño de muchos melómanos que siempre tuvimos la visión de elevar la música venezolana a un plano sin paralelo.

Félix Martin trae a la contemporaneidad un repertorio de 12 composiciones y toma absoluto control en la producción de Caracas, teniendo como colaborador a Adam Bentley (Arch Echo). Javier Sepúlveda y Víctor Carracedo, bajista y baterista respectivamente, hacen un loable trabajo de soporte bajo un sonido limpio y cargado de la energía y el espíritu, no sólo de los tiempos que corren, sino de una ilimitada, elocuente y hasta perversa  imaginación, característica de la nueva generación de músicos venezolanos. No puedo negar que al escribir sobre este gran trabajo me pasen por la mente músicos tradicionalistas como Aquiles Báez, Miguel Delgado Estévez o la poetisa Betsimar Díaz. A ellos los considero de criterios amplios y abiertos a nuevas posibilidades dentro de la música y sobre todo, respetuosos. Me asalta la idea entonces de cuál será su opinión sobre esta contemporánea aproximación a la música venezolana.

El segundo tema es “Quitapesares”. La clásica melodía y metronómica rítmica da espacio a Javier y a Víctor mientras Félix desata toda su buena vibra como si se tratara de Pat Metheny con Ornette Coleman.

Un interesante contraste hace Félix y su trío con “El becerrito”, mejor conocida como “La vaca mariposa”. Acá, Félix va del desgarre a la caricia alternando con segmentos que me recuerdan al tema título de Spiral (1977) de Vangelis, por tener aquél su helicoidal motivo. Un charrasqueo se cuela entre ritmo y melodía. Puedo imaginar la furia del becerrito otrora tierno. El contraste es aún mayor con la cuarta pieza “Mi querencia”, al igual que la anterior, de Simón Díaz. El “solo” de Félix se deslinda de la línea melódica para luego retornar intercambiando texturas bajo una dinámica que sólo un virtuoso como Martin nos puede entregar.

Ricardo Aguirre es el compositor de este otro clásico llamado “La grey zuliana”. Félix abre más espacio a la conocida y melodiosa gaita cuya letra plasma una crónica social con una vigencia se mantiene en el tiempo. Sobre el leit motif de esta obra, Martin explica: “Hay muchos sonidos en la música venezolana y latina que pueden adaptarse fácilmente al mundo del metal progresivo, ambos estilos tienen mucho sentido juntos. Haber aprendido canciones tradicionales cuando era adolescente me sirvieron para desarrollar mi técnica de tapping, así que quería volver a mis raíces y transformar estas canciones en mi estilo musical actual”

Haciendo un interludio literario, si eso existe, hago mención especial acá de la efectiva, contrastante y contundente imagen de la portada, donde nuestra mirada recorre los ranchitos de nuestra amada y maltratada capital hasta perderse en la modernidad de los grandes edificios. Dos realidades plasmadas en una imagen.

Uno de mis favoritos es “El Alcaraván”. La acelerada pieza de bruscas pausas alterna con la conocida melodía. La dinámica de esta pieza bien evoca el caminar de esta ave que es parte indisoluble de los llanos venezolanos. A esta pieza le siguen tres temas que en tiempos relativamente recientes se han hecho clásicos del catálogo musical del país por la creciente popularidad que han tenido gracias a las versiones de músicos excelsos como el guitarrista Aquiles Báez, el pianista Otmaro Ruíz y el violinista Eddy Marcano, por mencionar tres de una dilatada lista. Estos son: “Zumba que zumba”, “Apure en un viaje” y “El diablo suelto”, este último, inspiración para un tema de Otmaro Ruíz que lleva por título “Suelto y disfrazao” de su álbum Distant Friends de 1993.

En la primera, Martin destaca con una frase de unos diez segundos tras la cual la conocida melodía se nos revela de un modo más evidente. Con 1’09”, es la más breve del álbum. Tras ese efímero instante sigue la composición de Genaro PrietoApure en un viaje”. Esta pieza caracterizada por su crescendo es, en el lenguaje de Martin, la excusa perfecta para desgranar su guitarra con más mesura que en las anteriores, tal vez por la misma naturaleza de esta distintiva composición. Las pausas sirven como transición para cambiar de textura. Es una visión caleidoscópica. Finalmente, “El diablo suelto” de Heraclio Fernández. Martin contrasta un sonido limpio con el áspero y desgarrador lenguaje del rock. El final es bastante sutil.

Cuando escuchamos a Félix Martin expresar con firmeza que sus influencias incluyen a Charlie Parker, Derek Hernian y Bach, citando a guitarristas como Ron Jarzomebek, Alex Machacek y Jason Becker, además de las anteriores citadas, comprendemos la carga emocional que se desprende de sus interpretaciones y composiciones, registradas en cuatro álbumes, aunque secretamente dijo en una oportunidad que “son siete.” Este guitarrista que alguna vez señaló a temas de Kaipa y Planet X como puntos de inflexión, cierra su nuevo trabajo discográfico con tres excelentes temas internacionales, “Tonada de luna llena”, “Alma llanera” y “Caballo viejo”.

En el primero de ellos, Martin da evidencia de esa comunión que puede existir entre la música venezolana y ese oscuro género que es el metal progresivo. Hay frases delicadas contrastadas con el sonido rock y que Félix conjuga con inteligencia y buen gusto. El bajo es particularmente llamativo en este clásico considerado como el segundo himno nacional. Sugiero ver la excelente versión de este tema que hace el italiano Flavio Sala desde la óptica académica y que resulta interesante escuchar cuan moldeable pude ser esta composición en dos lenguajes antagónicos.

Caballo viejo”… ¡Caracha! El archiconocido tema de Simón Díaz culmina esta odisea sonora llamada Caracas. El guitarrista, quien cita entre sus piezas clásicas a “Donna Lee” de Charlie Parker, nos comenta finalmente que  “La idea de hacer este álbum, vino después de ser un manifestante durante las violentas protestas del 2017 en Caracas, donde pude ver muchas personas arrestadas, asesinadas, emigrar a otros países y luchando contra el régimen tirano. Toda la energía para hacer un cambio e impotencia, se refleja en estos arreglos”.

Leonardo Bigott