Femi Kuti & The Positive Force y la herencia del afrobeat

Femi Kuti & The Positive Force y la herencia del afrobeat

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Femi Kuti & The Positive Force

Femi Kuti & The Positive Force

Sala Mon, Madrid

(Noviembre 22, 2018)

 

Femi Kuti &The Positive Force visitó Madrid gracias a la productora Charco Música y durante casi dos horas de concierto, el afrobeat sonó sin parar en una Sala Mon casi llena y con un público tremendamente entusiasta. El concierto comenzó con un ligero retraso que la banda compensó haciendo una presentación generosas y divertida, con una respuesta del público que al final hizo emocionar a Femi al punto de casi llorar. Apenas comenzando Kuti advertía que, durante los próximos minutos sería el piloto del afrobeat, y como capitán, nos llevaría a África para verla “con otros ojos, con otra luz”. En efecto, durante cada performance indicaba a la banda cuándo matizar o cuándo acelerar hasta el frenetismo. También insistió, innecesariamente, que ellos eran la verdadera banda representativa del afrobeat.

Olufela Olufemi Anikulapo Kuti, mejor conocido como Femi Kuti, es el hijo varón mayor y principal heredero del legado de su padre, el legendario músico y activista Fela Kuti, quién desde muy temprano entendió que la música era su destino tal y como lo confiesa en el documental Faces of Africa – Fela Kuti: The Father of Afrobeat, Part 1. Femi recuerda: “Siempre solía bailar en la pista de baile justo en frente de mi padre, luego me volví más consciente y esto se debía a que los fans de mi padre siempre me preguntaban: “¿cuándo vas a ser músico? ¿No vas a ser músico? ¿Vas a ser como tu padre? Así que empezaron a ponerlo en mi mente como veneno”. No es de extrañar, que desde entonces haya crecido en él la responsabilidad de mantener vivo el inmenso legado de Fela Kuti, quien junto al increíble baterista Tony Allen (aún activo) fue el creador de afrobeat, que va más allá del terreno musical y se erige como un símbolo de libertad y de justicia social, resumiendo la idea del  Panafricanismo.

El origen del afrobeat

Entender la trascendencia del afrobeat exige revisar la historia moderna de África. En los años 50 y 60, muchos países de África occidental pasaban por un proceso de modernización profunda y de transformación política y social. Tras muchos años de luchas contra el poder colonial, la independencia no había cumplido con las expectativas. Deslastrarse de estructuras de poder colonialistas corruptas, estaba siendo muy complicado y en 1967 Nigeria se vería sumida en una guerra civil que llevó a Fela Kuti a salir del país. Fela, que para entonces ya había establecido su banda de fusión de highlife y jazz llamada Koola Lobitos, decidió hacer un tour por Estados Unidos y es durante ese tiempo que entra en contacto con The Black Panther Party y el movimiento socialista de Black Power, con el sonido del funk de James Brown (que también estaba en plena efervescencia) y se gesta en definitiva lo que ahora conocemos como afrobeat, un género musical polirrítmico, que fusiona los diferentes sonidos de percusión africana, con la improvisación del jazz y letras altamente cargadas de ideología política y justicia social. En definitiva, como bien se explica en este texto la ORG Wiriko, el afrobeat, es “un estilo africano moderno, que rehúye de los discursos de autenticidad africana y se erige como símbolo de convivencia e interacción entre tradición y modernidad, y como un estilo local y global, profundamente enraizado en las tradiciones sonoras de la zona y a su vez, influenciable, poroso y en continua transformación.

Femi, el heredero

Es este legado que Femi Kuti & The Positive Force mantienen vivo. Todo estuvo presente en el concierto en Madrid, con diez músicos en escena entre bajo, guitarra, congas, batería, teclado, vientos y el propio Femi, quienes tocaron largas y eufóricas improvisaciones durante las doce canciones que sonaron. Tres incansables bailarinas completaban la escena (una de ellas en avanzado embarazo), que no solo adornaron todo el show con bailes y danzas, sino que eran las coristas que respetaban parte del formato fundamental del género: pregunta – respuesta. El mismo Femi al inicio del concierto, instruyó a la audiencia a responder con un “Urururu” cada vez que él gritara un “Arararara”.

El show comenzó con el pegadizo ritmo de “Truth Don Die”, de su segundo disco Shoki Shoki (1996), con un largo solo de Femi al saxo, su instrumento principal. Femi se mostró amable y simpático con el público, aunque se le notaban visibles signos de cansancio (especialmente en la voz), debido a que llevaba casi todo el verano de gira y éste de Madrid era el último. Explicó el por qué y el para qué de la música que escucharemos: “es una música en contra de la corrupción, en contra de la opresión, y esperamos que ustedes puedan ver después de esta oportunidad, que Africa brillará sin lugar a duda”.  “Africa for Africa” es la segunda canción que sonó, que subraya la intención del show. Su música no es solo afrobeat, hay en ella pinceladas de bugalú, reggae, funk y jazz.

Tocaron muchas de las canciones de su nuevo álbum de estudio One people One World, que salió a principios de este año 2018, entre ellas “The World is Chancing”, “How Many”, “Best to Live on the Good Side”, “África Will Be Great Again”, “Evil People” y “Corruption Na stealing”, en la que adoptó su faceta de activista social para denunciar, con la línea de bajo al fondo, lo que pasa en muchos países como Siria, Somalia, Yemen, Irak, Nigeria, Congo o Afganistán, o en lo que deberían convertirse en realidad los gestos de caridad hacia África, como por ejemplo la construcción de grandes hospitales. “No necesitamos estúpida caridad mientras nos opriman. Quiero morir en una cama como la de un hospital de Francia”. También recalcó que África es bella, no lo que se dice de ella.

El discurso fue bastante incisivo. Femi no podía dejar pasar la oportunidad para hablar sin tapujos sobre la desigualdad que sigue vigente, no solo desde el punto de vista de los ciudadanos africanos y el acceso a la salud, sino también sobre cómo los acuerdos económicos entre Europa y África siguen perpetuando una relación de poder y dominación. Femi Kuti denunció que las ayudas no pueden ser desde la limosna sino desde la perspectiva de progreso y modernidad que merece África. “Veamos el futuro de África desde este lente ¿Se imaginan la cantidad de puestos de trabajo que se crearían? Entonces África no vendría a Europa buscando asilo”, afirmaba efusivamente en medio de la canción.

A pesar de estas duras palabras, el concierto consiguió volver a su ritmo festivo y fue el momento de invitar a tocar a su hijo, Omorinmade Kuti (quien hacía unos pocos días se graduó del Trinity College, alma mater de su abuelo Fela Kuti), bajista extraordinario de la banda y nervio motor, que al igual que su padre y su abuelo, es un virtuoso saxofonista que por unos diez minutos nos maravilló solo y haciendo dueto con su padre. Luego regresó a su puesto y con su destacable humildad siguió tocando el bajo con los ojos cerrados y una calidad tremenda, al lado del jovencísimo y magnífico baterista. Una base rítmica sorprendente.

Cuando llegó el turno de la canción que da nombre al álbum, “One People One World”, una de las más largas, Femi pidió a los presentes acompañar la canción con una coreografía, poniendo a todos  a moverse hacia la izquierda y luego hacia la derecha.

Al final Femi Kuti anunció que estaría firmando autógrafos y dispuesto a compartir con los fans que quieran conocerle, a modo de redimir el retraso del concierto (como si las dos horas de música no hubieran sido suficientes). Es inevitable reflexionar sobre el gran peso que debe ser llevar el apellido Kuti. Saberse a la sombra de un legado tan inmenso y valioso como el de Fela, exige una fuerza casi igual o mayor para poder sobrellevar tal responsabilidad. Y es ese el mayor logro de Femi, no competir con la memoria de su padre sino mantenerla viva.  Y quizá por ello se despidió con la versión de “Water no Get Enemy”, un fabuloso tema que su padre grabó en 1975.

Andrehyna Caringella

Fotos y videos: Juan Carlos Ballesta