The Soft Moon y Motorpsycho: sin frenos en el GetMAD! (Día 2)

The Soft Moon y Motorpsycho: sin frenos en el GetMAD! (Día 2)

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Motorpsycho

Festival GetMAD! 2019 (Día 2)

Ochoymedio (Sala But), Madrid

(Septiembre 14, 2019)

 

El primer día nos dejó con cierto agotamiento por el tiempo pasado dentro del mismo recinto. Dos bandas acaparaban nuestra atención: The Soft Moon y Motorpsycho. Por un lado rock industrial y oscuro synth pop casi E.BM directamente desde California, y por el otro lado la psicodelia con rock progresivo, hard – stoner rock y boogie salvaje del cuarteto noruego.

The Soft Moon: rock industrial con bongos

El proyecto liderado por el multi instrumentista y compositor Luis Vásquez (voz, teclados, percusión) volvió al GetMAD! tres años después para ofrecer uno de sus frenéticos sets a medio camino entre el rock industrial, el E.B.M, el darkwave, el cool wave y el post punk.

Acompañado de un neurótico manejo de luces y de Luigi Pianezzola (bajo) y Matteo Vallicelli (batería) -pieza fundamental en el entramado instrumental-, Vásquez lanzó toda su artillería, repasando temas de su discografía, vale decir de sus cuatro álbumes, The Soft Moon (2010), Zeros (2012), Deeper (2015) y Criminal (2018).

Vásquez es un músico versátil. Tan pronto toca el sintetizador como desaforadamente unos bongos o un tambor, o canta aferrando al micro o da vueltas con la guitarra. Es un auténtico showman que nada tiene que envidiar a Trent Reznor, siendo sin duda Nine Inch Nails una de sus influencias. Hay otras, por supuesto, entre ellas KMFDM, Ministry, Skinny Puppy, Nitzer Ebb, Bauhaus, DAF…pero los matices de su propuesta la hacen lucir distintiva. Gran trabajo del baterista Vallicelli, preciso, contundente e imaginativo.

Sin pausa, sonaron temazos como “Circles”, “Die Life”, “Machines”, “Burn”, “Choke”, “Far”, “Dead Love”, “Wrong”, “Black”…Una hora de estímulos constantes fue el tiempo suficiente.

Motorpsycho: el volcán nórdico

La vasta y variada discografía de la agrupación noruega hacía prever un concierto inolvidable. Y así fue. Sin duda, plato fuerte del GetMAD! 2019 y su show de dos horas lo demostró.

Celebrando 30 años de su formación, sus dos fundadores Bent Sæther (voz lider, bajo, guitarra), Hans Magnus «Snah» Ryan (guitarra líder, voz), vinieron acompañados del nuevo baterista Tomas Järmyr, y del gran Reine Fiske (teclados, guitarra), uno de los más importantes nombres del rock noruego, líder actualmente de bandas fundamentales como Dungen y The Amazing y miembro en el pasado de otras como Landberk, Paatos, Morte Macabre y Elephant9, entre otras.

Fue un auténtico privilegio haber disfrutado a muy poca distancia de las inmensas habilidades de Fiske, tanto con la guitarra eléctrica como con el Mellotron/Chamberlain en la versión portátil del siglo 21 que emula al aparatoso y distintivo teclado que tanto usaron en los años 70, en especial los grupos progresivos y electrónicos.

El repertorio, nada fácil de ensamblar para una banda con decenas de discos, fue un repaso por varios de los temas más emblemáticos desde su segundo disco de 1991 en adelante, y solo del más reciente, The Crucible (2019), tocaron más de uno.

Dada la amplia gama estilística que han abordado durante su prolífica carrera, Motorpsycho se paseó por el rock progresivo, el stoner rock, el hard rock y el boggie blues envenenado, en casi todos los casos con temas de largo desarrollo. Había pasado una hora de concierto y solo habían tocado cuatro piezas.

Year Zero (A damage report)” de  Little Lucid Moments (2008) abrió fuegos y nos puso sobreaviso a lo largo de once minutos entre el rock paisajista y el progresivo, con elementos de Yes y Genesis. Sæther con su imponente doble bajo-guitarra nos trasladó de inmediato a los años 70 cuando se pusieron de moda las guitarras doble mástil, con Jimmy Page y John McLaughlin a la cabeza.

Entonces se lanzaron con “In Every Dream Home” de  The Tower (2017), un hard rock con elementos blues que bien pudiera recordar al primer Black Sabbath pero que en su desarrollo va mutando.

El primer repaso el nuevo disco fue con la pieza que le da nombre, “The Crucible”, un largo y complejo tema de 22 minutos que se pasea por varias atmósferas, del dramatismo al frenesí, de la calma a la tormenta, con referencias a las florituras de Yes y a la densidad propia de King Crimson.

 

 

El viaje a la primera etapa comenzó con “Mountain”, del doble disco, Demon Box, que en 1994 puso a Motorpsycho en el mapa musical más allá de Noruega. Es otro de esos temas que refleja la orientación inicial hacia el hard rock más bluesero, con un solo de guitarra tremendo de Ryan en el tramo final.

Sin apenas pausa y un escueto “thank you”, siguieron con “Greener”, del disco Blissard (1996), tema que en su versión original reflejaba ciertas influencias del grunge, pero que 23 años después ya no lo irradia tanto. A través de un puente con el bajo, la unieron con “Überwagner or a Billion Bubbles in My Mind”, del álbum It´s a Love Cult (2002), y esta a su vez con una versión de “The Pilgrim” de uno de los mejores de Wishbone Ash, Pilgrimage (1971). El resultado fue una improbable mezcla entre la metronómica batería de Klaus Dinger con Neu!,  armonías de la psicodelia beatle y escalas a lo Yes y Gentle Giant. Apoteósico.

 

 

Pero todavía falta mucho. Del nuevo disco abordaron el stoner rock “Psychotzar”, la cual unieron con “Hogwash”, el tema más antiguo que tocaron, del segundo álbum Lobotomizer (1991), que ofreció uno de los segmentos más espaciales con referencias a Ash Ra Tempel y coqueteos rítmicos de Sæther y Järmyr hacia Can (“Halleluwah”) y un riff de guitarra final a lo Jan Akkerman en “Hocus Pocus” (Focus).

 

 

Sin pausa siguieron rumbo al tramo final con “Walking on the Water” del disco Angels and Demons (1997), para finalizar con el super boggie blues lleno de ponzoña mortal “Back to Comm”, versión del grupo de Detroit, MC5.

 

Dos horas de delirio instrumental al que quizá lo único que cabria objetar es cierta deficiencia en las voces de Sæther y Ryan, algo que, sin embargo, ya sabíamos y no resta mérito al increíble trabajo de estos noruegos.

Juan Carlos Ballesta