Gaélica y “El día que todo cambió”, su emotivo nuevo disco

Gaélica y “El día que todo cambió”, su emotivo nuevo disco

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Gaélica

Gaélica

El día que todo cambió

Independiente. 2017. Venezuela

 

Cinco años de silencio discográfico se sacian con este largamente esperado nuevo disco de la respetada y querida agrupación caraqueña. Es un trabajo que tomó tiempo en su construcción y en cuyo resultado se nota la dedicación que recibió. Cada canción está cuidada al detalle, con una instrumentación rica en sonoridades, arreglos y matices. La participación de una buena cantidad de músicos invitados enriquece cada tema. Hay una gran novedad en este quinto álbum en la discografía de Gaélica y el primero desde Luz, una navidad celta en Venezuela Vol 2 (2012): la voz.

Durante buena parte de su trayectoria, Gaélica fue un grupo instrumental y así triunfó. Pero, desde hace algún tiempo ya había dejado entrever sus nuevas intenciones con la emotiva “Brújula”, con letra y voz de Gabriel Figueira, y un coro en el que cantan: “Voy siguiendo la brújula que llevo dentro / Voy siguiendo una sola dirección / Voy siguiendo la brújula que llevo dentro / Voy siguiendo mi corazón”

El reto de poner letras a cada canción y además atreverse a cantarlas, lo han asumido con soltura los líderes compositores: Figueira (gaitas, whistles, guitarra acústica, bajo, percusión de palmas y pies, orquestación, ukulele, lap steel, bodhram, voz) y Rubén Gutiérrez (guitarras acústica y eléctrica, ukulele, banjo, mandolina, percusión de palmas y pies, bodhram, voz). Sin ser precisamente unos connotados cantantes, demuestran que son capaces de subir varios peldaños en su rol de músicos, retarse a si mismos y hacerlo bien. No es difícil percibir que los complejos momentos que vive Venezuela desde hace años y que cada día se complican, pincelan las temáticas a lo largo del disco, además de las vivencias personales que pasan por rupturas sentimentales, nuevas relaciones y paternidad.

Siempre se agradece la existencia de músicos sinceros, honestos, además de talentosos, decididos a darle rienda suelta a sus emociones, y que además cuiden los detalles técnicos. Qué duda cabe que Figueira es un instrumentista excepcional, versátil donde los haya, quien se complementa a la perfección con la solidez de Gutiérrez como guitarrista. El tercer miembro original de Gaélica, Armando Álvarez (batería, percusión de palmas y pies, bombo Gran Casa, pandereta, bodhram, coros), sigue aportando su frescura y actitud. A ellos se ha unido en tiempos recientes, el reconocido Chapis Lasca (bajo, órgano, coros), mientras que el rol de violinista lo ha asumido Víctor Mora.

El disco aborda la música de raíz celta desde varias perspectivas, desde la visión más purista hasta la fusión con rock y otras influencias latinoamericanas y en especial venezolanas. Figueira compone “Quien sabe”, que posee un pegadizo coro de raíces gallegas y asturianas, y una letra que funciona como una especie de declaración de principios justo para abrir el disco:

“Llegaron los Tiempos

Ya no hay nada más que hablar

Arrojen los dados una vez más

Llegaron nuestros Tiempos

Ya no hay nada que pensar

Prendan fuego, roben besos

y no paren de soñar

Quién sabe, quién sabe, quién sabe

Hoy todo puede cambiar”

“Buen día”, otro tema de Figueira, mezcla el sentimiento de amistad y cierta añoranza, y bien podría haber sido escrito por la legendaria banda irlandesa The Pogues. Parte de su letra dice:

“Por todo lo que merecemos pero que nunca tendremos

Cheers! (Inglés), A Vossa! (Portugués), Sláinte Mhath! (Gaélico)

Por nuestro equipo campeón. Aunque nunca ganemos

Próst! (Alemán), Chin Chin! (Italiano), Sláinte Mhath! (Gaélico)

Con esta última copa arriba, quiero brindar por ‘Ella’

Aquella mujer bella a quien yo le entregue mi corazón

Y lo rompió 🙁

Y finalmente también quiero, brindar por las estrellas

Que siempre fieles desde arriba, me cuidan

Cuando borracho estoy”

En cambio “Lo que nadie vio”, compuesto por Gutiérrez, tiene un carácter melancólico y de cierta manera místico:

“Quien dijo que era fácil/ nadie lo advirtió/ recoger los pedazos/ el vacío que dejó /

Cuanto lo extrañas/ cuando pasó/ no hay resentimiento/ solo hay dolor

Levantas la cara

recuerdas a Dios

Cierras los ojos y ves

lo que nadie vio

Juntar las palabras/ que el tiempo dejó/ esa sensación/ de que el camino acabó

Cruzar las miradas/ ya el frío pasó/ siempre hay una puerta/ siempre hay un botón”

Una de las composiciones de Figueira más dolorosas y descarnadas es, sin duda, “Monstruo”, probablemente la mejor del álbum. En ella canta, con acertadas frases, lo que le ha tocado vivir al venezolano en este siglo 21 y la interiorización de todos estos avatares. Es el tema más largo con casi 6 minutos y un fantástico desarrollo instrumental y el apoyo vocal de Delia Dorta, Kimberly Bravo, Cristina Mosquera, Ángel Hasegawa, Eduardo Daza y Edgar Sibada, quienes participan en varios temas. De su elocuente letra, extraemos:

“Estoy armado, de arriba abajo / Con garras, espinas y cuernos / Ya me han brotado tentáculos en / todo el cuerpo

Ya no respondo, me tienes miedo / Soy fuerte, más grande y más alto / Sálvese quien pueda / Y que sobreviva el más apto.

Todo lo que no podemos cambiar

Nos está cambiando

Todo lo que no podemos cambiar.

Nos está cambiando

Hasta que algún día, de pie sobre esta tierra inerte / Que alguna vez fue grande, fue hermosa, fue fértil / Frente al espejo sin reconocerme, preguntaré:

¿En qué monstruo me he convertido?

¿Qué monstruos hemos despertado?”

“Tormenta” es uno de esos temas irremediablemente pegadizos, con una dicotómica atmósfera de feliz melancolía, con la estupenda participación de Laura Guevara. Entre ella y Figueira cantan con una esplendorosa gaita como telón de fondo:

“Guíame que estoy en altamar

Tu voz será mi faro

Cuando la noche pone el frío

Tú y Yo ponemos el abrazo

Y si la noche pone el frío

Tú y Yo ponemos el abrazo

Ponemos el Abrazo

Tú y Yo

Ponemos el abrazo”.

El ecuador del disco es “Intentar”, un delicado tema acústico de Gutiérrez, que recuerda a cantautores folk como Bert Jansch, la cual es seguida por otra exquisita y nostálgica pieza de Figueira, “Las estrellas”, en plan The Silencers. En ella canta: “Hoy seremos / Las estrellas que brillen / En esta noche oscura, sin luna”. “Te vas”, compuesta por Gutiérrez, se adentra en terrenos cercanos a Mumford and Sons, en la que destacan el lap steel y la mandolina.

Los dos compositores comparten autoría de “Brújula”, con el contrabajo del gran Gonzalo Teppa, tema que funcionó a la perfección como la primera señal de lo que vendría, ya que además de poseer todos los ingredientes que caracterizan a Gaélica, entre ellos la soberbia gaita, instrumento fundamental que emparenta a los pueblos celtas, introdujo la voz. El experimentó funcionó.

“Donde tu estés” posee un espíritu ritualístico, festivo, apuntalado por voces y palmas. Cuenta con el violín de Daniela Padrón, parte de Gaélica durante varios años, el órgano Hammond de Daniel Espinoza, el cello de Ana Elba Domínguez y la orquestación de Yon Carlos Medina.

El adecuado cierre es una sensible versión del tema de Simón Díaz y Aquiles Nazoa, “El loco Juan Carabina”, con una impecable vocalización de Figueira y una última parte grandiosa en la que gaita, whistle y el violín de Mora, relucen.

Gáelica ha hecho su mejor disco y ello, en una carrera de quince años, significa mucho. Es una obra realizada en medio de tiempos turbulentos y eso ha sido reflejado de una manera especialmente emotiva, sin falsos sentimentalismos ni clichés. El día que todo cambió es un cúmulo de emociones auténticas. Durante los 47 minutos que dura, puede producir tristeza, llanto, sonrisas, pero sobre todo esperanza.

Parafraseando una de sus líneas, Gaélica brilla en esta noche oscura, sin luna.

Juan Carlos Ballesta

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