Guadalupe Plata: cómo revivir una lengua muerta

Guadalupe Plata: cómo revivir una lengua muerta

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Guadalupe Plata

Guadalupe Plata

Sala Fun House, Madrid

(Diciembre 9, 2019)

 

Conforme ha trascendido la historia de la humanidad, muchos lenguajes han logrado mantenerse en un mundo tan globalizado como el nuestro, donde la segunda lengua de muchos suele ser el inglés, que, también, se puede decir, es el idioma más hablado en todo el mundo, por encima del hecho de que el mandarín sea el dialecto natal mediante el cual más personas se comunican.

Algunos, como el celtíbero, el huno, el dálmata o el arameo, han caído en total desuso, mientras que idiomas como el latín o el hebreo han encontrado nueva vida como códigos para situaciones puntuales -aunque uno de ellos sea la raíz de las llamadas lenguas del romanticismo.

Por otra parte, hay lenguas que son usadas por pequeños o grandes grupos culturales y que son una forma única de identificarlos, como pudieran ser los dialectos indígenas (en México, por ejemplo, se habla de que existen 11 familias lingüísticas de las que derivan 68 lenguas) o los idiomas que se hablan en las comunidades autónomas de España además del castellano, como el gallego, el euskera o el catalán.

El código bluesero de Guadalupe Plata

En la música, lo más cercano que podríamos tener a una lengua muerta, o una lengua para muy pocos, podría ser, entre muchos otros, el blues (el del delta), un género seminal para la historia de la música moderna (no olvidemos que la raíz de lo que hacían los Stones, los Animals, los Yardbirds e incluso los Beatles, por nombrar a algunos, es, puramente, bluesera) y que poco a poco se ha ido relegando a mucho más allá que un segundo plano, pese a que es altamente probable que le preguntes a algún músico de rock si está influenciado por este sonido, y te diga que sí, con los ojos brillosos, mientras recuerda a Muddy Waters, Bo Diddley, Robert Johnson, entre otros.

El blues tradicional, como nació en los pantanos del Mississippi, se convirtió en un fetiche para algunos y, a los que nos gusta, tenemos la suerte de contar con bandas como Guadalupe Plata, que se ciñen a sus estructuras tradicionales y ese sonido rasgado que le caracteriza, además de la intención de sus letras, para crear una amalgama bien cohesionada en la que se siente algo de punk, en especial, por su actitud.

La Sala Fun House fue testigo de dos shows de los de Úbeda, que dejan patente la función de Andalucía, y sus sonidos, dentro del panorama cultural español, no solo en la música sino en todas las disciplinas artísticas.

Pedro de Dios Barceló (guitarra y voz) y Carlos Jimena (batería), ahora como un dúo, tras la lamentable salida de su bajista, Paco Luis Martos, motivada a razones personales, presentaron al público un show estupendo repleto del desparpajo y la improvisación que les caracteriza, probándole al público que, pese a la falta de una de sus patas, la silla no cojea.

La banda repasó el sonido de sus, hasta ahora, cinco LP y un EP, editados entre 2008 y 2018 con el mismo nombre de la banda, dejando ver que más que un concierto para mostrar música nueva (algo que hicieron en el concierto hace un año y se les esperaba de nuevo para este año), fue un concierto para seguir sintiendo este nuevo formato, al que adicionan también algo de percusión menor hacia el final del show, la cual va desde una pandereta a una botella de ginebra usada como una especie de charrasca / güiro, sacándole el sonido con un tenedor de mesa.

En cuanto al setlist, el grupo comenzó tocando “Nido de Avispas”, sencillo del álbum de 2018, y fue improvisando el orden de canciones de acuerdo al feeling que tenían y una lista que el baterista iba mirando, pero dejando escuchar al público algunas de sus favoritas, entre las que destacan “Como una serpiente”, “Boogie de la muerte”, “Pollo podrido”, “Baby Baby”, “Tormenta”, “Jesús está llorando”, “Calle 24”, “Maricarmen”, “No te vayas”, “Huele a rata”, “Serpientes negras”, “Veneno” o “Gatito”, su mayor corte de difusión.

En total, casi hora y media de show donde, con poca interacción con los asistentes, el dúo entregó el alma con un sonido sucio y desconcertante, en el que, más allá de blues tradicional o el llamado roots rock, también dejan colar algo de jazz, psychobilly, surf, y más.

En tiempos donde los otrora -y, algunos, actuales- adalides del blues rock, entiéndase gente como Jack White, Kings of Leon o The Black Keys, son cabeza de cartel en los grandes festivales tras experimentar con otros géneros y salir del sonido sucio que les caracterizó en sus inicios (a excepción de White, claro está, que ha buscado cómo bandearse sin perder su esencia), nos conforta saber que aún hay gente como Radio Moscow en los Estados Unidos, Prisma Circus en Barcelona o Guadalupe Plata en Úbeda, que podemos considerar nostálgicos por rendir honores a la tradición del blues del delta dentro de su obra, y hacerlo de una forma tan honesta como explosiva y bien hecha, que es imposible no quedar sorprendido, en especial por el nivel de show que Guadalupe Plata dio en la Fun House y que pocos tuvimos la suerte de ver.

Alejandro Fernandes Riera

Fotos y videos: Juan Carlos Ballesta