Guillermo McGill y Cuarteto Leonor: pecando de extraordinarios

Guillermo McGill y Cuarteto Leonor: pecando de extraordinarios

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GUILLERMO MCGILL y CUARTETO LEONOR

Guillermo McGill + Cuarteto Leonor + Nieves Rosales
Festival Internacional de Arte Sacro 2019
Ciclo Música Infinitas
Iglesia de San Miguel y San Cayetano, Madrid

(Marzo 23, 2019)

 

Cuando notamos la presencia de este concierto en el programa del festival, intuimos que se trataba de una idea muy interesante y nada convencional que llevada a la práctica en una iglesia podría resultar una experiencia única. Y así fue. La unión de talentos con historias ricas, distintas y complementarias, resultó en un concierto de una hora, absolutamente redondo y que nos dejó con ganas de más.

La obra “7 pecados y un perdón”, compuesta por el versátil percusionista Guillermo McGill (quien ha tocado con Enrique Morente, Chano Domíguez, Tete Montoliu, John Abercrombie, Wynton Marsalis, Marc Johnson, y un largo etcétera), se paseó de manera magistral por el jazz, la música académica de cámara y el flamenco, creando texturas de corte cinematográfico, algunas dramáticas llenas de tensión y frenetismo, otras sosegadas y pastorales. Como indica su título, la obra consta de siete partes -los siete pecados capitales- más una octava y última parte, el perdón.

Antes de comenzar, McGill explicó brevemente el origen del encuentro entre él y el Cuarteto Leonor (nombre que rinde homenaje al escritor Antonio Machado y a los lazos que él y el conjunto poseen con la provincia de Soria), que ocurrió gracias al Atlético de Madrid, en cuya categoría infantil jugaban su hijo y el de Delphine Caserta (violín) y Jaime Huertas (viola), la mitad del cuarteto al que también pertenecen Bruno Vidal (violín) y Álvaro Huertas (violonchelo). La pareja invitó a McGill a uno de sus conciertos, en los que tocaban obras de Bartok y Schostakovich y tras su presentación en la edición de este mismo festival hace dos años, surgió la idea de realizar esta colaboración, que el organizador, Pepe Mompeán, aceptó con entusiasmo.

A la idea, además, se agregó otro componente esencial: la participación de la bailarina, directora de escena y coreógrafa, Nieves Rosales, cuya danza contemporánea ligada al flamenco calzó a la perfección. Completó la formación el contrabajista Víctor Retuerta. Los siete -cifra coincidente con el número de pecados- nos regalaron un performance magistral.

Comenzaron con “Envidia”, de aroma otoñal muy adecuado con ese habitualmente silencioso pecado, perfecta introducción. Desembocaron en “Ira”, pieza ágil que bien pudiera ser parte de una banda sonora acompañando una escena dramática. La atmósfera de “Pereza” fue de calma, sirviendo para que Rosales mostrara por primera vez su exquisita técnica, apareciendo a la mitad de la pieza y luego saliendo “de cuadro” con sutileza, como haría en cada una de sus intervenciones.

Gula” fue uno de los momentos más atractivos, con cercanía al jazz gracias al trabajo de McGill con el djembé y las escobillas, y cierto aire a las composiciones de Alexandre Desplat para películas como “Gran Hotel Budapest”, “Philomena” o “La Chica Danesa”. “Lujuria”, en cambio, se tiñó de misterio y sigiloso encanto, de nuevo con Rosales desplegando toda su emotividad y plasticidad. El trabajo de McGill en esta pieza fue particularmente interesante, trabajando con el cajón de forma casi tangencial. También Retuerta hizo un aporte fantástico con su contrabajo, mientras el resto de las cuerdas entretejían una telaraña instrumental que nos atrapó totalmente.

Soberbia” fue iniciada por un fantástico solo de cajón -que fue el instrumento base de toda la pieza- sobre el cual el cuarteto construyó una cautivante melodía de aires flamencos, mientras incorporaba escalas que añadían dramatismo.

Avaricia”, el séptimo pecado capital, por momentos nos recordó tanto al grupo francés Art Zoyd como a Balanescu Quartet, quizá por la osadía de moverse entre varios mundos, imbricando el academicismo contemporáneo con cadencias folclóricas y jazz. La sobria pieza final, “Perdón”, trata de englobar el espíritu que reinó a lo largo de los siete pecados capitales.

Ante el absoluto reconocimiento del público que abarrotó la emblemática iglesia barroca de 1669, destruida casi completamente en 1936 comenzando la Guerra Civil, los músicos regresaron para interpretar una versión algo más corta de “Ira”, completando así un sorprendente estreno. Fuimos privilegiados al haber estado ahí.

Juan Carlos Ballesta