Gustavo Guerrero: un músico con horizonte infinito

Gustavo Guerrero: un músico con horizonte infinito

4473
Gustavo Guerrero
Foto: Juan C Ballesta

Desde que lo vimos por primera vez sobre una tarima siendo menor de edad, supimos que el guitarrista venezolano llegaría lejos. Tras su paso por varios grupos y proyectos de alta factura en Caracas y de conducir su propia banda Cunaguaro Soul, desde hace unos años triunfa como director de la banda que acompaña a la cantautora mexicana Natalia Lafourcade. Desde México ha crecido una barbaridad. Sus proyectos solistas van encontrando espacio en su complicada agenda y ya han aflorado varios de ellos. Gustavo, acompañado de Augusto Bracho, estuvo unos pocos días en Caracas.

Juan Carlos Ballesta

 

Gustavo es una de esas raras avis que no alardea de su talento, mucho menos de sus logros. Su presencia sobre un escenario es gigante a pesar de cierta timidez que proyecta. De su rostro siempre emana concentración y al mismo tiempo disfrute. Es perfeccionista, trabajador, decidido, celoso de su vida privada y profesional, abierto a aprender y a escuchar nueva música y leer mucha literatura.

Gustavo habla pausado y a bajo volumen, como quien te está confesando cosas. Produce una sensación de sosiego aunque su naturaleza como músico sea inquieta. Proyecta equilibrio y al mismo tiempo mucha curiosidad. Su proceso de crecimiento personal es imparable.

Lo conocemos desde antes de llegar a su mayoría de edad cuando arrancó liderando un sensacional trío llamado Cunaguaro Soul junto a Miguel Arellano (bajo) y Simón Hernández (batería), quien sería sustituido por Rómulo Castillo Rašić, a la postre el que grabaría el excelente único y homónimo disco editado en 2008. El joven Gustavo rápidamente fue requerido por otros músicos, siendo su paso por la banda Bacalao Men una etapa realmente muy valiosa. También junto a Cabezon Key, el proyecto de Ezequiel Serrano Valencia; y la fenomenal agrupación Monsalve y Los Forajidos, en la cual compartió con algunos músicos de alto calibre. Por eso se ganó el cariñoso apelativo de “Cambur”.

De esa convivencia surgió la maravillosa colaboración con José Ignacio Benítez (Domingo en Llamas), bajo los alter ego de ambos: Augusto Bracho y Moisés de Martín, de la cual hay por ahora un solo testimonio: Pajarera vertical (2015)

Pero Gustavo estaba para seguir creciendo y su techo en Venezuela apareció pronto. Su primera escala fue Buenos Aires hace ya seis años, ciudad a la que se fue en principio para estudiar diseño y en paralelo seguir desarrollándose como guitarrista, cantante y compositor. Allí fue descubierto por la cantautora mexicana Natalia Lafourcade, quien en una visita necesitaba con urgencia un guitarrista que la ayudara con dos piezas. Gustavo terminó montando ocho e impresionando a Lafourcade, quien le propuso irse con ella a México y ser el director musical de su banda.

Ya son cinco años desde que comenzó a trabajar con ella, tiempo en el que su exposición ha crecido de manera notable. Varios años sin visitar Caracas y a su querida madre Ana Cecilia, lo trajeron unos pocos días a la convulsa ciudad que lo vio nacer. A pesar de la alocada agenda de compromisos, tuvimos tiempo para conversar y actualizarnos, en el agradable ambiente de la Librería Lugar Común de Altamira.

¿Qué destacas de estos cinco años en México? ¿Qué tanto ha cambiado tu vida?

No sé si “libertad” sea la palabra. Al menos he estado en la búsqueda de ella. El aprendizaje que he obtenido trabajando con Natalia y viviendo en México me ha ayudado a saborear un poco la libertad creativa, aunque suene un poco paradójico porque básicamente trabajo en pro de la creatividad de otra persona. Pero me ha servido de mucho.

¿Qué tanta libertad tienes como director de su banda?

Tengo la fortuna de haber conseguido la amistad de Natalia y eso para mí es lo más valioso. La relación humana que tenemos es interesantísima, la valoro y guardo en un lugar muy importante de mi vida. En el trabajo que hemos estado haciendo se nota ese aspecto.

¿Cuál fue el primer trabajo importante con Natalia?

Hay una confusión respecto al disco de versiones de Agustín Lara (Mujer Divina, Homenaje a Agustín Lara -2012), en el cual yo no trabajé pero mucha gente lo cree. Yo llegué cuando el disco estaba listo y se estaba mezclando. Lo que hice fue traducir lo que tenía en mente Natalia para armar la banda y tocarlo en vivo. Luego salí en los primeros videos. Trabajar con esas canciones tan importantes para el repertorio latinoamericano ha sido muy importante, tanto que eso inspiró el siguiente disco Hasta la raíz (2015), que son canciones más personales compuestas por ella. Ahí si tuve la oportunidad de trabajar desde el primer momento como parte de su equipo, aportando ideas y dándole forma a las canciones, y participando en la producción. Luego hicimos la grabación en el estudio texano El Rancho.

¿Cómo fue la experiencia en ese estudio tan especial?

Muy interesante. Está completamente aislado. Es un rancho de nogales, cuyo dueño es un apasionado de la música y los estudios de grabación. Su negocio en realidad es la producción de nueces, pero tiene ese estudio increíble donde hay guitarras que eran de Jimmy Page, Stevie Ray Vaughan y otros músicos legendarios. Es un apasionado. Es muy buena onda, Tony. Es muy curioso que cuando estábamos grabando llegó Henry de La Vida Boheme, a quien Tony había invitado para que conociera el estudio, y allí estuvimos conversando.

¿Cómo es la dinámica con Natalia?

Nos vemos casi todos los días, y cuando estamos de gira pues siempre. Ella ha tenido un crecimiento brutal desde lo de Agustín Lara. Su nombre está en todos lados. Uno de los lugares donde más ha crecido es en Estados Unidos, a tal punto que el 80% de la gira de 2016 fue allí. La respuesta del público sajón ha sido fantástica. Llegamos a tocar en el Austin City Limits y en el programa de televisión.

Sin duda, Natalia tiene una fuerza impresionante y sus ideas muy claras.

Su universo musical es bellísimo y me remite a cosas que se me habían olvidado de mi infancia.

También grabaste con otra gigante de la música pop mexicana, Julieta Venegas.

Si, tuve la oportunidad de grabar las guitarras de su reciente disco, Algo sucede. Ella me llamó porque tenemos amigos músicos en común, en principio para grabar en una canción, pero terminé grabando en todas, principalmente las eléctricas pero también algunas acústicas. Ese disco lo mezcló nuestro conocido Héctor Castillo (Dermis Tatú).

¿Qué tiempo te queda para tus proyectos personales? ¿Conoce Natalia de esas inquietudes?

Me queda muy poco tiempo, pero sé que tengo que dedicarles. Natalia lo sabe bien y lo respeta. De hecho siempre me está motivando a salir adelante con lo mío. He tenido chance de hacer algunas cosas en medio de las giras. Tengo que buscar el tiempo libre porque si no se me seca la ilusión de hacer mi propia música. Con Natalia he aprendido muchas cosas, entre ellas la responsabilidad con lo que uno hace. Es muy bonito decir yo soy músico, soy compositor, pero otra cosa es hacerse responsable de eso. Cuando yo tenía Cunaguaro Soul no pensaba en eso.

Desde los tiempos de Cunaguaro hasta ahora, ha pasado suficiente tiempo y diversas experiencias como para que hayas madurado ciertos aspectos del oficio

Claro, cuando empecé era muy chamo. Con el tiempo me fui dando cuenta que si quería vivir de la música tenía que hacerme responsable y no necesariamente producir y producir. Hay que pensar a quien va dirigido nuestro trabajo.

Entre esos proyectos que has emprendido está El Conjunto, con ese nombre tan apropiadamente “vintage”. ¿Cómo surge y de qué se trata?

Le pusimos ese nombre El Conjunto porque nos recuerda el lenguaje de nuestros padres y abuelos, tal como le llamaban a las agrupaciones. Era la idea, sobre todo por el tipo de música que decidimos hacer, netamente latinoamericana. Martín Bruhn es un aliado rítmico excepcional. Es uno de los amigos que más quiero, siempre está de buen humor.

Comencé a trabajar con el buen Martín, cordobés radicado en Madrid y de los mejores músicos argentinos de estos tiempos, a finales de 2012. Fuimos coincidiendo cada vez más durante algunos viajes que tuve oportunidad de hacer a España desde entonces, pero en 2013 decidimos compartir más música. Le presenté a Augusto Bracho, a quien Martín invitó a participar en una versión que hizo de la canción popular “Caderona” para el segundo disco (“Remixes Criollos”) de su proyecto personal, Criollo. Luego, en junio de 2014, él fue a México y nos pusimos como tarea grabar adaptaciones de canciones populares de América Latina y el Caribe enfocadas en nuestro lado más humorístico; más que nada canciones que escuchábamos en la infancia y otras que nos siguen pareciendo modernísimas. Eso sí, la intención siempre ha sido divertirnos.

Grabamos la mayoría de las sesiones en Ciudad de México. Los arreglos musicales los hicimos juntos. Él se encargó de todos los instrumentos de percusión: bombo legüero, caja chayera, redoblantes, platillos, ollas, timbales, cajón peruano, bongó, quijada, platillos, etc. Y yo aporté todo el cordel: guitarras, cuatro venezolano, requinto jarocho, banjo, bajo eléctrico, etc. Un buen ejercicio para desoxidarse y ponerse al día con el riesgo creativo. También era importante desarrollar las voces y la interpretación, así que tragamos grueso y nos pusimos a cantar, con la responsabilidad y los cojones que exige la mayoría de ese repertorio tradicional.

Durante ese mismo año (2014), pero más adelante, viajé nuevamente a Madrid para terminar de grabar y seleccionar la lista de temas. Dejamos reposando el disco, voluntaria e involuntariamente; no solo para tomar perspectiva del proyecto, sino también por cuestiones laborales que nos mantenían muy ocupados. Sin embargo, a finales de octubre y principios de noviembre decidimos presentar por primera vez a El Conjunto en Madrid, tocamos dos veces en el Café Berlín (en el antiguo local). Fue importantísimo para terminar de definir el concepto del proyecto antes de imprimir los temas; algo similar y necesario pasó con Augusto y Moisés. Son procesos que te pide naturalmente una obra para consolidarse, y en el caso de músicos como nosotros, es un camino irremediable que se tiene que tomar para llevar a cabo propósitos concebidos a distancia.

A Bruhn se le ocurrió la graciosa idea de titular al disco Antología 2, un chiste de ilógica numérica con encanto beatlemaníaco. Finalmente, el año pasado me encargué de la mezcla desde México, con la importante opinión de Martín desde Madrid. Santiago Quizhpe, ingeniero de audio ecuatoriano radicado también en Madrid, fue el responsable de la masterización.

Después de haber liberado las grabaciones digitalmente, esperamos poder armar una serie de conciertos para 2017 y poner a bailar a la gente, esa es nuestra mayor ilusión.

Otro proyectazo es Augusto y Moisés, con José Ignacio Benítez (Domingo en Llamas) ¿Qué puedes contar de ese pseudónimo de batalla, Augusto Bracho?

El disco de Augusto y Moisés es una de las mejores cosas que he hecho y tal como lo definías en tu reseña, fue concebido “a fuego lento”. Para mí fue espectacular haberlo realizado a distancia, no había otra forma. En cuanto a Augusto Bracho, ya tengo el nuevo disco listo para lanzar, que sería lo segundo luego del EP de 2014, Primer acercamiento al mito, en el que también participó José Ignacio cuando viajó a México. El nuevo trabajo lo grabé en Madrid y participa Martín como uno de los percusionistas. Tengo pensado tocarlo en Caracas.

Tu trabajo con Natalia debe haberte proporcionado una relativa estabilidad económica, muy importante sobre todo si se estás en otro país

Sí, es así. No me puedo quejar. Aunque, obviamente, la estabilidad es relativa. Nosotros tocamos y puedo vivir de eso, pero cuando hay vacaciones no toco y trato de hacer otras cosas. Estoy super comprometido con ella, pero también en 2017 quiero alzar un poco el vuelo con lo mío y que eso contribuya también a la estabilidad. Tengo que cruzar las agendas. Yo me angustio por esas cosas, pero lo veo a distancia y me doy cuenta que no me he olvidado de mis cosas.

¿Cómo te ubicas en el contexto mexicano con tanta producción? ¿Sientes que has construido tu espacio?

Es difícil darte una respuesta a eso. Lo estoy intentando. Me encanta México, estoy muy feliz viviendo allá. Me he acostumbrado a muchas cosas, incluso al picante.

¿Qué es lo que más te gusta de México?

Me gustan muchas cosas, en especial la gente. La cultura me encanta y Ciudad de México es increíble. Me gusta que como venezolano una pueda reconocerse allí también, porque compartimos muchas cosas que son comunes. Tuve una discusión con una profesora de la UCV porque yo digo que hemos heredado algunas cosas mexicanas como el cine y la música. Tengo tíos que siguen oyendo a Pedro Infante y Jorge Negrete y los mariachis siguen estando en fiestas. También están las telenovelas, que luego nosotros también exportamos. México es un país acostumbrado a recibir gente, viven del turismo. Hay cosas muy interesantes como el hecho que haya muchas personas que son guadalupanas (creen en la Virgen de Guadalupe) pero no son católicos. Y yo soy uno de esos, no soy muy religioso (risas) pero me gusta la espiritualidad. El culto a la virgen es muy bonito, es algo cultural y a mí me encantan las tradiciones. Vivir allá me ha ayudado a entender a Latinoamérica porque siento que México es como una síntesis de lo son los países que la conforman.

¿Qué no te gusta?

Hay clasismo y pobreza, que no se ve tanto porque la ciudad es plana. Pero, por ejemplo, en la Colonia Santa Fe que antes era un vertedero y ahora alberga a muchas grandes compañías, hay un muro que oculta los ranchos que están en una parte. Hay un tema con lo de las jerarquías que tampoco me gusta. El “patrón” es el dueño del empleado, y el empleado tiene un nivel de sumisión muy arraigado que para mí es terrible. Dentro de México hay como varios países diferentes. Yucatán es un mundo diferente a otros, por ejemplo. El tema del narcotráfico es alarmante, aunque Ciudad de México es una especie de burbuja.

Está claro que hay similitudes en todos los países latinoamericanos, en lo bueno y en lo malo. El universo musical que compartimos es notablemente rico.

Lo he comprobado en mis viajes a Ecuador y Perú, donde la música es increíble. No toda la música de nuestros países se conoce bien. El cajón es de Perú, pero Paco de Lucía se volvió loco con Rubem Dantas y se lo llevó y le agregó cuerdas. Aunque algunos dicen que el cajón es de Cuba, como muchas manifestaciones rítmicas.

Gustavo Guerrero Gustavo Guerrero ¿Cuánto tiempo tenías sin venir a Venezuela? ¿Cómo la has encontrado?

No venía hace cuatro años. Ha sido muy fuerte porque muchos de mis amigos ya no están. Pero he podido hacer otros. Me ha producido sentimientos encontrados, aunque yo sé que en todas partes hay problemas. En México también hay cosas muy feas y duras. Lo que veo mal es que se institucionalicen muchos males. Es muy complicado lo que pasa en Venezuela. No es lo mismo lo que me dicen o cuentan que verlo en persona. Me quedan unas imágenes muy jodidas de este viaje. Las pacas de billetes para comprarse un cachito de jamón es algo delirante.

Al mismo tiempo he descubierto a gente maravillosa que está haciendo cosas fantásticas en literatura, música, diseño y otras artes, en medio de las dificultades. Esas cosas me animan a pensar que no todo está perdido. Regresaré lo más pronto que pueda.

Gustavo Guerrero