Jethro Tull “Songs from the Wood”: 40 años del inicio de la...

Jethro Tull “Songs from the Wood”: 40 años del inicio de la tríada folk

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Jethro Tull

Jethro Tull
Songs From The Wood
Chrysalis Records. 1977. Inglaterra

Jethro Tull, la legendaria banda inglesa, alter ego del escocés Ian Anderson, celebra el 40 aniversario de su décimo álbum, Songs From The Wood, el 11 de febrero. En ese año 1977 cuando Studio 54 abría sus puertas en Nueva York y la fiebre del disco music se desataba; por primera vez en la historia las ventas de los cassettes pregrabados igualaban a la de los discos de vinilo; Marc Bolan, Elvis Presley y tres de los miembros de Lynyrd Skynyrd pasaban a mejor vida, Ian Anderson tenía más interés en demostrarnos que la naturaleza no es tan benevolente como pensamos, empleando para ello un lenguaje folk, iniciando así una maravillosa tríada de igual naturaleza que tendría su efectiva continuación con Heavy Horses (1978) y Stormwatch (1979).

La banda inicia el álbum con el tema título y la voz de Anderson cantando…

“Deja que te traiga canciones del bosque
Para hacerte sentir mejor de lo que puedas saber
Quitarte el polvo de pies a cabeza
Mostrarte como el jardín crece.

Destaca en esta canción y el resto del álbum, la riqueza instrumental empleada para dibujar estas historias de la Britania medieval. Tanto en color como en textura, este es uno de los trabajos más atractivos en la historia de la banda donde resalta también la presencia de David Palmer (hoy Dee Palmer) en las teclas, añadiendo un tinte clásico que contrasta con la eterna guitarra de Martin Barre.
“Jack-In-The Green” es la segunda composición del álbum. Anderson toca todos los instrumentos originando un sonido, si se quiere, lúdico y que claramente alude a un personaje cubierto de hojas que solía verse en los desfiles del primero de mayo.

“Has visto a Jack-In-The Green
Con su larga cola colgando
Se sienta tranquilo bajo cada árbol
En los pliegues de su vestido de terciopelo verde”.

Anderson toca la guitarra con vigor mientras su flauta retoza como si dando pinceladas bucólicas. Un sentimiento similar puede apreciarse también en “Cup Of Wonder” donde la banda pareciera celebrar con mucha alegría:

“Pregúntale al hombre de verde de dónde viene, pregúntale a la copa que llena de rojo
Pregúntale a las grises piedras erguidas que muestran al sol su camino a la cama”.

Pero esta alegría se ve contrastada con “Hunting Girl”, la cazadora, composición más dramática en temperamento y con cierto aire sacro que emerge del órgano de Palmer. A esta pieza le sigue “Ring Out, Solstice Bell”…

“Ahora es el solsticio del año
Invierno es la alegre canción que oyes
Siete sirvientas se mueven en tiempo de siete
Aliste a los muchachos en fila”.

Esta canción de claros aires decembrinos contrasta con marcado acento con la medieval “Velvet Green”. Estos temas transmiten todos una cálida belleza con contrastante lírica.

La última terna del álbum la conforman “The Whistler”, “Pibroch (Cap In Hand) y “Fire At Midnight”. La primera con un claro aire celta donde Anderson nos transporta con esa magia que disfrutamos en Thick As A Brick (1972):

“Así que vamos, soy el silbador
Tengo un pífano y un tambor para tocar
Prepárate para el silbador
Yo silbo el séptimo día
Yo silbo el séptimo día”.

En varias reseñas se habla siempre de Jethro Tull como una banda de rock progresivo, sin embargo este álbum no es un ejemplo de ello. Pero si en algo soslaya ese género es en “Pibroch (Cap In Hand)” que además de ser la más extensa del álbum, es también la más rockera y con cambios interesantes en la instrumentación y la letra. Un momento especial es el solo de la guitarra de Barre emulando una gaita escocesa. La banda retorna al boscoso escenario en “Fire At Midnight”, una de las más hermosas de este álbum:

“Creo en los fuegos a medianoche
Cuando los perros ya han sido alimentados
Un ponche dorado en el mantel
Un arma rota bajo la cama”.

Todo el imaginario que envuelve a esta obra teñida de folk y los dos álbumes sucesivos de Jethro Tull, representan el último vestigio de un sonido que pronto se transformaría para abrirse camino en los 80. La historia tomó otro rumbo…

Leonardo Bigott