El atemporal folk intimista de José González

El atemporal folk intimista de José González

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José González

José González
10 años de SON Estrella Galicia
Teatro Lara, Madrid
(Julio 3, 2019)

 

Hay creadores que son una garantía y por ello llenan cada vez que se presentan. Hasta los lugares más incómodos del histórico teatro madrileño del siglo 19 albergaban público para disfrutar, un vez más, de la exquisita canción folk del nativo de Gotemburgo, Suecia. A nuestro lado, casualmente, el padre del artista -quien reside en Mendoza, Argentina- se mostraba conversador, orgulloso y al mismo tiempo expectante. Parecía acostumbrado a encontrarse con su hijo en una sala de conciertos.

A sus padres argentinos se debe en buena medida el acercamiento a la canción de autor latinoamericana que tuvo José siendo un niño, así como también a los cantautores ingleses y norteamericanos.

Por ello, en las composiciones de González revolotea el espíritu de Nick Drake y las notables influencias de Roy Harper y Donovan, pero también las del lado más folk de Leon Gieco y Sui Generis.

Con una puesta en escena austera pero cálida –incluyendo un proyección con un cordiller silueteada- acompañado únicamente de dos guitarras acústicas de sonido prístino, González hizo un recorrido por su obra, escarbando en sus años iniciales y también en tiempos más recientes.

El comienzo con “With the Ink of a Ghost” de Vestiges and Claws (2014) sentó las bases y sin pausa siguió con “Lovestain” y “Stay in the Shade” ambas del venerado debut Veneer (2003).

Las canciones de González suelen ser cortas, rara vez alguna excede los cuatro minutos. Por ello el viaje es especialmente enriquecedor, ya que cada tema tiene su peso propio pero concatenadas forman un todo hipnótico.

Tuvo, sin embargo, algunos pequeños traspiés como el ocurrido con “Down the Line”, que paró y volvió a comenzar porque sentía que algo no marchaba bien con la sincronía del loop percusivo.  O más de adelante cuándo, tras confesar que “Blackbird” (pieza de McCartney para álbum blanco de The Beatles) era una de las primeras canciones que se aprendió en su vida, paradójicamente se le olvidó parte de ella.

La gente igual le aplaudía para animarlo. La constante afinación de la guitarra en muchas de las pausas entre canciones, quizá haya influido en atisbos de desconcentración.

José se fue hasta “Storm” y aún más atrás con “Hints” publicada como lado B de su primer single en 2001 -“de las canciones más viejas, tiene casi 20 años”, comentó.

Hubo varios puntos álgidos y uno de ellos fue “What Will”, con un trabajo fabuloso de guitarra circular que pareciera hecho por más de un guitarrista. A partir de ella el concierto subió varios escalones con la sosegada “The Forest”, su pieza más extensa, “Cycling Trivialities”, y la emotiva “Every Age”, que recuerda a muchas de las clásicas de Roy Harper.

Tras cambiar de guitarra y tomarse un tiempo en afinarla, abordó “Leaf Off / The Cave”, sobre la cual dijo que “estaba pensando en la cueva de Platón”. También nos regaló la exquisita “Stories we Build, Stories we Tell”.

Para “Afterglow” mencionó que “estaba pensando en cultos apocalípticos” y luego de ella interpretó “Killing for Love”, tema que podría ser su acercamiento al desert blues de Ali Farka Touré o Tinariwen.

Abandonó su silla y tras un “Muchas gracias Madrid”, se retiró. Pero la euforia incontenible lo trajo de vuelta al minuto para regalarnos tres clásicos: “Crosses”, “Heartbeats” y “Teardrop”, la estupenda versión de Massive Attack.

José González volvió a hipnotizar y durante casi hora y media nos abstrajo del mundo exterior.

Juan Carlos Ballesta (Texto y video)

Iván Padilla (Fotos)