La contagiosa “Madrenalina” de Kevin Johansen + The Nada

La contagiosa “Madrenalina” de Kevin Johansen + The Nada

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Kevin Johansen Madrid

Veranos de la Villa

Conde Duque, Madrid

(Julio 24, 2019)

 

Jugar con el lenguaje escrito y musical es la gran habilidad del maestro Johansen. Durante estos casi 20 años de trayectoria artística junto a The Nada, este argentino nacido en Alaska nos ha demostrado (y desmontado), que las palabras significan más que el concepto que atrapan. Que la persuasión es más gloriosa si la acompañan ritmos.

En el marco del Festival Veranos de la Villa de Madrid, el fantástico Kevin Johansen se presentó en el inmenso patio central del Centro Cultural Conde Duque.

Todavía brillaba un poco el sol cuando Johansen salió al escenario junto con su banda The Nada, para cantar por más de dos horas, un largo y excelente repertorio de sus canciones más celebradas, contando con participaciones especiales y terminando con las novísimas de su último disco de estudio, Algo Ritmos (2019).

Siempre cordial, elegante y cercano, la sonrisa de Kevin delata a un tipo bastante sencillo que disfruta mucho de lo que hace. Su música se pasea por todos los ritmos latinos. Salta de la cumbia villera, a una ranchera, pasa por una samba y termina en una milonga. Es como si esa peculiaridad de nacer al norte de todo y haber crecido al sur, le dio a Johansen una dualidad envidiable de observar y de explicar, como si de casero y de inquilino de tratara, todo a la misma vez.

El generoso repertorio

Lo primero que suena y abre el concierto es la cumbia glam de “En mi cabeza”, himno irrecusable de los pensadores perturbados que nos recuerda con compasión, que tú, yo y todos hemos pensado obsesivamente en alguien que ya fue, que ya pasó.  Kevin, en su eterno juego con el leguaje suelta “Muchas gracias querida Madrenalina, venimos de Berlín y sentimos que venimos a casa”.

Cada canción cuenta con su introducción, para hacer alabanzas a los coautores o a las anécdotas que la inspiraron. Como sucedió en “Baja a la tierra”, la segunda que canta y que escribió con “la gran Lila Downs”, en palabras de Kevin. “Ni Idea”, es una samba y Kevin le rinde honores al Zurdo Roizner, baterista mítico que lo ha acompañado en los últimos años.

“Cuentas Claras” del reciente Algo Ritmos -que se presentará oficialmente el 30 de agosto en Montevideo- es una ranchera en todo orden: una historia de amor y despecho, como exige el canon del género, con un solo de Kevin tocando la armónica que no la tocaba desde los 16 años, según él mismo confiesa: “Sepan comprender”, nos dice riendo.

Siguió “Es como el día”, que en la versión de estudio la canta con su hija Miranda. “Mc Guevara’s o Che Donald’s”, la canción que se burla de la explotación de la imagen de Che y en la que aprovecha a presentar a los dos músicos cubanos invitados, Maikel Vitel (saxo) y Frank Santiuste (trompeta), que lo acompañaron en varios temas.

El emotivo doowop “Tu ve”, también de su último álbum, dio paso a la presentación del resto de la banda: el brasileño Kassim (guitarras, bajo), “de la Patagonia” Matías Cela (guitarras, bajo, coros) y Maxi Padín “de la Patagonia bonaerense” (guitarras, charango, percusión menor, coros).

El concierto lleva un ritmo tranquilo. Siguieron con “Down With My Baby”, dedicada a Barry White e incluida en el disco Sur o no Sur, aunque según confiesa, también a Kurt Cobain (Nirvana): “le puse entre paréntesis ‘Barry White meets Nirvana’ porque después levanta un poco de polvareda. Va dedicada a ellos con el mayor de los irrespetos”. En el ambiente intimista y para acentuar lo acogedor de la noche, cantó entonces “El Circulo”, la canción de cuna que le dedicó a su hija Miranda cuando tenía dos años (ahora tiene 22).

A continuación cambió la tónica y estado de ánimo del concierto: Kevin se quita la chaqueta y ese gesto nos advierte que viene fiesta, que entramos en una onda más canchera. “Ha llegado el momento oscurísimo de la noche”. Y comienza la infaltable “Desde que te perdí”.

Kevin, sus amigos y el público

Una sorpresa colectiva se produjo cuando invitó al escenario a su amigo el cantautor uruguayo Jorge Drexler. Los amigos se abrazan y se besan y se dedican hermosas palabras antes de regalarle al público madrileño uno de los mejores instantes de la noche.

“No voy a ser yo”, fue la primera canción que cantaron a dúo y que según testimonio de Kevin, la canción fue rescatada por Drexler, ya que fue originalmente escrita en un momento “de macho resentido… y nada peor que eso… un tipo muy orgulloso… y bueno, me la rescató… le dio la vuelta”.

La amistad y fraternidad quedó en evidencia entre estos dos músicos, quienes entonces cantaron “Vecino”, esta vez a petición de Drexler, porque le gusta mucho y hasta se la dedicó a sus hijos, que estaban entre el público. Kevin aprovechó para dedicarla también a sus hijos presentes.

“Ahora necesitamos una pareja de milongueros”. Kevin desde la tarima invita a todos a bailar: a ponerse de pie a los sentados, a acercarse a los que estaban atrás. Todos muy obedientemente danzan junto a dos bailarinas improvisadas que suben a la tarima, mientras suena esa canción valiente de su segundo disco, “Daisy”.

Siguieron casi de inmediato “La cumbiera intelectual”, la canción dedicada a las mujeres pensantes. Luego “La gente más linda” de Algo Ritmos, fue la invitación de Johansen a “no ser talibanes del buen gusto”, a abrirnos a lo nuevo.

Y con “No digas Quizá” se armó el despiporre: Kevin baja del escenario cargado en brazos por dos fans, meneado y sandungueado entre el público. Dio una vuelta por todo el recinto, bailó con todos, hizo el trencito… en fin, Kevin Johansen en pleno. Cierra como empezó, guitarra en mano y cantando “Que lindo que es soñar”, pero solo para dar paso al encore, ya que es una tradición cantar “Sur o no Sur”, “Guacamole” y la despedida, “Fin de Fiesta”.

Kevin es un hedonista que se entrega al disfrute y la gozadera. Él sabe que en el mestizaje hay mucho juego y que es mejor pecar por exceso en libertad, que encerrarnos en casillas o estereotipos. El vaivén de la música, también es el vaivén de la vida.

Andrehyna Caringella