La poética electricidad de Kevin Morby

La poética electricidad de Kevin Morby

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Kevin Morby Madrid

Kevin Morby + Aaron Rux
Sala Copérnico, Madrid
(Julio 6, 2019)

Conciertos como el que ofreció el texano Kevin Morby sirven para demostrar la versatilidad y grandeza de un artista. Cuando un cantautor puede desdoblarse de manera natural para reinventar sus canciones en formatos distintos con igual calidad e impacto, supone que estamos ante un artista completo y que garantiza emociones. No suele pasar con demasiada frecuencia.

Morby tiene cinco discos como solista, editados a partir de 2013 luego de sus cuatro álbumes con la banda de folk psicodélico neoyorquina, Woods, y otros dos con el efímero proyecto The Babys. El más reciente, Oh My God (Dead Oceans, 2019), es una auténtica delicia. A él dedicó los primeros ocho temas del concierto.

Sin banda, Kevin decidió abordar sus canciones principalmente con guitarra eléctrica, una fabulosa Gibson amplificada por un Fender Princeton Reverb. Fue acompañado en casi todas las canciones por el trompetista Hermon Mehari, cuyos aportes fueron sensacionales. En tres canciones contó también con la cantautora Katie Crutchfield (líder fundadora de Waxahatchee), cuyas intervenciones fueron maravillosas.

El calentamiento de Aaron Rux

La noche contó con la presentación del cantautor estadounidense afincado en España, Aaron Rux, quien tuvo la inestimable ayuda del percusionista y corista Juan Serra.

Al medio Rux, con aspecto de músico country gracias al sombrero y camisa a rayas, y a su izquierda Serra con un estética más hippie y una particular manera de cantar y moverse, repasaron material de los dos únicos discos editados hasta ahora, Pacific Princess (2016) y principalmente Crying Cowboys (2019),

Las canciones de Rux, construidas a partir de la guitarra acústica y el acompañamiento de diversos elementos de percusión menor (caracolas en los tobillos, güiro, maracas, etc), beben de la música country, el tropicalismo, el folk y las canciones italianas. “Out of My Flesh”,  “Debut”, “Down the River” , “The Crying Cowboys”, “Atomic Sunsets”, “Michael and Jane”, “Separate Deserts” y “Sugar Mamma”, fueron algunas de las que interpretaron.

Lamentablemente para ellos y para los pocos que al frente del escenario les dedicábamos atención, el resto del público que iba llegando durante el show se dedicaba a hablar y reír, sin el más mínimo respeto por los artistas, cuya propuesta era de por sí de bajas revoluciones y poco volumen.

La solidez y emotividad Morby

Todo cambió unos minutos después con la salida a escena de Kevin Morby, ataviado con un pulcro conjunto blanco con motivos alusivos al disco Oh My God. Para ese momento la sala ya se había llenado. Dos rosas blancas y dos rojas adornaban la base de cada micrófono.

Con él salió Hermon Mehari, un premiado y demandado trompetista de jazz nacido en Misuri pero actualmente viviendo en Paris. Sus aportes fueron fundamentales, ampliando la paleta tímbrica en los temas donde participó, que fueron la mayoría.

Empezaron con la exquisita y sosegada “Oh My God” con Morby al piano eléctrico y la señorial trompeta de Mehari que por momentos nos recordó a “Formentera Lady” de King Crimson.

De inmediato cogió la guitarra Gibson y tras unos segundos de silencio lanzó “Hail Mary”, fantástico tema que en algo recuerda a Bob Dylan. Luego de ella sobrevino otro intenso tema de aire melancólico, “Savannah”, más en la línea de Lou Reed.

Los trompetazos, estratégicamente dosificados, sonaron grandiosos junto a los arpegios de guitarra distorsionada sobre los que Morby deslizaba la letra: “Savannah, ¿ha pasado tanto tiempo? / Pero ya estoy de vuelta nena / Con una nueva canción / Y un escenario, un par de docenas que han pagado / La mayoría se han ido, pero te quedaste, te quedaste”

Luego de este trío de canciones, Kevin saludó con efusividad y agradeció nuestra presencia. Siguió entonces con “Piss River”, una especie de crónica con el coro central “Y oh dios mío / Mamá, tengo miedo / Se quién eres, nena / Yo también tengo miedo”.

Subió los decibeles con “Congratulations”, una de las piezas centrales del nuevo disco. Pero nos volvió a llevar a un territorio íntimo con “Seven Devils”, una pieza realmente emotiva en la que canta “Campanas en mi corazón tañían / Mientras los árboles en mi patio temblaban / Cantando, ‘has sido advertido / Y aquí viene la tormenta / Si quieres sobrevivir / Será mejor que tomes ese paseo’ / con los siete demonios en mi línea de tren”.

A pesar de la desnudez con la que presentó los temas, despojados de los cuidados arreglos que recibieron en Oh My God, tuvieron un poder de seducción brutal. Esa austeridad quizá los hace lucir aún más poderosos, dejando claro cuando una composición es realmente buena.

Pasó también con la conmovedora “O Behold” -en la que se hizo un silencio absoluto- y con “No Halo”, antes de la cual pidió silencio a unos pocos que aprovechaban a hablar entre temas.

Sin pausa, comenzó a revisar su repertorio anterior, comenzando con “Cry Baby”, que todos cantaron. Reconoció que le encantaba presentarse en ese formato sin batería. “Voy a seguir con una canción solo con voz y guitarra, me pongo cómodo en mi sala, flores en el micrófono…si no les importa me acompañan”. Y arrancó con un versión de “Aboard My Train”, a lo Tom Petty.

La siguiente canción, “The Dark Don´t Hide It”, se la dedicó a Jason Molina y para cantarla invitó a Katie Crutchfield, con quien la grabó a comienzos de 2018 (junto a “Farewell Transmission”), para homenajear al influyente líder de Songs:Ohio y Magnolia Electric Co., fallecido en 2013.

Los dos nos regalaron a continuación sublimes y afinadísimas interpretaciones de “Downtown Lights” y “Beautiful Strangers”, esta última dedicada al público tras decir que era emocionante venir desde tan lejos y encontrar gente tan cálida.

La participación de Crutchfield fue fenomenal. Su aterciopelada voz y sensible forma de cantar fueron un punto álgido en el concierto. El párrafo final fue cantado por el público, creándose una especial sinergia.

Volviendo al piano, Kevin nos regaló una interpretación de “Destroyer” para llorar: “Has visto a mi amante / Con su largo cabello rubio / Todo lo que hicimos salió tan mal / La última vez que la vi estaba parada allí. / Ahora he llegado a preguntarme dónde se ha ido / Y has visto a mi madre”.

Para sacudirnos Kevin cogió de nuevo la eléctrica para tocar “I Have Been to the Mountain”, catártico tema en el que se luce Mehari.

Sobre el “Thank you very much”, comenzó a tocar la increíble “Dorothy”, muy en sintonía con Jeff Tweady/Wilco: “Las lágrimas se acumularán en mis ojos / ‘Sostén mi cabeza, y nena, ya sabes, voy a llorar’ /  Estaba pensando en los lugares donde había estado / Contigo siempre a mi lado / Como un bebé, oh sostuve mi cabeza y lloré / Vamos Dorothy, sabes que podríamos ir toda la noche”. Desapareció del escenario por menos de un minuto.

Para despedirse nos tenia preparados dos temas de sus primeros dos álbumes. “Me llevo este concierto especial en mi corazón”…y soltó “Parade”: “Si fuera a morir hoy / en esa gran farsa / Lo último que me oirías decir / es que me entierres en diferentes formas en el desfile”. La gente acompañó haciendo la melodía del coro.

Y del primer disco nos dejó como obsequio final “Harlem River”, perfecto para dejarnos a todos hipnotizados y con pocas ganas de irnos, luego de un performance que comenzó con tranquilidad y se transformó en un río de electricidad guitarrera y trompetazos que sonaban como latigazos. Fue la gloria electrificada.

Rápidamente, Kevin, con camiseta y vaqueros, salió a departir con los que aun permanecían en la sala, regalando autógrafos, fotos, sonrisas y agradecimientos. Su sencillez fuera del escenario lo hace más grande aún. Como dice el axioma totalmente cumplido en esta presentación: menos es más.

Juan Carlos Ballesta (Texto, fotos y videos)