50 años de King Crimson, la monarquía más sólida del rock progresivo

50 años de King Crimson, la monarquía más sólida del rock progresivo

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King Crimson Cover Arts

La fascinante historia de King Crimson inició con el seminal trío Giles, Giles & Fripp a mediados de 1967 en Bournemouth, Dorset, Inglaterra. En 2019, Robert Fripp sigue al frente del proyecto, 50 años después del emblemático álbum debut, decenas de reencarnaciones de por medio, discos inolvidables y directos de alto impacto. Esta es la fascinante e intrincada historia de uno de los capítulos más vanguardistas, singulares e influyentes en la historia del rock.

Leonardo Bigott

Los orígenes del Rey Carmesí

En aquellos días de relevantes cambios políticos, económicos, sociales y filosóficos, los hermanos Giles estaban en la ardua búsqueda de un teclista/cantante. Robert Fripp fue, inicialmente, la incongruente respuesta al clasificado de Peter Giles y Michael Giles. En sus primeros pasos, el trío exhibía una interesante combinación de géneros musicales teñidos de agrio humor que dio como resultado The Cheerful Insanity of Giles, Giles & Fripp (La Alegre Locura de Giles, Giles & Fripp).

Lanzado en 1968, el álbum fue un interesante trabajo en el cual Peter Giles, voz y bajo eléctrico; Michael Giles, batería; y Robert Fripp, guitarra; nos mostraban, con notable picardía, una fusión de diversas corrientes como el pop, el rock, el jazz, el folk y la psicodelia.

Proclive a la experimentación, el trío pronto se convertiría en quinteto con la incursión de la vocalista de Fairport Convention, Judy Dyble, y el saxofonista, flautista y clarinetista Ian McDonald, quien a futuro sería parte del dúo McDonald and Giles, que editaría en 1970 un álbum del mismo nombre con un tema de relativo éxito llamado “Tomorrow’s People – Children of Today”. Ian también sería elemento consustancial de la más comercial banda Foreigner.

Temas como “I Talk To The Wind” y fragmentos de la pieza “Passages of Time” serían, en los próximos años, parte del extenso repertorio de King Crimson. En 2001, Aluna Records lanzó un segundo disco de Giles, Giles & Fripp, The Brondesbury Tapes, un álbum que reúne 21 temas y que además incluye dos versiones de la hermosa “I Talk To The Wind” previas a la era King Crimson.

El hombre esquizoide del siglo 21 da sus primeros pasos

En esa segunda mitad de la década de los 60, la escena musical europea era un crisol, especialmente en Inglaterra donde los músicos cambiaban de grupo con asombrosa rapidez, dando origen a un sin fin de bandas de insuperable tenor. Todo se estaba inventando.

También en aquellos tumultuosos días, varios músicos de la escena free jazz estadounidense establecieron residencia allí y en Francia. Ya en 1968 los movimientos sociales por la paz en Vietnam se acentuaban en Estados Unidos y las protestas raciales recrudecían.

Artistas como Sun Ra servían de vehículo para la poesía del líder negro Amirí Baraka y tan sólo un año antes Miles Davis, quien grabaría su icónico e influyente Bitches Brew, conocía a Jimi Hendrix y a Sly Stone, compartiendo además con una banda de rock durante los días en que la prestigiosa revista Down-Beat declaraba que el jazz, como lo habíamos conocido, había muerto.

Eran días en los que Aretha Franklin exigía, con enérgica pasión, el más elocuente R-E-S-P-E-C-T.

Grosso modo, todo era parte del contexto del cual emergió aquella fuerza musical poderosa y asombrosa conformada por la voz y el bajo de Greg Lake, los vientos y las teclas de Ian McDonald, la batería de Michael Giles, la poesía de Peter Sinfield y la circunspecta y a veces neurótica guitarra de Robert Fripp, a quienes en poco tiempo el mundo conocería colectivamente como King Crimson y cuyo rotundo éxito se consolidaría en Inglaterra en el famoso Hyde Park de Londres cuando abrieron para The Rolling Stones en ese hoy legendario concierto realizado el 5 de julio de 1969, dos días después del trágico deceso de Brian Jones. No habían editado su álbum debut, pero ya las canciones existían

Una fuerza telúrica de 9.9 en Richter

El poder con el cual el primogénito álbum de King Crimson golpeó los oídos de los incipientes y consumados melómanos en 1969, ensombreció las propuestas iniciales de hoy legendarias bandas como Yes y Genesis. El rey y su corte influyeron y acapararon toda la atención del movimiento musical de la época, incluyendo la de íconos inmortales como Jimi Hendrix.

King Crimson hizo estallar las pasiones más profundas con su LP In The Court of the Crimson King, un álbum de cinco estupendos temas que comenzaba con el delirante y estruendoso “21st Century Schizoid Man”, seguía con la pastoral “I Talk To The Wind”, la lúgubre “Epitaph”, la espacial y extensa “Moon Child” y el contundente tema título, lo que significó toda una revolución conceptual y un distinguido inicio.

King CrimsonEse desquiciado e intimidante rostro en rojo y azul que exhibía la carátula del LP, era el portal de una historia de constantes mutaciones que a lo largo de nueve álbumes en su primera etapa, relataría un cúmulo de fascinantes cuentos por el que pasarían más de una decena de músicos que tendrían su primer alto en el camino en 1975 con un atractivo álbum en vivo titulado USA y que al final de uno de los textos leía la más lapidaria de las abreviaturas, RIP (Rest In Peace) ¡Descanse en Paz!

King Crimson
King Crimson en 1969: Michael Giles, Pete Sinfield, Robert Fripp, Greg Lake, Ian McDonnald

Del tarot a la tumba

Tras un inicio de semejante magnitud quedaba el sabor de una ansiada espera que debía ser igual o mejor que aquella del dibujo de Barry Godber (†). Las cartas del tarot de In The Wake of Poseidon (1970) parecían reflejar un fatídico presagio.

King CrimsonIan McDonald, Greg Lake (para formar Emerson, Lake and Palmer) y Mike Giles dejaban la banda pero, en el caso del segundo y tercero, no sin antes participar de esta excelente obra discográfica a la que se sumaron el increíble pianista Keith Tippett, el bajista Peter Giles (hermano de Michael), el saxofonista/flautista Mel Collins y el vocalista Gordon Haskell, a quien podemos escuchar en su versión más sublime en la hermosa “Cadence and Cascade”.

Este segundo álbum, similar en formato al anterior, era una clara sentencia que se reflejaba en titulares de la prensa especializada de entonces y donde se encontraban citas como: “Si Wagner viviera trabajaría con King Crimson” o éste que dice “King Crimson vivito y coleando” y uno con un tinte un tanto fúnebre que rezaba “King Crimson, un futuro sombrío”.

Ese mismo año King Crimson editó Lizard, (1970), su tercer álbum en estudio. La banda nos presentó al baterista Andy McCulloch sustituyendo a Michael Giles, y Haskell ya como bajista y cantante oficial. La curiosa portada concebida por Pete Sinfield con las ilustraciones de Gini Barris, nos invitaba a hurgar en detalles pictóricos con algunos personajes y elementos de la época. Era la antesala de una música cada vez más osada que aún dejaba espacios para la dulzura como en “Lady of the Dancing Water”, donde la flauta era tan protagónica como en “I Talk To The Wind” y “Cadence and Cascade”.

King CrimsonEl larga duración nos traía esta vez a un grupo de invitados especiales entre los que figuraban el cornetista Mark Charig, el oboísta Phil Miller, el trombonista Nick Evans y nuevamente Keith Tippett al piano, siendo la más especial de todas, sin dudas, la participación del vocalista de Yes, Jon Anderson, en la hermosa y compleja suite que da nombre al álbum.

La obra, conformada por “Prince Rupert Awakes”, donde Anderson cantó, “Bolero: Peacock’s Tale” y “The Battle of Glass Tears”, representa la influencia del impresionismo entrelazada con elementos del jazz y el rock. Esta majestuosa composición, con sus 23’15” de duración, se erige como el “Close to the Edge” (Yes), el “Supper’s Ready” (Genesis) o el “A Plague of Lighthouse Keeper” (Van Der Graaf) del monarca y su corte.

Nunca King Crimson había sido tan ambicioso.

Fin de otra etapa

Luego de esa tríada dorada, King Crimson enfrentaría otro cambio importante con el mágico Islands editado en 1971. Una lírica sagaz y reflexiva  con un mayor acento en lo experimental y el jazz, fue el resultado del cuarto LP.

Una vez más el monarca cambiaría a algunos de sus súbditos y nos presentaría a la histriónica voz de Boz Burrell y su apropiado bajo junto al menos ortodoxo baterista Ian Wallace en sustitución de Haskell y McCulloch respectivamente.

King CrimsonKing Crimson, con un sonido más crudo y “jazzeado”, nos hablaba de la “Formentera Lady” (Dama de Formentera) y las “Ladies of the Road” (Damas del Camino), sumergiéndonos en un hipnótico trance con los cantos de sirena en “Sailor’s Tale” (Cuentos del Marinero) y aturdiéndonos con un desdeñado y penetrante sonido en “The Letters”, tema con una clara influencia del free jazz.

Fripp es filoso y urticante. Nuevamente encontramos a Mel Collins tras los vientos y una vez más el Rey nos presenta a sus invitados, en esta ocasión: Harry Miller en el contrabajo, la soprano Paulina Lucas, el oboe de Robin Miller y al cornetista Mark Charig.

King Crimson
Formación de Islands, 1971

El Fripp de esos días declaraba con relativa humildad que él era “el mínimo común denominador de la banda” y que él además “habitaba donde su cabeza y su guitarra estaban juntas”, lo que nos daba una idea del espacio que el Rey otorgaba a los miembros de su corte rockera.

Aunque no exento de aspereza, el King Crimson de Islands aún dejaba espacio a la ternura. Así apreciamos en “Prelude: Song Of The Gulls” (Preludio: Canción de las gaviotas), donde Fripp reitera muestras de su afecto por las sonoridades de la música clásica. Uno de los más destacados “solos” es el de Charig en el tema título.

Earthbound (1972) fue el primer álbum en vivo de King Crimson. Representó la salida del poeta Peter Sinfield, quien había no sólo escrito las hermosas letras de las canciones sino que participaba en el sonido e iluminación y producción del Rey y su corte, ahora convertida en un cuarteto conformado por Burrell, Collins, Fripp y Wallace.

King Crimson“O era Pete o era yo, pero uno de los dos tenía que marcharse”, diría Fripp entonces. El LP presenta cinco piezas grabadas en vivo con un sonido muy pobre que décadas después fue sustancialmente mejorado en relación al LP original. Pese a ese hándicap, podemos disfrutar de Collins en “Peoria” y la dislocada, interesante y extensa “Groon”, donde el Rey Carmesí da plena libertad a sus súbditos en una performance desenfrenada y puramente orgánica. La plenitud del free jazz a la King Crimson.

El tema título es otra descarga instrumental que inicia con Wallace. Si bien el sonido de este álbum no es óptimo, aún después de su tratamiento digital, captura el espíritu de aquella efímera formación y la espontaneidad de la época pero con un lenguaje vanguardista.

Robert Fripp estaba a sus anchas.

El redimensionamiento total de King Crimson

Tras Islands y la gira que arrojó Earthbound, Fripp quedó solo. Una nueva encarnación, legendaria sin duda alguna, tomaría forma para concebir una de sus obras maestras, Larks’ Tongues in Aspic, publicada el 23 de marzo de 1973.

King CrimsonKing Crimson se nos presentaba ahora como un quinteto superlativo donde David Cross al violín, John Wetton en la voz y el bajo, el célebre Bill Bruford, que recién abandonaba a Yes, en la batería, Jamie Muir en la percusión y el sempiterno Robert Fripp en su Custom Les Paul negra, delineaban una obra llena de diversos elementos donde cabía la improvisación, la crónica social, la soledad, la tristeza y la dulzura envuelta en un sonido con frecuencia ensordecedor y, en ocasiones, con abruptos cambios y una dinámica envidiable que en momentos viaja desde una cacofonía controlada hasta los más hermosos versos, como escuchamos en la primera parte del tema título.

Luego está la nostálgica “Book of Saturday” coescrita por Palmer-James, Fripp y Wetton con una frase solitaria en reversa emergiendo desde las manos de Fripp y la delicada melodía en los dedos de Cross.

Otro hermoso pasaje lo encontramos en “Exiles” con el violinista, una vez más, como protagonista. La abrupta pausa nos sorprende un poco pero no llega a sacrificar la belleza de este tema que a lo largo de sus 7’38” nos recuerda, de algún modo, a “I Talk To The Wind”. Una hilarante e irónica “Easy Money” abre espacio a Fripp, Bruford y Muir en un interesante diálogo entre la guitarra y la percusión.

 La conclusión de un período único

La última tríada de lo que pudiéramos llamar “el período clásico” de esta monarquía, lo conforman Starless and Bible Black y Red ambos de 1974 y USA de 1975.

El primero de ellos es otra magnífica obra discográfica donde King Crimson exhibe sus diversas influencias con más ahínco pero esta vez sin Jamie Muir. La robusta y avasallante “The Great Deceiver” donde Wetton nos habla de algunas de las banalidades de la sociedad de consumo, abre este set de canciones que continúa con la dramática “Lament”, la melancólica “The Night Watch” y luego la más orgánica “We’ll Let You Know” (Te lo haremos saber), cuyo desarrollo en crescendo e incidencias se van solapando lentamente hasta el final.

Otro momento interesante es la composición “Trio” que, en lo personal, representa el momento más hermoso de una discografía que ya ronda casi 50 títulos. Cerrando este LP está la misteriosa y extensa “Fracture”.

Compuesta por Robert Fripp, la pieza despliega un desarrollo melódico con frases reiterativas que Fripp va transformando a lo largo de sus 11’12”. Bruford le acompaña adornando las frases con una variada gama de instrumentos de percusión. El violinista David Cross también insufla otros colores y texturas mientras la pieza va poco a poco colmando nuestra audición hasta llegar a un silencio suspicaz que eventualmente es destruido por los explosivos guitarra de Fripp.

King Crimson
1974: (L-R) John Wetton, David Cross, Robert Fripp y Bill Bruford. (Foto: Michael Ochs Archives/Getty Images)

Red representa la cúspide de esta etapa de King Crimson, ahora convertido en trío. Instrumentales construidos de una forma más estructurada como en el tema título hasta la dramática “Fallen Angel”, pasando por la telúrica “One More Red Nightmare” (Una roja pesadilla más) y la extensa pero bien hilvanada “Starless”, Red gira en torno a Bruford, Fripp y Wetton con la participación de Mel Collins, Marc Charig, Ian McDonald y Robin Miller en los vientos y David Cross al violín.

Si bien el Rey y su corte ya no contaban con la poesía de Sinfield, las menos densas letras de Wetton también daban el balance perfecto entre música y letra. Wetton era más terrenal y más realista o tal vez menos ensoñador que el afamado letrista, pero igualmente efectivo.

King CrimsonSi la historia hubiese sido diferente, Red y su antecesor trabajo hubieran tenido en su sucesor a una obra más sinfónica pues aunque mucho nos suenen al agrio y corrosivo sonido del rock, no nos cabe duda que poco faltó para añadir las cuerdas y aumentar los vientos. La banda húngara After Crying nos da una buena idea con un extracto de “The Great Deceiver” en su album en vivo Bootleg Symphony de 2001.

El último grito antes del punk

En la segunda mitad de la década, el contestatario punk ya había hecho estragos. Logró acaparar la atención masiva con un sonido estridente y urgente basado en dos o tres acordes, al menos así era en sus inicios. Pero esa es otra historia.

El álbum USA representa para King Crimson el último disco de la década de los 70 y el primer hiato de la transmutada banda de Robert Fripp. Editado en el año 1975, el LP recoge la espontaneidad de su presentación en vivo en Asbury Park que es, además, el título de la única pieza nueva de este lapidario álbum.

King CrimsonKing Crimson, una vez más como cuarteto con la inclusión de Cross en el violín, sonaba un tanto inconsistente. El nuevo tema con Bruford redoblando al inicio estimulaba a la improvisación. Simbólicamente, el álbum concluye con el tema que inició esta discográfica historia, la explosiva, ensordecedora y enloquecedora “21st Century Schizoid Man”.

Es obligatorio destacar que la Corte del Rey Carmesí editaría en 1992 una caja de cuatro CDs llamada The Great Deciever que reúne temas del período 1973-1974 en directo y donde podemos apreciar una de las piedras angulares del sonido King Crimson, la improvisación.

La corte, convertida en principado, se reinventa mientras “el video killed the radio star”

La década de los 80 empujó a muchos grupos del género a crear temas menos densos, más accesibles y cortos que permitieran un potencial comercial acorde a los tiempos para así ganar su permanencia en el mercado.

El año 1981 marcaba el inicio de la era MTV. El año previo, grupos como Gentle Giant y el Genesis post Peter Gabriel, no llenarían las expectativas de un público que esperaba la continuidad de obras como Free Hand o Selling England by The Pound.  En cambio Civilian y Duke serían las placas discográficas de esas dos bandas, ambas un tanto decepcionantes. Con Drama, Yes tal vez había salvado su permanencia en los 80 a pesar de una ausencia de casi tres años.

Mientras el “walkman” redefinía nuestro modo de oír música, hacia mediados de los 80 un nuevo y atractivo formato llamado “disco compacto” comenzaba a ascender en ventas. El “walkman” ya era un artefacto de colección y aparecería el “disc man”.

La trilogía tricolor

Samplers, secuenciadores, batería programada y una línea difusa entre la música de blancos y negros caracterizaron los 80. Y Cuando MTV invadía la pantalla chica con sus videos, King Crimson, como el “ave fénix”, renacía de las cenizas con una excelente trilogía: Discipline, Beat y Three of a Perfect Pair, de los años 1981, 1982 y 1984, respectivamente.

Fueron los años más estables del cuarteto conformado por Adrián Belew en la guitarra, Bill Bruford en la batería, Tony Levin en el bajo y stick y Robert Fripp en la guitarra, una nueva y fantástica reencarnación. KC se garantizaba así su permanencia en una década invadida por el new wave y una nueva “British Invasion” que mayoritariamente dejó buenos recuerdos. Las experiencias de Fripp en solitario (Exposure y el proyecto The League of Gentlemen, son un ejemplo de su reinvención) y colaborando con David Bowie; los discos de Levin junto a Peter Gabriel; y la fantástica pasantía de Belew con Talking Heads, incidieron decididamente en el nuevo sonido de KC.

King Crimson

King CrimsonLa experimental guitarra de Belew en “Elephant Talk”, la percutiente “Sheltering Sky” y la acuosa “Matte Kudasai” eran el umbral de un King Crimson expansivo, fresco y complejo que aún mantenía parte de su esencia, como puede apreciarse en el sonido de la guitarra de Fripp, quien a partir de sus alianzas con Brian Eno redefiniría su peculiar estilo desarrollando “Frippertronics”, una suerte de efecto sonoro que resultaba de una maniobra empleando un grabador reel to reel y una consola de audio.

No dejaban de faltar algunas excentricidades como “Thela Hun Gin Jeet”, que nos es más que un anagrama o reordenamiento de las palabras, en este caso, “heat in the jungle”. Buena parte de este álbum incluye parcialmente anécdotas personales. La portada roja con un símbolo celta en el centro, refleja un aire minimalista que se repite en las portadas de los dos álbumes subsecuentes.

En el disco Beat el cuarteto se enfoca en la generación del mismo nombre y que representa al movimiento literario posterior a la Segunda Guerra Mundial que influyó notoriamente en la cultura estadounidense durante la década de los años 50.

King CrimsonTodos los temas se relacionan de una manera u otra con dicho movimiento en celebración de los 25 años del libro “On The Road” de Jack Kerouac, uno de los más relevantes personajes de ese movimiento. El rechazo a los valores tradicionales, la liberación sexual, las drogas y la espiritualidad son algunos de los elementos que subrepticiamente están en esta creación musical, la novena en estudio de la resurgida banda.

La pulsante “Waiting Man” con Adrian y Bill al centro, el Frippertronics en “Requiem” y la perturbadora “Neurótica” son algunos de los temas que destacan en este disco. La portada es una nota musical en rosado sobre un fondo azul, manteniendo así un sencillo motivo.

Three of a Perfect Pair, el décimo álbum en estudio de King Crimson, marcó el retorno de combinar temas de libre improvisación con composiciones más estructuradas. “Sleepless”, “No Warning”, “Industry” y el tema título son tres de las evidencias que ejemplifican lo anterior. Sorpresivamente encontramos una “Larks’ Tongues In Aspic, part 3” un agridulce “deja vu”.

La portada amarilla con dos figuras curvas una sobre la otra, es el preámbulo de este último álbum de la tríada de los 80. King Crimson seguía siendo provocativo, irreverente, audaz, innovador y sorprendente.

King CrimsonEn esta década King Crimson exhibía un interés por la música de Java y Bali (Indonesia) conocida como gamelan. Caracterizada por diversos instrumentos de percusión, tiene una importante evidencia visual en el performance de Adrian Belew y Bill Bruford en “Waiting Man”, rítmicamente provocadora.  

Sexo, comer, tomar, dormir y soñar… ¡10 años después!

Atrás quedaba el acid jazz y nacían el trip hop y el post rock, cuando en 1994 King Crimson nos recibía con un mini-álbum, a modo de abreboca, en formato de doble trío extrañamente llamado Vroom.

Hootie and the Blowfish, Nirvana, Alice in Chains y Soul Asylum eran algunas de las bandas alternativas que sonaban por aquellos años. El grunge, el hip-hop, el eurodance y el nu metal eran algunos de los géneros en boga en los 90. El britpop retomab su influencia.

Pero el Rey transitaba otros predios, ganando el afecto inmediato de su legión de seguidores que esperaban con ansias una nueva reencarnación de King Crimson al tiempo que la banda también ganaba una nueva audiencia. Thrak sería el álbum “full length” que King Crimson, ahora con la adición del baterista de Mr. Mister, Pat Mastelotto, y el stick y guitarra warr de Trey Gunn, publicara en 1995.

King CrimsonSeis geniales músicos que inyectaron al King Crimson de los 90 la energía, el peso, la agresividad e innovación que muchos esperábamos. Nada sonaba tan estridente como este sexteto, o doble trío como Fripp lo bautizó.

También en 1995 KC publicó B´Boom, el “pirata oficial” grabado en vivo en Argentina con el repertorio de Vroom y Thrak. El Rey nos ofrecía una experiencia aural única con el tema “Vroom”. Evocando un poco a Larks’ Tongues in Aspic, la pieza tiene los sutiles cambios y asperezas característicos del Rey pero con el aditivo de un elemento de misterio. 56’11” de estimulante música a lo largo de las 15 composiciones que conforman el álbum, casi todas con letras escritas por Adrián Belew.

Todas las piezas del mini-álbum estaban aquí. La rítmica “People” contrastando con una melodiosa “One Time” y una delirante “Sex Sleep Eat Drink Dream”.  Y claro, no podía faltar una balada con reminiscencias de The Beatles en “Walking On Air”.

Al año siguiente King Crimson editó THRakaTTak, la obra discográfica más corrosiva y libre de la legendaria agrupación. Se trataba del doble trío en concierto. King Crimson llevó la improvisación al extremo, alternando amplios espacios con un mayor interés por una textura más industrial y ensordecedora. El doble terceto nos cautivaba con un trío sonando por el lado derecho mientras el otro se oía por el izquierdo. Era como escuchar a Led Zeppelin llevado al más oxidado, áspero y enloquecedor nivel hurgando dentro de una espontaneidad sin límites.

King CrimsonTHRakaTTak nos lleva a pensar que King Crimson era una banda de free jazz con una sonoridad brillante y metálica donde imperaba la cacofonía controlada o más bien una suerte de túnel sonoro con instantes que invitan a una breve reflexión. Ciertamente una obra concebida para oídos no convencionales en la que King Crimson establece nuevas posibilidades para una nueva música. Aquí cobran vigencia aquellas palabras de un titular que decía “Si Wagner viviera trabajaría con King Crimson”.

El inicio de las reediciones sin fin

Posterior a THRakaTTak, King Crimson publicó una serie de interesantes trabajos. El boxset titulado The Projekcts, cuatro CDs de algunas presentaciones en vivo donde Robert Fripp, Trey Gunn, Pat Mastelotto, Adrian Belew y Tony Levin alternaban en formatos de trío y cuarteto; El doble CD de Projekct Two: Space Groove y Vector Patrol, y el doble álbum en vivo titulado Cirkus: The Young Persons’ Guide To King Crimson, una excelente retrospectiva con el doble trío ejecutando parte de lo mejor de los 80 y los 70 presentada en dos volúmenes a los que Fripp llamó Neon Heat Disease y Fractured.

Era el comienzo de la interminable y a veces abusiva recuperación y difusión de todo el legado, incluyendo grabaciones en directo de dudosa calidad y otras fabulosas que formaron la colección King Crimson Collector´s Club lanzada en exclusividad por la recién creada plataforma de Discipline Global Music.

Construyendo la luz…

Aunque algo exhausto de escuchar una fórmula reiterativa, King Crimson entraba triunfal en el nuevo milenio con The Construkction of Light. El “mainstream” volvía a los elementos básicos del “garage rock”.

The White Stripes, Kings of Leon, Coldplay, Incubus y Green Day, eran algunas de las bandas que lideraban la escena de la primera mitad de los años 2000. No había que hurgar mucho para entender que los Crims estaban lejos de ese lote.

No puedo dejar a un lado un hecho fundamental: la influencia de la web en el proceso y desarrollo de los géneros y subgéneros de la música popular que había iniciado en la década anterior. El mundo se abrió de un modo abismal y comenzamos a escuchar las propuestas de grupos nórdicos, latinoamericanos y asiáticos en mayor cantidad. Dos de ellos, Opeth y Nightwish. Sin embargo, británicos y estadounidenses han seguido liderando el mercado. Al menos eso parece.

Los Crims ahora podían tener un mayor alcance. Adorados en Japón, KC era, para esos años, un cuarteto constituido por Adrian Belew, Robert Fripp, Trey Gunn y Pat Mastelotto.

King CrimsonEn once piezas desgranadas en 57’18”, KC seguía sonando atractivo. La endrogada “Prozakc Blues” con un Belew histriónico, el melodioso tema título en su segunda versión, la espacial “Projekct X: Heaven and Earth” y la misteriosa “Frakctured” aún nos embrujaban, incluso en títulos tan extravagantes como “El mundo es el museo de cera del piso de la cocina de mi sopa de ostras”.

Una portada en negro con un recuadro azul y una rara imagen al centro no decía mucho pero algo se sentía tan frío como un metal. Un detalle, tal vez irrelevante, es el reiterado uso de las iniciales kc en palabras como frakctured, construkction o prozakc. Los aportes de Mastelotto y Gunn le añadían a esta variante, de aquella de 1974, una especial sazón.

El último disco formalmente grabado por KC es The Power To Believe (2003), aun con Belew en su seno. En 2001 se publicó Level Five, una especie de secuela de The Construkction of Light , mientras que al año siguiente año previo fue lanzado el EP Happy With What You Have To Be Happy With (2002), que presagiaba lo que vendría. Durante ese período Belew experimentaba un poco con las voces, siendo el tema “Bude” un buen ejemplo. Los Crims también componían temas con amplios espacios como en “Mie Gakure” del mismo álbum, obra enfocada en composiciones más cortas que no superaban los cuatro minutos, incluso tres de ellas menores a un minuto.

Larks’ Tongues in Aspic Part IV es la única que supera los diez minutos. KC continuaba vivo en el nuevo milenio

King CrimsonLa relación entre Andrew y Robert se deterioró y KC, una vez más entró en hibernación. No es difícil concluir que la presencia de Belew en los canales oficiales de King Crimson se ha minimizado y en directo es mínima la inclusión de temas de la trilogía de los 80, y hay poco de la etapa doble trío.

Aunque cada etapa de KC ha sido diferente y es una reinvención, la voz, guitarra y actitud del norteamericano se echa de menos.

 La membresía de un club de esquizoides… ¡plus!

Una de las más atractivas ideas de Fripp para mantener viva la llama de los Crims fue la creación del sello DGM. Robert Fripp venía de librar una batalla legal con EG Caroline Records.

El agotador episodio no rindió muchos frutos, así que con una propuesta más justa para los artistas el Crimson King creó el mencionado sello a través del cual hacía disponible una serie de grabaciones en vivo solo adquiribles por Internet. El KC Club nos brindaba ese extra que todo coleccionista añora.

Durante los años que siguieron a The Power to Believe hasta la nueva reinvención en la siguiente década, se hizo disponible la larga lista de CDs del Collector’s Club. Nada ha sido tan gratificante en la historia del grupo para sus fans que poner a disposición la música de los Crims grabada en vivo y directo. Más de una veintena de obras aumentaban el ya extenso catálogo del grupo. Además, varios cofres o box sets que ahondan en períodos o discos particulares, han visto la luz a lo largo de este siglo.

La nueva resurrección de la Corte Carmesí

The Power To Believe cerraba un importante ciclo musical que comprometía a la banda a permanecer en el “top of mind”, no sólo de sus devotos fans a lo largo de casi cuatro décadas sino también de las nuevas audiencias.

King Crimson, sinónimo de Belcebú (príncipe de los demonios) y que en su etimología es el anglicismo del vocablo árabe “bil sabab” cuyo significado es “hombre con causa”, parecía haber agotado su fuente creativa.

Pasarían ocho años para que una vez más la banda surgiera de un aparente oscurantismo con Scarcity of Miracles en 2011, obra discográfica de King Crimson Projekct, una suerte de sala de ensayo para la libre improvisación  derivada de King Crimson cuya idea nació de una sugerencia que Bill Bruford le hiciera a Robert Fripp a finales de los 90. La frakctalisation del Rey Carmesí.

El álbum marcaría un nuevo comienzo con la incursión del vocalista, guitarrista y actor Michael “Jakko” Jakszyk, el retorno del legendario saxofonista y flautista Mel Collins y el baterista Gavin Harrison de la super banda Porcupine Tree. Tony Levin permanecería en el Chapman stick y Fripp “the man with an aim”, como el mismo diría, en los paisajes sonoros y la guitarra. Todo indicaba que lo mejor estaba aún por venir.

De los elementos a la acción radical…

Y cuando pensábamos que los Crimson estaban sepultados, Fripp revive su corte con una asombrosa y osada formación de tres bateristas: Gavin Harrison, Pat Mastelotto y Bill Rieflin; Tony Levin al bajo, Mel Collins en saxofón y flauta, Jakko Jakszyk en la voz y guitarra y finalmente nuestro “King of the Hill” en la guitarra y los paisajes sonoros. Hoy Rieflin toca teclados y su lugar como baterista lo ocupa Jeremy Stacey, pasando a ser un octeto.

Live at the Orpheum en 2015 y la serie de compilados The Elements (uno por año desde 2014 a 2019), documentan a modo de retrospectiva el imponente e impecable sonido en directo de la actual formación, que bien podría ser considerada como un banda de rock académico.

Todos a modo de retrospectiva con versiones del “esquizoide”, “I Talk To The Wind”, “Fracture” y muchos clásicos de los 70 y más recientes como “Scarcity of Miracles” o incluso “Tomorrow Never Knows” de Lennon-McCartney, un inesperado toque.

A esos habría que sumar el más trascendental de todos: Radical Actions to Unseat The Hold of Monkey Mind (2016).

El ambicioso formato renueva los votos del influyente In The Court of the Crimson King, el enigmático In The Wake of Poseidon, el poético Islands, el icónico Larks’ Tongues In Aspic, el magistral Starless and Bible Black, el madurado Red, el ensordecedor Vroom y un percutiente tema nuevo llamado “Devil Dogs of Tessellation Row”.

King Crimson
KC convertido en octeto en 2019

Basta dar un vistazo a cualquiera de los videos o mejor asistir a uno de los conciertos, para finalmente entender que realmente “King Crimson es un modo de hacer las cosas” y que “sólo existe cuando existen músicos capaces de ejecutar una música tan exigente“, robusta y compleja que puede ir de lo sagrado a lo profano, del pecado a la bendición o del cielo al infierno, pero siempre con la constante del Rey Carmesí, Robert Fripp, quien recientemente declaró que no habrá más discos en estudio y que toda la creación será sobre un escenario.

¡Ah, claro! Y ¿Ahora qué? Les doy la respuesta en modo Yoda: “esperar, debemos”.