Kraftwerk y “The Man Machine”, 40 años de total reinado

Kraftwerk y “The Man Machine”, 40 años de total reinado

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Kraftwerk

Kraftwerk

The Man Machine / Die Mensch-Maschine

Kling Klang / Capitol. 1978. Alemania

 

Tras una etapa en la que Kraftwerk construyó une estética sonora única, que comenzó con el cuarto disco, Autobahn (1974), siguió con Radio-Activity (1975) y Trans Europe Express (1977), aun faltaba por llegar el que quizá sea su pináculo creativo, The Man Machine, un disco con todos los ingredientes que han caracterizado al grupo de Düsseldorf durante 40 años y que ha influido en miríadas de proyectos electrónicos y grupos pop con sensibilidad electrónica. Fue lanzado en plena efervescencia punk y sirvió para apuntalar la influencia e inspiración en la primer generación de proyectos que dieron vida al synth pop.

Como los anteriores, fue grabado en sus propios estudios Kling Klang, pero debido a la complejidad de la grabación fue mezclado en Studio Rudas de su ciudad, para lo cual contrataron al ingeniero Leanard Jackson de Detroit para trabajar en conjunto con Joschko Rudas.

Apenas se hace contacto visual con la portada en blanco, negro y rojo, inspirada por el artista ruso El Lissitzky y el movimiento supremacista, saltan a la vista los simbolismos. Aquella icónica imagen capturada por Gunther Frohling en la que Florian Schneider, Ralf Hütter, Wolfgang Flür y Karl Bartos aparecen con camisas rojas y corbatas negras, daba pistas sobre el contenido del disco. Una crítica al comunismo ruso que utilizó al proletariado como fuerza casi robótica, dominada y sumisa.

The Man Machine (El hombre máquina) es un disco esencial en la historia de la música popular contemporánea y en particular dentro del universo electrónico y en la consolidación del concepto de synth pop iniciado en los álbumes previos. Son apenas 36 minutos de prístina belleza sintetizada que inician con el clásico “The Robots”, auténtico tour de force que sirvió en su momento para realizar un video en el que los cuatro músicos aparecían con aspecto robótico moviendo mecánicamente los brazos para tocar y escasamente los labios. Es el primero de los temas en los que se incorpora Bartos en el rol de co-compositor, en tres casos solo con Hütter y en los otros tres también con Scheneider.

Es seguido por el maravilloso “Spacelab”, tema construido con capas de sintetizadores sobre una secuencia acelerada, con el distintivo sonido del vocoder original diseñado por la casa Moog. “Metropolis” es uno de los más elegantes temas de Kraftwerk, abordando el tema de los centros urbanos a través de un sonido evidentemente moderno, de cristalina belleza electrónica con utilización de novedosos y casi exclusivos teclados como el Orchestron, inventado por el ex técnico de Moog, David Van Koevering, entendido como un sustituto portátil y más confiable del Mellotron. Fue un modelo profesional de otro más amateur, Mattel Optigon, y que no tuvo mayor éxito comercial y del que no se fabricaron más de 100 ejemplares.

El lado B abre con “The Model”, una especie de sátira con textos de Emil Schult, escogida como single. Es, sin duda, uno de los temas más pegadizos en la historia de Kraftwerk. La pieza más larga del álbum, es “Neon Lights”, con casi nueve minutos. Su melodía de corte melancólico se repite encima de un ritmo repetitivo en el segmento inicial, para luego desembocar en una especie de mantra rítmico envuelto en capas de sintetizadores. Finaliza el disco con otro gran clásico que le da nombre al disco: “The Man Machine”. Durante los 5 minutos y medio la voz procesada que repite el término “machine”, nos va induciendo al trance ayudada por una de las más exquisitas bases electrónicas gobernada por el axioma de “menos es más”. El recurso de la repetición va íntimamente ligado a la simbología del hombre trabajando mecánicamente como una máquina, sin derecho a dicernir.

El concepto ideado por Hütter y Schneider sigue vigente 40 años después. En los conciertos del siglo 21, “The Robots” es interpretado en directo por cuatro robots que simulan a cada integrante, cumpliendo así el sueño que en 1978 la tecnología analógica aun no permitía cumplir.

Pocos discos en la historia han sobrevivido de manera tan brillante como The Man Machine, influyendo como pocos en el devenir de la música popular durante décadas.

Juan Carlos Ballesta