La ecléctica jornada de poesía encarnada en música en el Puente de...

La ecléctica jornada de poesía encarnada en música en el Puente de Segovía (Madrid / Julio 18, 2018)

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Seward y Javier Gallego

Jhana Beat / Javier Gallego Crudo & Seward / Ghostpoet

Poetas en el Puente de Segovia / Veranos de la Villa, Madrid

(Julio 18, 2018)

 

Veranos de la Villa es una de esas iniciativas culturales con la que toda ciudad quisiera y debería contar. A lo largo y ancho de Madrid sus habitantes y población flotante que la visita disfruta de una ecléctica programación de varias disciplinas en locaciones públicas que ejercen de anfitrionas y permiten admirar el entorno.

En los Jardines Bajos del Puente de Segovia tuvo lugar uno de los platos fuertes de la programación, una noche dedicada a la hibridación entre poesía y música que juntó a tres atractivas propuestas muy distintas entre sí y con orígenes distintos.

La primera imagen al llegar ofrecía una tarima con dos baterías, dos stands de teclados y pedaleras de guitarras, dando pistas que la jornada traería vatios acompañando la palabra poética. El fondo, aun de día, ofrecía una estupenda estampa del Palacio Real y la Catedral de la Almudena. El variopinto público incluía a muchos jóvenes pero también una numerosa cantidad de adultos mayores con toda la intención de enriquecer su acervo cultural.

La responsable de abrir fuegos fue la leonesa Jhana Beat (Hanna Borja Fernández), una beatboxer con unas posibilidades vocales tremendamente potentes y que también toca guitarra y se ayuda con una loop station con la que construye una interesante telaraña sonora y rítmica. Ella autodefine su propuesta como “sonido electrorgánico”. Aunque no lo indicaba el programa, el show fue en realidad del proyecto Flama Llama, conformado por Jhana y Edna Brezinska, versátil artista nacida en Alemania pero criada en España que canta fenomenal en varios idiomas, toca guitarra y también es beatboxer. Luego de una introducción solista de Jhana, invitó a tarima a Edna y ambas tejieron un setlist en el que se pasearon por el rock, el funk, el reggae y el ragamuffin con gran naturalidad. Con simpatía y cierta pedagogía fueron manejando la relación con el público hasta que en el tramo final lograron que una parte de los asistentes se pararan a bailar. Al terminar, con humildad se mezclaron con la gente para vender su material en CD.

La espera por el siguiente artista tuvo como adecuada música de fondo al poeta dub Linton Kwesi Johnson, tratándose de un evento en el que la poesía era el foco central. Pocos minutos después apareció en el escenario el fabuloso colectivo barcelonés de acción sonora Seward para sacudirnos con su free rock que recuerda por igual el art punk de Pere Ubu, el Rock In Opposition (R.I.O.) de Henry Cow, el avant rock de This Heat, el blues retorcido de Captain Beefheart o el noise jazz de Supersilent. Su música es impredecible y orgánica, ideal para acompañar la poesía cruda y crítica de Javier Gallego, el periodista y locutor conductor del polémico programa de radio Carne Cruda. Desde Barcelona viajaron a Madrid para esta presentación el núcleo que conforman Adriano Galante (guitarra, banjo, voz), Juan Rodríguez Berbín (batería) y Pablo Schvarzman (teclados, efectos), con la adición del fenomenal multiinstrumentista Marcel-lí Bayer.

Tras una primera pieza en la que la banda despliega su potencia desbocada con dos baterías y Galante moviéndose espasmódicamente, Gallego dejo solo a Berbín en el rol de baterista, abandonando su batería para ubicarse al frente para recitar -o declamar- su crítica poesía en la que disecciona a la sociedad actual. Su poemario El grito en el cielo (2016) fue la base de esta presentación, que contó con la sorprendente presencia de dos expertos en lengua de señas para sordos que se alternaban las canciones y en la que se lució particularmente la mujer, ya que en las partes instrumentales se movía con gracia. Fue un inesperado aporte.

El intenso repertorio incluyó “Un país patas arriba”, “El grito”, “Elegía de Detroit” y “Vasos comunicantes”, entre otras, demoledores manifiestos poéticos que retratan con crudeza el mundo que vivimos.

Una de las varias sorpresas de este ciclo Veranos de la Villa fue la presencia del inglés Obaro Ejimiwe, mejor conocido como Ghostpoet junto a su banda. Su show comenzó con problemas ya que el sistema de audio falló misteriosamente y se produjo una pausa. Afortunadamente se reanudó en plenas condiciones, retomando el segundo tema “Better Not Butter”. El increíble “Many Moods at Midnight”, que abrió el concierto, sufrió de los altibajos sonoros, pero aun así fue posible disfrutarlo. La distancia que había habido entre los artistas y el público, caída la noche se difuminó cuando Ghostpoet pidió a todos acercarse. Así pudimos disfrutar mucho más y de paso comprobar el gran nivel de la banda que lo acompaña, haciendo que la propuesta que originalmente se ligaba con el rap, esté ahora en otro plano cercano al trip hop, el post punk más oscuro y el indie rock menos formulaico. Las influencias de Tricky, Massive Attack, Portishead, Joy Division, Death in Vegas, Unkle e incluso Radiohead, orbitan sobre sus canciones.

Sobre tarima, Ghostpoet es un tipo afable que proyecta cierta timidez pero que imprime a cada tema la personalidad vocal necesaria para que su musculosa banda no lo sobrepase. La ayuda de la teclista es vital también en la segunda voz, complementando muy bien el timbre bajo y a veces siniestro de Ejimiwe.

Además de los ya mencionados, el setlist incluyó temazos como “X Marks the Spot”, “Yes, I Helped You Pack”, “The Pleasure in Pleather”, “Blind As A Bat”, “Immigrant Boogie” y “Freakshow”, entre otros, que oscurecieron aún más la medianoche a la orilla del Manzanares.

Fue una jornada ecléctica en la que poesía y música hicieron un perfecto maridaje.

Juan Carlos Ballesta (texto y fotos)