La Estrella de David o la seducción del pop austero y honesto

La Estrella de David o la seducción del pop austero y honesto

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La Estrella de David

La Estrella de David
Sound Isidro 2019
Sala Joy Eslava, Madrid
(Mayo 10, 2019)

David Rodríguez tiene el don natural de componer fantásticas canciones pop. También posee la actitud de quien las hace sin importar si finalmente llegan a su destino. El no tiene compromisos con el show business ni con las premisas del mercado. Él es uno de esos artistas que se mueve a su ritmo. No toca mucho en directo y cuando lo hace hay que verlo. No hace grandes alardes de simpatía, pero sin embargo logra conectar sin demasiados problemas con la audiencia. Sin duda, eso se debe a la calidad de sus composiciones y una cierta confianza que nos da al presentarse casi como si estuviese su casa.

En la Joy Eslava presentaba las canciones de su reciente disco Consagración (2018) -el primero en siete años-, que para nosotros fue digno de incluir en la lista de los mejores discos españoles del pasado año. Pero no se olvidó de otras de su catálogo anterior. Se presentó en formato quinteto, despojado casi siempre de la guitarra, tal como aparece siempre como mano derecha de La Bien Querida.

Apareció en escena y lo primero que dijo David en tono chulesco, acorde con las fiestas de San Isidro, fue: “¡Que pasa! ¿Cómo estás? Gracias” Y tras una pausa, agregó: “Somos los de La Estrella de David”, y los primeros  aplausos de la noche sonaron. Y por los siguientes 47 minutos nos regalaron un puñado de canciones emotivas, comenzando con la exquisita “Viva la vida”, con unos arreglos de teclados que la definen. David, sin embargo, se notaba aún algo distante.

Sin pausa, continuaron con “Me ha parecido que estuvo en mi cabeza”, de ritmo marcado casi tribal, con David en plan narrador y una estupenda segunda voz del bajista. El ritmo cambió con “La canción protesta”, un tema lleno de ironía con frases como “la canción protesta y el cantante también”.  Luego sonó “Anita”, en la que la voz de David adquiere un tomo más agrio.

La fascinación por la ciudad venezolana Maracaibo ha tenido réplica en el tiempo. Del disco que lleva ese nombre publicado en 2011, tocaron “El último esfuerzo”, un tema de atmósfera nostálgica, que se mantuvo con la delicada “Erosky”, del nuevo Consagración. Siguieron con una seguidilla de canciones este reciente álbum.

La hedonista “La primera piedra” comienza con una frase que dice: “llegar a casa a la hora que abre el Museo del Jamón”, y así David va narrando un día cualquiera en una ciudad que podría ser Madrid, Barcelona u otra… con la frase magnífica: “ahí están serenas las catedrales”. El sintetizador anuncia uno de los puntos álgidos: “Noches de blanco Satán” (título que parafrasea el clásico de The Moody Blues, “Nights in White Satin”, y que se refiere a la cocaina). El tema fue cantado por toda la sala, cosa nada de extrañar dada su letra tan sencilla como mordaz: “y una noche una chica se acercó y me vino a hablar /dijo que creía que yo le gustaba / era guapa y parecía muy guai / me hubiera gustado tanto saber lo que habría que hacer / me quedé de piedra con una media sonrisa / le di las gracias y le miré”.  Genial.

La batería y el bajo dan la entrada de “Aceite”, un tema de instrumentación austera pero efectiva que va in crescendo.  Tras ella David presentó a los músicos pero lo que se escuchó fueron murmullos entre los aplausos.

Siguió entonces el tema “Maracaibo”, sin duda de los mejores de La Estrella de David, con una melodía vocal muy pegadiza y, de nuevo, nostálgica, aunque la historia de amor-desamor se desarrolla en Barcelona: “Tus grandes ojos verdes no aparecen ya en mis sueños / las cosas que me decías solo despierto me acuerdo / las fiestas en la terraza, las verbenas para dos / saber que éramos felices tu y yo tumbados al Sol / la canción de esos veranos, siempre suena con tu voz / como te jodí la vida diciéndote que te querría…para siempre”.

El tema más largo es “Amor sin fin”, para el cual David cogió su guitarra. Es probablemente su tour de forcé. Comienza con una tensión controlada que se suaviza algo con la entrada a medias de la batería, hasta que explota la guitarra en plan Sonic Youth. Temazo. Sin pausa, lo unieron con “Cariño”, canción de espíritu ochentero entre New Order y el The Cure menos oscuro.

No hubo bises, pero si muchos aplausos. David Rodríguez sigue teniendo mucho que decir.

Juan Carlos Ballesta (Texto y videos)

Fotos: Iván Padilla