León Benavente se cagó en todo (y con gusto) en La Riviera

León Benavente se cagó en todo (y con gusto) en La Riviera

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Leon Benavente

León Benavente

Gira «Vamos a volvernos locos»

La Riviera, Madrid

(Noviembre 14, 2019)

 

Dos noches seguidas en una sala tan grande como La Riviera, ese recinto al final del parque Madrid Río y justo al lado del Puente de Segovia, la entrada a ese barrio tan majo y mágico que es La Latina, que suele ser la preferencia de los grandes artistas que visitan la ciudad, es síntoma de que tu carrera está en muy buen momento. Decir eso de una banda tan diferente y a la vez tan cercana como León Benavente, es motivo de alegría.

Abraham Boba (voz, percusión y teclados), Eduardo Baos (bajo, sintes), Luis Rodríguez (guitarra y teclados) y César Verdú (batería) han sabido ganarse al público por su visión casi nihilista pero consciente de los asuntos que afectan a España. De hecho, se podría decir que León Benavente es una banda con un alto contenido político, más no politiquero.

En sus letras se escucha el sentir de una quinta hastiada de todo y de todos, en especial, de la clase política. Una generación que tiene tiempo para enamorarse en los espacios que le permite la rutina. Una generación que se identifica con el declamar catártico del señor Boba, y repite sus mantras cual conjuro para expiar sus preocupaciones y males.

A las ocho y veinte de la noche, la vasca Miss Biotza tomaba la tarima ante muy pocas personas con un show electrónico de beats lacerantes y con cierto aire oscuro, que, realmente, y pese a la fusión de lo electrónico y lo orgánico de la música de León Benavente, realmente no pegaba con lo que veríamos después. Sin embargo, el performance de Isabel de Arza, nombre real de la artista de Vitoria, dejó patente su buen gusto y su bagaje musical, en el que se puede sentir ciertas notas del sonido kraut y la electrónica alemana en general.

León Benavente desatando la euforia colectiva

Poco menos de una hora duró en tarima, al tiempo que la sala iba recibiendo una gran cantidad de personas que a las nueve y cuarto se llenaron de furor para recibir al plato principal de la noche. «Cuatro Monos«, extracto de Vamos a volvernos locos, el disco que nos presentaban en directo, abría nuestro paladar y lograba conectarnos con el grupo, pues es una canción que habla sobre lo que significa ser una banda de señores ya experimentados, pues algunos de sus integrantes han formado parte de agrupaciones como la banda del gran Nacho Vegas, Tachenko o Schwarz, y dónde reafirman su compromiso con el público de que «mientras el mundo gire, siempre habrá algo nuevo qué contar y os lo vamos a contar».

«Amo«, esa desenfrenada canción de amor que contrasta su letra romántica con un sonido desesperado y nervioso y que encontramos en su más reciente trabajo, seguía en el setlist, para dar paso a «Como la piedra que flota«, primer sencillo de dicho trabajo, un tema que ve con cierta nostalgia a algo que ya pasó, y dónde está más latente que nunca la vena poética del grupo y su intención electrónica.

«La Ribera«, de su disco 2 de 2016, llegó al setlist, sucedida por la eufórica «Se mueve» del EP En La Selva, de 2017, dando así al público una probada de cómo suenan algunos de los temas clásicos del grupo en este momento que vive la banda. «Mano de santo» nos devolvió a la actualidad de la banda y su más reciente disco, solo para volver hasta su primer álbum, el homónimo de 2013, con el tema «Estado provisional«.

El show seguiría jugando a ver el pasado desde el presente con «Ánimo valiente», un track que si bien forma parte de Vamos a volvernos locos, editado este año, los acompaña desde 2012, cuando el grupo debutó con un concierto en el Teatro Lara de Madrid, el cual recordaron en tarima junto a sus fanáticos. El track, uno de los más poderosos, busca animar y empoderar a quien lo escuche en medio del pesimismo que suele caracterizar al grupo. Significó tanto para la gente como para ellos mismos

«Volando alto» y «No hay miedo«, más de lo nuevo del grupo, seguía en el orden, que procedía a dar espacio a los temas más políticamente cargados -y, a la vez, políticamente incorrectos- patrocinado por «Aún no ha salido el sol«, canción que busca dar fuerzas en medio de la resistencia sacado de su segundo material discográfico, y «Tipo D«, una de las piezas más poderosas de la noche, donde además de dar un mensaje político con sordina, rompen el paradigma de lo que es y cómo es un hit.

«California«, un tema que busca convencer de huir a un amor y que promete buscar cómo adaptarse si las cosas se ponen difíciles, daba paso a «Disparando a los caballos«, otro de los puntos altos del show, donde critican cómo el poder cambia de manos pero todo lo demás sigue igual. Luego, con «Ayer salí«, de su más reciente fruto, la banda se enfilaba a despedirse de la tarima.

Pero, como siempre, las ansias del público fueron saciadas con un encore poderoso que englobó las razones por las que el público ama a León Benavente, y por las que el directo de la banda es uno de los más potentes de España y hay que desviarse para ir a verlo, como si tuviera una especie de Michelín musical.

En tres canciones, concretamente, «La canción del daño«, «Ser brigada» y «Gloria«, el grupo dio una lección sobre lo que significa hacer un concierto, que no es otra cosa que poder ofrecer lo que haces en un estudio musical.

Sin adornos ni guindalejos, el cuarteto se vale de sus instrumentos para exprimirles todo el jugo musical y encumbrar una línea evolutiva que ha sido muy bien trabajada a lo largo de sus discos.

Visualmente, un show sencillo, con un buen juego de luces, que suma protagonismo a lo que la banda tiene que decir. El personaje en el que entra David Cobas Pereiro, es decir, Abraham Boba, y la versatilidad de su voz, entre el canto y la declamación, compagina bien con el carácter pesimista y a la vez optimista de sus composiciones, que compagina bien con lo que Baos, Rodríguez y Verdú son capaces de hacer con sus instrumentos, que nos lleva a un espectáculo poco efectista donde la influencia del synth pop, el kraut y de los agresivos, volátiles y sorprendentes Primal Scream, relucen especialmente bajo unas letras poéticas que, con urgencia, abordan una miríada de temas que importan para los que los escuchamos.

León Benavente se caga en la madre de todos y con gusto. Y esto, en medio de tanto conflicto que vive el mundo hoy en día, es el perfecto antídoto para descomprimir y bailar para sacudirse los males.

Alejandro Fernándes Riera

Juan Carlos Ballesta (fotos)