La subyugante música tuareg de Les Filles de Illighadad

La subyugante música tuareg de Les Filles de Illighadad

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Les Filles de Illighadad

Les Filles de Illighadad + David Schwartz

Veranos de La Villa

Matadero, Plaza Central, Madrid

(Agosto 7, 2019)

 

Transcurrido más de un año de aquella gira por diez ciudades españolas que cerraron en Madrid (crónica aquí), volver a disfrutar de la música de las tres fantásticas nigerinas, Fatou Seidi Ghali (guitarra eléctrica, voz), Alammou Akrouni (percusión, tende, voz) y Fitimata Ahmadelher Houmou (calabaza, guitarra acústica, voz) en otro contexto totalmente distinto, fue realmente fantástico.

El concierto, parte de la programación de Veranos de la Villa, precedió al de Tony Allen y Jeff Mills (crónica aquí), lo cual benefició grandemente a Les Filles de Illighadad al tocar ante miles de personas. De hecho, ya con muchísima gente presente, se llevó a cabo la prueba de sonido. Sobre la hora de comienzo se retiraron para vestirse con su característica indumentaria tuareg.

Pero, esta vez las cosas fueron distintas. Producto de una residencia en Matadero dirigida por el productor de música electrónica y bajista Damian Schwartz, el sonido de Les Filles de Illighadad gozó de algunas interesantes adiciones que enriquecieron el resultado sin por ello modificar la esencia.

Saxo, clarinete, teclados y algunas secuencias no muy intrusivas, adornaron los temas de carácter mántrico y tribalista del trío femenino, al que se une otro guitarrista tuareg que permanece al fondo sin mucho protagonismo. Las composiciones de único disco, Eghass Malan, publicado por Sahel Sounds en 2017 (cuyo fundador, el productor y etnomusicólogo estadounidense Christopher Kirkley, estuvo presente).

Durante casi una hora, nos regalaron un set hipnótico, con sus características polifonías vocales y la sencilla pero efectiva percusión con el tambor tendé (familia de lo djembe) y media calabaza sumergida en agua (tocada con una precisión metronómica sorprendente). Durante la mayor parte del tiempo, Fatou Seidi es quien toca la guitarra, hasta que intercambia rol con Fitimata.

Interesante resultó la inclusión del clarinete que desde la primera pieza ejecutada solo por Fatou -sin sus compañeras- aportó una sonoridad que resultó natural a las composiciones. El bajo, por su parte, ayudó a darle más densidad, con fraseos que se sumaban al repetitivo sonido grave de la calabaza.

Hubieran podido tocar más. La gente lo pidió, pero no había tiempo. El experimento fue positivo y quién sabe si haya abierto nuevas posibilidades de cara al segundo álbum de Les Filles de Illighadad.

Juan Carlos Ballesta (Texto, fotos y video)