Los Hermanos Cubero: removiendo emociones profundas

Los Hermanos Cubero: removiendo emociones profundas

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Los Hermanos Cubero

Los Hermanos Cubero
Festival Internacional de Arte Sacro 2019
Sala Cuarta Pared, Madrid

(Marzo 12, 2019)

 

Hay conciertos que remueven y lo conducen a uno hacia un frágil equilibrio emocional durante poco más de una hora. Ante una audiencia totalmente conmovida, Roberto (mandolina, voz) y Enrique “Quique” (guitarra acústica, voz principal), Los Hermanos Cubero, desgranaron el repertorio de su reciente disco, Quique dibuja la tristeza (2018), un compendio de desgarradoras canciones compuestas por Quique a raíz de la prematura muerte de su esposa por cáncer, hace ya dos años y medio.

Cuesta creer cómo Quique es capaz de cantar en público cada una de estas íntimas canciones, fruto de momentos de absoluto dolor, sin quebrarse. Es claro que ya ha superado el período inicial de luto interior y por ello dejó pasar suficiente tiempo para grabar los temas y luego poder asumirlos en directo con entereza, sin flaquear. No pasa lo mismo con el público, que las recibe como una confesión de su autor en un acto de liberación de las penas. Al terminar el concierto, quedó claro que muchos no habían escuchado los temas en directo y por ello el efecto fue removedor.

Aunque muchas veces las mejores creaciones de un artista provienen de períodos convulsos o situaciones dolorosas, no todos deciden contar de forma tan sincera y descarnada -y a la vez melodiosa- un proceso de esa naturaleza como Enrique Cubero. Su hermano Roberto respeta ese proceso y deja a un lado el humor que los caracteriza.

Comenzaron con dos temas del disco Arte y Orgullo (2016), la instrumental “Jota Antigua” y la seguidilla “Por ganarme la vida”, para entonces adentrarse en el contenido de Quique dibuja la tristeza, cuyo nombre atina totalmente con el sentimiento que refleja, por un lado el acto artístico de dibujar y por el otro el estado de ánimo que lo envolvió. “El tiempo pasó” fue la primera, que termina con la frase “la cruda realidad me golpeó”. Y sí, golpea y mucho el contenido de estas letras.

Para los siguientes temas invitaron a Javier Sánchez (contrabajo) y Jaime Del Blanco (violín), cuyos aportes fueron fundamentales para lograr un sonido a medio camino entre el bluegrass de la Norteamérica profunda, el folk británico de Fairport Convention o Steeleye Span y la música castellana. Quique anunció “Sonrisa inabarcable” como una canción dedicada a todas las madres, la cual contiene la frase “Nunca había llorado escribiendo una canción / pero esta me hace daño, me encoge el corazón”.

Continuaron con el country-folk “Lo que ni yo soñaba” -una de las que destila más aroma rural- y “Tenerte a mi lado”, con unas armonías vocales estupendas y una mandolina entrelazada con el violín que agregan aún mas melancolía. “Hace ya un año desde que partiste / Me iría contigo si no fuera por Abril / Dentro de muy poco ella habrá crecido / Y nada necesitará de mí / Hoy en el colegio dibujaron la tristeza / Y nuestra hija te ha pintado a ti”, refiere la letra de la cual extrajeron el título del disco.

“Seguro que habréis tenido noches mejores”, acota serio Roberto, ante la risa con el corazón encogido de la audiencia. Comenzaron cantando al unísono “No veo donde reposar”, una pieza con un ritmo cercano a un vals. De inmediato presentaron la devastadora “Un suspiro y un beso”, cuyo inicio versa: “Ya te fuiste de aquí para siempre / y a pesar de estar advertido nunca quise pensar en la muerte / y el final nos llegó de improviso / tantas cosas dejaste empezadas / tantos sueños y anhelos pendientes / hoy me pesan a mí en el alma / son la carga que llevaré para siempre / y hoy suspiro por tu partida / y cada suspiro es un beso / que será tu alma y la mía / y ese es todo mi consuelo”. El violín tiene un rol especialmente bucólico en este tema.

Los Hermanos Cubero

Abordaron los siguientes dos temas solos: “Tu recuerdo es mi consuelo” –favorita de Roberto, según confesó- y “Que haré el resto de mi vida”. Y si creíamos que las anteriores ya nos habían conmovido lo suficiente, estábamos equivocados. De nuevo con Sánchez y Del Olmo, tocaron “Quisiera poder rezar” (“Vosotros me veis aquí bromeando alegremente / cantando y tocando, departiendo con la gente / pero sabéis que hoy, se cumplen ya seis meses / desde que nos sorprendió la vida con la muerte / quisiera poder rezar, no tengo fe suficiente / quisiera poder creer que hay otra vida tras la muerte / pensar en que podré encontrarla nuevamente…”), una maravillosa confesión de quien, ante la irreparable pérdida, desea aferrarse a la fe pero no puede.

Los Hermanos Cubero

Y ante tanta tristeza, soledad, angustia, ausencia e incertidumbre, el tema final del disco es “Me quedo con lo bueno”, una forma de tratar de seguir adelante. La revisión del disco la concluyeron con “No nos despedimos” (“No tuvimos el valor de despedirnos / como habría sido conveniente”), no sin antes una palabras de Quique que ya indicaban cierta distensión: “para resarciros del mal trago tocaremos otros temas. Se oyen peticiones”.

Y así tocaron “Trabajando en el MCA” y “Maldita urraca” (“seguidilla ornitológica, porque habla de pájaros pero no de aves”). La primera petición que se escuchó de una persona la tocaron: “Cordaineros de la Alcarria”, que cerraba su disco debut del mismo nombre lanzado en 2010. Y aunque parecía el final, todavía hubo tiempo para “Habanera de Maranchón” (del EP A Burrasca perdida, 2015)

Se despidieron con “Ya se está poniendo el Sol”, una jota reivindicativa del trabajo de los jornaleros, pero tuvieron que regresar los cuatro para regalarnos la instrumental “Tejera negra” y “Levántate”, cerrando así un magistral concierto.

Un gran acierto la inclusión de Los Hermanos Cubero en la programación del Festival Internacional de Arte Sacro de Madrid 2019. No hay nada más sacro que el amor.

Juan Carlos Ballesta