Los Mesoneros “Caiga la noche” (2016): el brinco hacia la adultez

Los Mesoneros “Caiga la noche” (2016): el brinco hacia la adultez

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Los Mesoneros

Los Mesoneros

Caiga la noche

Independiente. 2017. Venezuela

 

Tras una larga espera en la que mucho tuvo que ver la mudanza a México de la banda caraqueña, se lanza este muy esperado segundo disco, casi seis años después del debut Indeleble (2011).

Mucha agua ha pasado por debajo del puente desde que Los Mesoneros ganó el Festival Intercolegial de Rock de la Fundación Nuevas Bandas en 2008 y de su formación dos años antes siendo estudiantes en el Colegio San Ignacio. En los tiempos que siguieron a aquel triunfo, la banda mostró un nivel instrumental muy superior a la mayoría de sus contemporáneas y una gran calidad en las composiciones. A pesar de la juventud, Luis Jiménez (voz principal, guitarra), Juan Andrés Sucre (guitarra, coros), Carlos Sardi (teclados, coros), Andrés Belloso (bajo, coros) y Andrés Sucre (batería, coros), sabían lo que hacían. El lanzamiento del primer disco (con un cuidado empaque) estuvo envuelto en un gran show y una campaña de promoción intensa. De ahí en adelante, los cinco integrantes no hicieron otra cosa sino crecer, literalmente, tanto como personas como en el plano musical. Entre todos se repartieron responsabilidades, realizando una exitosa autogestión que ha incluido la promoción, mercadeo, manejo de redes sociales y más recientemente también la realización de videoclips. En la edición digital de Ladosis #38 explican en detalle todo ese período.

Caiga la noche es un disco que refleja todo ese crecimiento, tanto en el aprendizaje de aspectos técnicos y el proceso de pre-producción como en las vivencias y preocupaciones de cinco jóvenes en la Venezuela de la crisis profunda, que les ha obligado buscar otro rumbo para poder desarrollarse. Durante el tiempo posterior a Indeleble todos se graduaron, pero tenían claro que la prioridad era Los Mesoneros. Y así ha sido. La banda en pleno decidió buscar otros horizontes en México, destino que ya otros músicos y bandas venezolanas habían elegido no mucho tiempo antes.

El resultado es un trabajo redondo, con una grabación fantástica realizada en Tumbador Estudios (la última que se hizo ahí antes de cerrar sus puertas) bajo la producción de la propia banda y Carlos Imperatori, quien también se encarga de mezclar junto a Héctor Castillo. Tanto Castillo como Didi Gutman hacen producción adicional en algunos temas.

Caiga la noche comienza con el tema homónimo, dominado por potentes guitarras y la siempre expresiva voz de Luis Jiménez. Es, sin duda, uno de los mejores y sirve para activar la atención y mantenerla durante las siguientes diez canciones. “Algo bueno” es menos guitarrera, con un tempo más sosegado. Jiménez y Sardi son los responsables de la composición que desarrolla una historia sobre lo positivo de no saber más de una antigua relación.

Otro de los puntos álgidos es “El Paraíso”, primer tema que lanzaron a finales de 2015 y que cuenta con un estupendo video dirigido por Rodrigo Michelangeli. Es un pegadizo tema de amor y pasión: “Cuando veo tus fotos debo admitir que me consiento cuando pienso en ti”. “No hay amor cuando pienso en ti / no hay dolor sin frenesí”.

Luego aparece “Caballo nuevo”, un título que inevitablemente nos remite al famoso tema de Simón Díaz, “Caballo viejo”. Y tiene sentido cuando uno escucha el falsetto que usa Jiménez en ciertos pasajes y sobre todo al final, que recuerda las tonadas de Díaz. “Tu podrás correr pero no esconderte / tienes algo y no te pertenece / y por más que llores y por más que reces/ si das amor, se te devuelve”.

“Solo” es el otro tema que cuenta con video, que significa el debut del guitarrista Juan Ignacio Sucre como director. Es otra canción que explora las relaciones de pareja: “a veces no quiero saber ni donde ni con quién estás/ entiende que a mí solo no me va tan mal”. Muy bien trabajo de Sardi en el sutil pero efectivo sintetizador.

Más protagonismo tiene el sinte en “Juntos”, que se alterna con las estilizadas guitarras. Es un tema que nos retrotrae a los años 80. “Luna vente pa´ca, cuando me acerco te alejas de mí”, canta Luis en “Luna”, la única composición acreditada a toda la banda en pleno y cuenta con la participación de Armando Áñez (Recordatorio) y Álvaro Casas en los coros. Instrumentalmente es fantástica. La letra quizá pretende ser poética, pero se queda en el camino. La canción romántica y más intimista es “Riesgo”. “El riego no es fallar/ fallar no es morir / si muero en este instante quiero estar junto a ti / aquí, justo aquí/ Nuestro riesgo, nuestra historia, buscar remedio sin derrotas /y si perdemos no es gran cosa”. Es una demostración de cómo hacer una canción romántica sin caer en los estereotipos que muchos utilizan. Las exquisitas guitarras hacen la diferencia.

“Mientras” no ofrece algo especialmente diferente, cosa que si ocurre con las dos últimas piezas. “Sr Prudencia”, con su influencia de The Cars e incluso de Tomates Fritos (habíamos notado en el reciente disco de Tomates cierta retroalimentación inconsciente entre ambas bandas), es el momento que podría recordar más a los inicios de Los Mesoneros.

La composición que cierra el álbum, “Sabana”, es otro acercamiento tangencial a Simón Díaz, con una fantástica aunque casi fantasmal distorsión de guitarra que le agrega el veneno justo.

Los Mesoneros ha concebido un disco de una extrema finura, sin estridencias, lleno de sutiles arreglos que se van percibiendo con cada nueva escucha. Sus textos orbitan sobre la universalidad del amor, el desamor, la soledad, la nostalgia…y sin adentrarse en vericuetos existenciales demasiado intrincados, logran transmitir emociones sinceras.

El arte de Juan Ignacio contribuye a lograr la nueva identidad de la banda en este comienzo de la adultez, sin los uniformes de antaño. Estrenan también nueva imagen. El recorrido que tienen por delante es prometedor. Caiga la noche, abre un nuevo día.

Juan Carlos Ballesta