Luis Sanabria: la vida de un bajista draculiano

Luis Sanabria: la vida de un bajista draculiano

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Luis Sanabria
Foto: Leonardo Bigott

Desde el rock hasta el punk y el blues, pasando por el tecno merengue y el metal, Luis Sanabria destaca como uno de los bajistas más relevantes y versátiles del país en estos convulsos tiempos. Su sonido robusto, emotivo y arrollador le coloca como una voz distintiva del instrumento. Vampiro pertenece a esa pléyade de grandes bajistas nacionales de una nueva generación que incluye a Bambam Rodríguez, Raúl Monsalve, Freddy Adrián, Gustavo Márquez, Carlos Rodríguez, Enrique Pérez Vivas, Rodner Padilla, Gonzalo Teppa y Roberto Koch, entre otros.

Leonardo Bigott

 

Hace algunos días navegando por YouTube me encontré con un interesante video que mostraba a una joven violinista interpretando un exigente tema del repertorio clásico. A su lado, sentado en una silla, estaba un señor de avanzada edad de esos que exudan sabiduría y experiencia. Aquel hombre con aires de obstinado era  Benjamin Zander, director de la  Orquesta Filarmónica de Boston. Se trataba de una clase magistral en la cual elogió la interpretación de la joven señalando “tú tocas música, no tocas sólo el instrumento”.

Aquellas palabras resonaron por días en mi cabeza en búsqueda de una expresión nuestra que plasmara con efectiva emoción a aquellas del erudito director. En el intento pasaron muchos músicos por mi mente pero fue Luis Sanabria a quien recordaba con insistencia junto a Hard Blues, trío donde toca el bajo al lado del guitarrista Franklin Belisario y el baterista Nelson Sardá. Su postura al tocar me recordó a David William “Leo” Lyons, bajista de la legendaria y desaparecida banda Ten Years After que lideraba el guitarrista Alvin Lee (†). Entonces vi todo más simple. Se trataba de aquello que llamamos “feeling”, ¡Y qué feeling el del Vampiro!

No pasó mucho tiempo para que este caraqueño nacido el 2 de marzo de 1966 me contara su historia. Poseedor de un sonido robusto que ha brotado de su Rickenbacker y Fender Precision, “Vampiro”, como es llamado afectivamente, le contó a Ladosis sobre sus andanzas musicales, su esmerado estilo y sus inicios en este rudo arte de ser músico profesional en un país tan lleno de sin sabores.

¿Qué recuerdas estimuló tu interés por la música?

Nací en una década donde afortunadamente la música que sonaba en la radio era buena. Recuerdo que mi hermano ponía música para amenizar fiestas. Junto a unos amigos, tenían un lugar donde estaban sus discos (Long Play) y quien quería podía ir a escuchar lo que gustara. Sin embargo, yo no tenía acceso a esa vasta colección. Vivíamos en El Marqués. Sería ya en mi adolescencia que tuve una experiencia que me marcó. Era 1975 cuando por primera vez escuché “Bohemian Rhapsody” de Queen. Aquello de “Oh mamma mia, mama mia…” me atrapó de inmediato. ¡Eso de la opera y el rock… guao! Todo eso me enganchó con la música pero fue tan sólo mi inicio como melómano. No sabía lo que estaba escuchando. Un buen amigo también me hizo escuchar Destroyer de Kiss pero también escuchaba otras cosas que me gustaban sin saber qué eran. Styx, Boston y Kansas eran algunas de ellas.

¿Cuál fue entonces el punto de inflexión?

“La Música que Sacudió al Mundo” de Alfredo Escalante. Fue en ese programa donde él pasó un video de la canción “I’m Going Home” de Ten Years After y pude ver a Leo Lyons, el bajista, por primera vez. Fue cuando me dije “eso es lo que quiero hacer”. Esa idea fue reforzada con videos de Black Sabbath y su bajista Geezer Butler, también en ese mismo programa.

¿Había músicos entre tus amigos que influyeran más determinantemente en tu decisión de ser músico profesional?

Estaba Luis Méndez de Tinajas y Rodolfo “Pocho” Sierra de Massakre y Proyecto Franklin Holland, no eran muchos. Yo empecé con la guitarra porque no tenía acceso a un bajo y fue un amigo guitarrista que al verme tocar me dijo “pero tu estás tocando bajo, no guitarra”.  Eso fue hacia 1983 y fue entonces que decidí pedir un bajo prestado, lo enchufé y comencé a tocar “I’m Going Home”

Luis Sanabria

¿Estudiabas música entonces?

¡No! Pero luego estuve en la escuela Juan José Landaeta cuando estaba en Chacao y allí estuve como un año. Fue aburridísimo. Diría que mi aprendizaje ha sido más empírico. Además, el pensum me obligaba a cantar y yo sólo quería tocar. Hubo otra de la que no recuerdo el nombre pero era más informal. No había examen de admisión. Allí estaba un chamo que tocaba con Desorden Público, no recuerdo su nombre. Él y yo éramos los que hacíamos la tarea pero entonces me aburrí porque aquello nos retrasaba con respecto a los otros que sabían menos. El resto lo aprendí por cuenta propia y aunque comenzaba a leer, las bandas donde tocaba no me exigían lectura, sólo que supiera el tema. Llevo así ya 34 años.

¿Hubo algún maestro influyente?

Sí. Debo mencionar a José Ramón “Pupi” Salazar, ex integrante de Primitivos, y a Beto Ortíz quien también fue alumno de “Pupi” por influir de manera importante en mi formación. Eso fue hacia 1985.

Después de tantos años uno supone que has tocado en muchas bandas. ¿Puedes nombrar algunas?

Tenía 17 años cuando comencé a tocar en bandas. Inicialmente eran amigos más que todo para tocar “covers” en las fiestas de los panas, allí estaba José Martínez guitarrista de Toque de Queda. Luego estuve en un grupo de gaitas llamado Simanacoa (1985) Luego, más significativamente hablando, vinieron Grand Bite (1980) de heavy metal, Toque de Queda (1986) de punk rock, Banda Cromática (1992), Caracas Luna Banda (1993), Tabako (1997) de hard rock; Azotea (2002) que hacía una interesante fusión con ritmos venezolanos; Héctor Castillo Trío (2013) de blues; y Hard Blues Band desde 2014, que como bien lo indica el nombre es una banda de blues. En esa primera década del milenio también toqué con Plan 9 y Skatz. Incluso toqué con Los Impala – Henry Stephen y Rudy Márquez – en 2000

Luis Sanabria
Foto: Leonardo Bigott

¿Hay otro estilo que hayas tocado?

Bueno, sí. Te sorprendería saber que toque con Natusha, cantante de tecno merengue venezolana con quien grabé su álbum En Concierto (1996). Aunque mi nota es principalmente el hard rock, puedo tocar todos los estilos incluyendo gaita.

Tengo la impresión que un bajo Rickenbacker no es usual en el blues y eso te hace un bajista muy característico con un sonido robusto y de cierta crudeza que más se asocia al rock.

Es cierto, no es muy común. Aunque en el presente uso más el Fender Precision,  tiempo atrás usaba el Fender Jazz que grandes como Geddy Lee, Sting, Jaco Pastorious, John Paul Jones y Flea han usado.

¿Cómo es la movida callejera actual?

Esencialmente como el resto del país. No hay toques con la frecuencia que había anteriormente. Sigue siendo algo muy informal donde las bandas son con frecuencia contratadas para entretener con una paga muy baja. Por el lado musical estoy más dentro de lo underground y creo que no puedo darte una visión más precisa de cómo están las cosas. Vale acá comentar que durante ocho años di clases en una escuela llamada David Fory School y debo decir, sin duda, que aquella persona que desee hacer vida profesional en la música debe hacerlo con toda la responsabilidad del caso y si es bajista por descarte, es mejor que se retire. Lo primero es querer ser bajista y no quedar relegado.

Siento que hemos dejado algunos nombres importantes fuera de este juego. Jack Bruce por ejemplo. ¿Estás de acuerdo?

Sí. Realmente ese abanico de influencias es mucho más amplio. Cronológicamente están Paul McCartney, John Entwistle, Jack Bruce, Chris Squire, Roger Glover, Glenn Hughes, John Paul Jones, Geddy Lee, Steve Harris, Billy Sheehan…

¿Por qué te llaman Vampiro?

Resulta que tocaba en una banda llamada Plan 9 con quienes grabé el álbum Invasión  (2008), una especie de pop rock reggae. Ellos literalmente me sacaban de la cama para ensayar los domingos muy temprano. Llegaba con los ojos rojos por el trasnocho y tenía entonces cabello largo y bigotes. Cierto día uno de ellos vio el grabado de la película de Francis Ford Coppola y al verme me dijo “éste eres tú” y allí empezó todo con el sobrenombre.

Foto: Leonardo Bigott