Mattiel: el fresco rocanrol de una noche de verano

Mattiel: el fresco rocanrol de una noche de verano

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Mattiel Brown

Festival Voces Femeninas, Son Estrella Galicia

Sala 0, Palacio de Prensa, Madrid

(Julio 26, 2019)

 

Siempre hay espacio para la sorpresa en el amplio universo del rock. No es que la estadounidense Mattiel Brown esté inventando algo esencialmente distinto, sino que partiendo de sus influencias y gustos personales, se planta con una propuesta fresca, catártica, sincera y definitivamente adictiva.

Mattiel es casi una recién llegada, apenas debutó en 2017 con su homónimo disco Mattiel, luego de recuperarse de serios problemas de salud. Su pasión por la música la compartía con su labor como diseñadora gráfica, hasta que el lanzamiento del segundo álbum Satis Factory (2019, Heavenly Recordings), ha logrado que su dedicación a su rol de cantante sea casi total.

El nuevo álbum ha conllevado una gira por Norteamérica y Europa, que afortunadamente hizo escala en Madrid, gracias al Festival Voces Femeninas de Son Estrella Galicia. El público asistente disfrutó de un intenso show de Mattiel y su estupenda banda, conformada por los guitarristas Jonah Swilley y Sean Thompson y la base rítmica de Travis Murphy (bajo) y Jordan Marley (batería).

Una hora de pegadizo rocanrol

A las 21:30 hicieron su aparición en el escenario los cuatro músicos, sorprendiendo a todos con su vestimenta, que en primera instancia nos pareció una parodia de The New York Dolls, si es que cabe esa interpretación de un grupo que ya de por sí parecía ser una parodia en tiempos del glam rock. El aspecto era poco menos que hilarante, con Swilley a pecho descubierto y una especie de baby doll negro transparente, Murphy con un vestido negro y un extraño lazo en la cabeza, Marley con un pequeño top de bikini que perdió con los movimientos, y Thompson con un corto vestido rojo, malla negra, bufanda, botas y corte de pelo alineado con la era glam.

Tras el surf instrumental, entró a escena Mattiel, con la identidad masculina utilizada en el video de “Je Ne Me Connais Pas”, con el que plantea el tema del machismo dentro de los hogares. Simbólicamente, los papeles se cambiaron, pero solo en la vestimenta.

Dos potentes piezas del debut, “Send it on Over” y “Not Today” -con una melodía no muy lejana de “What you’re doing” de Beatles for Sale (1964)- dieron inicio al concierto y sirvieron para rápidamente sintonizar a todos los presentes. Sonaron más aceleradas que en el disco y esa adrenalina ya no desapareció más.

El repaso del nuevo álbum empezó con “Athlete”, un tema de cierto aroma bluesero, primera señal de la influencia de Jack White y sus proyectos, quien le ha dado la oportunidad de abrir unos cuantos conciertos y reconocido como una de las mejores nuevas propuestas. Sin pausa siguieron con la pegadiza “Heck Fire”, de espíritu new wave y en la que destaca la línea de bajo. “Me encanta España”, atinó a decir en la breve pausa antes de la fantástica “Rescue You”, con la que ya quedaba claro que el rango de influencias de Mattiel se extiende a The Pretenders, Patti Smith, Blondie, Amy Winehouse, The Black Keys, The Black Lips, Arctic Monkeys…

Je Ne Me Connais Pas”, uno de los temas centrales de Satis Factory, sonó salvaje y al mismo tiempo seductor, con Mattiel completamente en confianza. Seis canciones en apenas 20 minutos ya nos demostraban el encanto de Mattiel y su música.

El tema menos frenético fue “Millionaire” y ese ritmo a media velocidad permitió a todos lucirse, especialmente a las guitarras. Continuaron con “Food For Thought”, un tema en el que Mattiel se desenvuelve en plan cronista, casi declamando buena parte del texto. Y luego la pegadiza “Keep The Change”, una canción que atrapa sin remedio y nos hace recordar a Chrisie Hynde. Ambos son de los que conectan más directamente con los primeros 80.

Mattiel es de pocas palabras entre canciones, pero su comunicación fluye muy bien. La canción más country rock es “Blisters”, imposible de no bailar. La euforia era ya un contagio colectivo. Con ella terminó la seguidilla de ocho temas del nuevo disco, aunque ún quedaba otra, antes de la cual tocaron otro infalible temazo del debut, “Bye Bye”, antes del cual Mattiel nos retó con “¿quién quiere bailar?”.

Rendidos como estábamos ya al hedonismo danzante, nos sacudieron con “Berlin Weekend” -otra del nuevo LP- y nos olvidamos de todo. Y ellos también. Y así, sabiéndonos atrapados, tocaron “Count Your Blessing”, cuyo característico coro fue cantando a todo pulmón por cada uno de los presentes y la verdad sonó mucho mejor que la grabación del disco. Bajo y guitarras nos regalaron un segmento final tremendo. Y ya en luna de miel, escupieron ese blues rock envenenado que es “Fives and Tens”, que recuerda por igual a The Kills, The White Stripes o Led Zeppelin y al que agregaron un final apoteósico.

Dejaron las guitarras en feedback, pero ni un minuto duraron en el camerino. Nadie estaba dispuesto a moverse tras esos 50 convincentes minutos de auténtico rocanrol. No podían dejar fuera a “Whites of Their Eyes”, el cual sonó sólido. “Uno más”, dijo casi entre dientes Mattiel, mientras todos hacían un círculo con sus brazos a modo de Luna. El último regalo fue una estupenda versión del clásico de The Velvet Underground, “White Light / White Heat”, otra influencia intrínseca.

Solo hizo falta más volumen a la voz de Mattiel que en muchos segmentos del concierto lució apocada por la potencia instrumental, algo que pensábamos iba a corregirse al comienzo. A pesar de ese detalle no menor, el show fue una auténtica gozada. Del escenario bajó como un cohete para encargarse del chiringuito con merchandise y sus discos en varios formatos, entre ellos la gloriosa edición en vinilo dorado transparente del reciente álbum.

Mattiel Brown apunta lejos, tiene canciones, voz, actitud y una banda a la altura del compromiso. A juzgar por lo visto, no tardará mucho en ascender a grandes ligas.

Juan Carlos Ballesta (Texto, fotos y videos)